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Rodrigo, un ejecutor de Champions

Rodrigo y Guedes celebran el segundo gol del delantero del Valencia. / AFP PHOTO
Rodrigo y Guedes celebran el segundo gol del delantero del Valencia. / AFP PHOTO

El Valencia deja al Sevilla a 11 puntos gracias al doblete del delantero

TONI CALERO

No hay hora más mágica para jugar al fútbol que las 20:45 ni competición que se acerque, a nivel de clubes, al embrujo y la relevancia de la Champions. En esas noches baila la lona del torneo en el epicentro de los estadios, pongamos Mestalla, y los acordes de la música elevan a futbolistas, técnicos y afición a otra dimensión. El caso es que después de dos temporadas sin la posibilidad de rozar siquiera esas sensaciones, el Valencia está a un paso de volver a gozar del privilegio por un plan perfecto, el del Pizjuán, y una victoria contra el Sevilla que le ofrece todas las opciones del mundo y quizás alguna más de estar en Champions el próximo curso. Son once los puntos de ventaja sobre el quinto a falta de diez jornadas. Un abismo para este equipo que ha recuperado en las últimas semanas la seriedad y el ritmo. La contundencia. El contragolpe. Y, por qué no destacarlo, esa pizca de suerte. También.

El Valencia acudió al Pizjuán, un terreno históricamente plagado de minas, después de haberse reencontrado ante el Betis. Con el eterno rival del Sevilla como adversario, los blanquinegros cerraron la portería y estiraron la racha liguera aprovechando el bendito estado de Rodrigo Moreno y el rescate de Zaza, seco durante tres meses. Las urgencias de ayer eran para el Sevilla, dubitativo entre dos aguas: arriesgar con los titulares para aguantarle el pulso al Valencia o hacer hueco en su cabeza, en las piernas, pensando en la visita del martes al Manchester United. Y Montella quiso lo primero, agarrarse a la Liga, pero se estrelló contra un bloque que sufrió al principio y se desmelenaría poco después, aprovechando la endeblez defensiva de un rival volcado pero sin los suficientes argumentos para hacer daño.

LAS CLAVES

A la primera
Salió mejor el Sevilla, pero el Valencia acertó a la primera. El plan se hizo bueno por la efectividad arriba.
Neto y Kondogbia
El brasileño cerró la portería con una gran actuación; el francés participó en los dos goles y fue un muro.
De menos a más
El Sevilla fue perdiendo fuelle y en la recta final empezó a pensar en la visita a Old Trafford.

El encuentro entre el volátil Sevilla y el abnegado Valencia se define en la higiene mental de Rodrigo Moreno. La diferencia entre sentirse ágil y poderoso o ver la portería del tamaño de un futbolín. Rodrigo no dudó. Ni en la primera ni en la segunda. Su talento nunca fue objeto de debate, ni su zancada, pero el gol era puro fango para él. Siempre dispuesto de lunes a viernes, titular vitalicio prácticamente con todos los entrenadores, pero el fin de semana no entraban. Y ahora sí. Ayestarán se obcecó en recuperarlo y no pudo. Con Marcelino fue diferente desde el principio: el colectivo funcionaba y Rodrigo era una pieza más. En el Pizjuán marcó a la primera gracias a un control fantástico e intencionado que le dejó a las puertas de Sergio Rico. Cabeza alta, serenidad y gol. El segundo, similar, como conclusión perfecta a la búsqueda de espacios y los errores de un Sevilla con la defensa en paños menores. De nuevo mirada al frente y acabado inmejorable. Entre medias pudo hacer el tercero, pero Rico voló para mantener a su equipo en el partido.

