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Bronco y copero

Rodrigo trata de tocar el balón en un rondo durante el entrenamiento de ayer. / jesús signes
Rodrigo trata de tocar el balón en un rondo durante el entrenamiento de ayer. / jesús signes

Un partido con la necesidad de remontar el 1-0 y con muchas cuentas pendientes | El Valencia, con la idea de Marcelino de hacer menos rotaciones, debe demostrar su mejoría frente al rival más duro e incómodo de Primera

J. CARLOS VALLDECABRES

valencia. Escarbaba José Ricardo March en las páginas de este periódico el 22 de octubre pasado sobre el origen de los apelativos 'bronco' y 'copero' que durante muchos años han llenado de cierto orgullo a los aficionados del Valencia, sobre todo a aquellos que hoy ya disfrutan de la madurez de la vida. Eduardo Teus, un exportero del Real Madrid y cronista del periódico 'Marca', quiso pellizcar con ácida intención en 1941 el espíritu valencianista cuando en un amistoso en Chamartín (2-3), los tacos de las botas de los blanquinegros asomaron -según su criterio- más de la cuenta. A aquel intencionado artículo que hablaba con cierto menosprecio del estilo copero del Valencia le seguiría después la aportación de Manuel Gómez Domingo 'Rienzi', periodista valenciano y residente en la capital, que puso la semilla definitiva para ese doble sello que metafóricamente marcaría durante bastantes décadas la particular idiosincrasia del equipo de Mestalla.

A Peter Lim este tipo de historietas le sonarán a chino. Como dueño del Valencia ya le dejó claro a Marcelino en su momento que lo que importa es la Liga, colarse en definitiva en la Liga de Campeones: más prestigio, más ingresos, menos ventas en verano, etc. Pero para la afición, este tipo de asuntos -por desgracia a veces- quedan bastante lejanos. Para los que se extasiaron en La Cartuja de Sevilla en 1999 y los que disfrutaron en 2008 en el Vicente Calderón, los continuos desfases de Meriton en los balances les importa en estos momentos bien poco. Lo que de verdad quiere la afición del Valencia es volverse a ilusionar.

Por eso es imprescindible que esta noche en Mestalla se dé la simbiosis perfecta: que el público se vuelque y empuje como siempre lo hace (no hay ninguna duda de ello); que Marcelino alinee a sus futbolistas más potentes (ya advirtió ayer que hará menos rotaciones); que los jugadores continúen con esa buena línea que demostraron contra el Villarreal; que no se confunda la rapidez de ideas y movimientos con la precipitación de querer darle la vuelta al 1-0 en la primera parte; que haya un poco de suerte cara a puerta; que el Getafe no siga alimentando esa leyenda de ser el equipo que más faltas y más interrupciones hace; que el árbitro y sus ayudantes no miren para otra parte cuando Damián Suárez dé un pisotón (véase Kang In) o se líe a mamporros (que le pregunten a Gayà y Andreas Pereira); que nadie de ninguno de los dos banquillos se dirija al contrario haciendo gestos de 'llorón' al rival (como sí hizo un miembro del Getafe en la ida hacia Marcelino); que Arambarri no esté a punto de destrozarle el tobillo a nadie (Gameiro es duda y habrá que esperar a la lista esta mañana para saber si entra); y que la defensa blanquinegra cierre su portería como ha hecho en 10 de los 32 partidos que ya ha disputado esta temporada.

Una semifinal bien vale la pena el esfuerzo, y más ésta con tantas cuentas pendientes dentro del terreno de juego como fuera. Marcelino y Bordalás van camino de convertirse en enemigos íntimos. Un saludo entre ambos al principio del partido sería sin duda la noticia. Lo previsible, en cambio, es que el asturiano salga por el túnel y se meta en el banquillo con el partido ya comenzado para evitar el protocolo hipócrita. Lo que pase después es toda una incógnita.

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