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Alemany, acorralado

Alemany, acorralado

En medio del juicio popular a Murthy, el mallorquín puede vivir hoy su último partido como ejecutivo, tras quedarse sin galones y sin gente de confianza

J. CARLOS VALLDECABRESVALENCIA.

Si para Albert Celades el de hoy va a ser un partido especial por su estreno en Mestalla, para Mateo Alemany todavía tiene la tarde un significado mucho más singular pero en sentido contrario. Es probable que sea la última vez que el director general se siente en el palco (siempre ocupa la misma fila que el resto de consejeros). Lo que está por ver es si gesticulará como siempre con los goles y decisiones arbitrales o si, en cambio, ya ha perdido las ganas de remar contracorriente. Él, que precisamente fue el primero que avisó el mismo día que se hizo oficial su nombramiento en la casa blanquinegra que «quien no reme en la misma dirección no estará en este proyecto», se encuentra ahora en su particular vía muerta.

Peter Lim le ha acorralado por completo (primero cercenó a Marcelino y después a Pablo Longoria) y su caída definitiva es mera cuestión de afinarla en el calendario. Con el trabajo de temporada ya hecho, a Peter Lim lo único que le preocupa ahora es encontrar a la persona idónea para que empiece a planificar no sólo la próxima temporada sino para que arregle los desajustes dentro de tres meses, en el mercado de invierno. Se apunta, entre otros, opciones como Luis Fernández y Robert Fernández, pero Meriton casi siempre sorprende escogiendo posibilidades alejadas de las habituales quinielas periodísticas. Robert, por ejemplo, tiene sobrada experiencia y ofrece un talento siempre conciliador y reflexivo pero se desconoce con certeza -otra cosa es lo que se intuye- quién es realmente el que asesora en Singapur. A Alemany, por ejemplo, le barnizó el terreno Javier Tebas.

El mallorquín llegó con todos los galones posibles y algo más de dos años después sólo le queda en el pecho la mención de honor al mérito deportivo. «Soy el primer ejecutivo del club. Asumo la máxima responsabilidad». Para eso, en teoría, se le paga por ahora. De ahí que ya no tenga sentido sostener mucho tiempo más esta situación. En Londres, por ejemplo, paseaba tranquilo con Longoria a la misma hora que el juvenil se medía al Chelsea, donde sí fue Murthy. Al presidente le toca la tarea de soportar ese habitual momento crítico que con cierta periodicidad se produce en Mestalla hacia Meriton y sus decisiones. A Alemany y a Longoria los cientos de aficionados valencianistas les aplaudieron cuando pasaron cerca de ellos en la esquina de Stamford Bridge. Hoy se puede volver a repetir la escena, en claro contraste con la acidez que hay hacia el presidente, muy necesitado de restaurar su imagen popular. «Es bueno que la afición proteste», decía curiosamente en su día Alemany.