0 Sevilla FC

Sergio Rico; Layún, Mercado, Lenglet, Escudero; Nzonzi, Banega; Sarabia (Ben Yedder, m.71), Franco Vázquez, Nolito (Correa, m.63); Muriel (Sandro, m.81)

2 Valencia CF

Neto; Gabriel Paulista, Garay, Murillo, Gayà (Lato, m.84); Coquelin, Parejo, Kondogbia (Ferrán, m.77), Guedes; Rodrigo, Zaza (Carlos Soler, m.67)

GOLES:
0-1, M.24: Rodrigo. 0-2, M.68: Rodrigo
ÁRBITRO:
Ricardo de Burgos Bengoetxea (Comité Vasco). Amonestó a los locales Escudero (m.34), Nzonzi (m.40), Mercado (m.40) y Correa (m.82), y a los visitantes Kondogbia (m.60) y Garay (m.87)
INCIDENCIAS:
Partido de la vigésima octava jornada de LaLiga Santander, disputado en el Ramón Sánchez Pizjuán ante cerca de 35.000 espectadores. Césped en perfecto estado

Hablar de líderes en el Valencia sin referirse a Kondogbia es un atrevimiento que no ocurrirá. No sólo originó los dos tantos de Rodrigo, sino que derrotó a su igual, N'Zonzi, y sujetó a Banega. El francés, nivel Champions, cuajó una actuación sobresaliente en el Pizjuán, su casa cuando apenas tenía veinte años. Fue tan abrumadora su superioridad en el centro del campo que, cuando se marchó del campo lesionado, la grada aplaudió lo que antes silbaba. Dentro del trabajo coral y la exigencia que supuso pasar por encima del Sevilla, Neto fue otro indiscutible cabeza de cartel. Antes del 0-1, el brasileño respondió al latigazo del 'Mudo' Vázquez y todavía durante la primera mitad sacaría una mano soberbia al tiro al primer palo de Sarabia. Neto mantuvo el arco a cero y esta vez fue responsable absoluto de ello.

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Montella había sido mucho más directo en la alineación (Muriel, Banega, Vázquez o Sarabia) que el sorprendente Marcelino. Quedaban pocas dudas de su escasa confianza en los hombres del lateral derecho y ayer metió a Gabriel Paulista en esa posición, dejando a Montoya y Vezo en el banquillo y a Nacho Vidal en Valencia. El plan era el plan, y el éxito del mismo se valoraría al final, pero Paulista se metió en más de un lío en los instantes iniciales. Mejoró el brasileño porque Marcelino corregía continuamente a Garay para que echara una mano al lateral derecho. La defensa iba cerrando puertas pero no pudo evitar el larguerazo de Muriel justo antes del descanso.

Una posesión escasa

El Valencia se fue a la caseta con el gol de ventaja y la convicción de estar plasmando su idea sobre el césped. Con una posesión de balón escasa (no llegó al 40%), pero Coquelin multiplicándose en las ayudas e iniciando los contragolpes. Zaza no estuvo acertado y Guedes, que en la primera parte fue un islote y acabó entrando en juego aún sin demasiado 'punch', parecían menos conectados al duelo que el resto de sus compañeros. Tocaba confiar en que el esfuerzo atrás diera para arruinar las ocasiones del Sevilla y volver a disfrutar de una ocasión tan clara que envolviera los tres puntos en papel de regalo. Llegó con esa carrera solitaria de Rodrigo. Y entonces sí, Montella echó cuentas, vio perdida la partida y movió a sus hombres de cara al encuentro en Old Trafford.

Llevaba el Valencia catorce largos años sin asaltar el Sánchez Pizjuán y ayer se quitó esa losa y los complejos. Los únicos puntos negros fueron los contratiempos finales de Kongobia, Gayà y Guedes, pero en las semanas limpias ha encontrado Marcelino el escape idóneo para convertirse, otra vez, en una máquina bien engrasada. Ganadora. Desde que el calendario se aligeró a principios de febrero, el Valencia ha ganado cinco partidos y sólo se dejó el empate en San Mamés. Una trayectoria que le deja a las puertas de la Champions.

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