Los turistas de sofá llegan a Valencia

Los turistas de sofá llegan a Valencia

¿Opción alternativa o competencia desleal?, 21.500 personas ofrecen alojamiento gratis | Con posibles pagos bajo mano y sin pedir el DNI, esta forma de hospedaje se hace hueco entre hoteles y apartamentos

MAR GUADALAJARA

En Taiwán también se van de tapas. María lo descubrió durante su paso por Oslo el año pasado. También comprobó que se puede dar la vuelta al mundo en bicicleta y entendió un poco más de Kazajistán y su controvertida situación política e internacional. Conoció de cerca la dura historia de Zarek, un joven polaco que lo había dejado todo, esposa e hijo recién nacido, en busca de una oportunidad. Y todo en apenas dos noches y sin moverse del apartamento de aquel extraño pero inofensivo anciano noruego que les acogió a cambio de una botella de Vodka.

De Copenhague hasta Oslo, pasando por Estocolmo, durmiendo de sofá en sofá viajaron María y Ruth. «Lo hicimos por primera vez en Estocolmo, donde nos acogió una señora que había viajado por todo el mundo, fue una experiencia increíble y por eso decidimos repetir, después conocimos al kazajo que trabajaba en la ONU y al americano que viajaba en bici, haciendo autoestop», relata María sin poder evitar sonreír mientras recuerda.

Las reglas del 'Couchsurfing' son sencillas, al menos en la teoría. Es una red social en la que creas un perfil pero en lugar de postear las fotos de las vacaciones, ofreces un sofá, una cama o un techo donde dormir por unos días, sin recibir ni un céntimo a cambio. Se plantea como un intercambio, como el que obtuvo Inés. «Quería practicar un idioma, así me decidí ha hacerlo y me fui a Francia, la experiencia fue muy positiva», dice la joven que ahora comparte su propia cama y ya ha alojado a cuatro chicas.

La plataforma obliga a pagar para poder interactuar con el resto de usuarios registrados

En Valencia hay 21.537 personas que, como Inés, acogen a visitantes. Esta forma de viajar se abre paso entre los apartamentos, que ya cuentan con 16.053 plazas, y los hoteles, con 38.715. Donde unos ven una forma de viajar y tener nuevas experiencias, otros ven a un nuevo competidor que entra en escena.

Surgió como iniciativa altruista para poner en contacto a quienes huyen del turismo convencional y buscan una inmersión cultural. Pero la plataforma no ha estado exenta de polémicas. Con su salida a Bolsa perdió su esencia. Ahora ponen límite a los mensajes que puedes enviar a través de ella y los usuarios están vendidos: o dan todos sus datos personales o pagan una cantidad superior a 50 euros. Así funciona. Su papel es el de intermediarios, pero nunca se harán responsables de lo que ocurra entre usuarios. «¿Quién es el responsable? Si te generan un daño, ya sea material o físico, aunque reclames ellos jamás se harán responsables, van a decir que son intermediarios que ponen en contacto a gente y el usuario no puede reclamar. Hablamos de un problema de responsabilidad», explica Julio Tío, responsable de información de la Asociación Valenciana de Consumidores y Usuarios (AVACU ) quien señala que siempre existen intereses, ya sea «en nuestros datos o en el teléfono, buscan acceder a nuestros contactos, en este caso no sé dónde estará exactamente el beneficio, tal vez les interesen nuestros datos, pero claro que existen intereses pese a dar la imagen altruista y de una plataforma colaborativa y gratuita, los hay».

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Un acuerdo verbal basado en la confianza mutua. Ese es el único contrato que establecen los viajeros que «surfean sofás». Pero el negocio puede llegar después. Algunos de los «anfitriones», como se les llama en la aplicación, tras aceptar a un viajero que busca donde pasar un par de noches, podrían estar pidiendo dinero bajo mano. «Este tipo de plataformas bajo el pretexto de un intercambio cultural pretenden prestar alojamientos gratuitos pero sabemos que a algunas personas tras el acuerdo, intentan tener algún tipo de recompensa económica», denuncia Vicente Inglada, secretario de la Unión de Consumidores de la Comunidad Valenciana.

Resulta imposible comprobar si estas prácticas fraudulentas son generalizadas. En España ya hay más de 686.565 personas que acogen de esta manera a turistas, y es una comunidad internacional de 12 millones de personas en más de 200.000 ciudades en todo el mundo.

«Al llegar a la casa y conocer al anfitrión me sentí muy incómoda, la casa estaba hecha un desastre y él era un poco raro. A la mañana siguiente decidí marcharme, porque no estaba a gusto, aunque no pasó nada y tampoco tuve miedo» Inés, viajera

Inés viajaba sola. Intentó, sin éxito, que fuera una mujer quien le acogiera durante su semana en Burdeos. Varios chicos le habían contactado ya a través de la aplicación y viendo que se acercaba la noche, tuvo que asumir que tendría que hospedarse con alguno de ellos. «Al llegar a la casa y conocer al anfitrión me sentí muy incómoda, la casa estaba hecha un desastre y él era un poco raro. A la mañana siguiente decidí marcharme, porque no estaba a gusto, aunque no pasó nada y tampoco tuve miedo», comenta. Conoció a otro chico que la acogió en su apartamento, «me prestó una habitación para mi, no tuve que estar en el sofá y la casa era muy acogedora, además fue muy amable, fuimos a visitar la ciudad juntos y me hizo de guía».

Inés querría que más mujeres acogieran a otras en sus casas. La seguridad otro de los obstáculos. La identificación no es obligatoria y crear un perfil falso en 'Couchsurfing' resulta tan sencillo como en cualquier otra red social. «Sean verídicos o no, el problema de la seguridad personal y física sigue en juego, al final nos estamos basando en la confianza que te puedan transmitir unos comentarios o una charla previa con la persona», explica el secretario de la Unión de Consumidores desde la que aseguran, «estos intercambios pueden ser peligrosos, si no hay un contrato formal, no lo recomendaríamos desde el punto de vista del usuario porque pierde todos sus derechos y se pueden ver desprotegidos», zanja.

En la balanza del 'Couchsurfing' cada uno decide que es lo que pesa más. A contracorriente viajan quienes lo toman como una forma alternativa de vivir la experiencia que supone conocer otro lugar. Son los que mantienen vivo el espíritu del 'Couchsurfing' y se sitúa muy lejanos a ser posibles clientes de establecimientos hoteleros. «Se reduce a vivir una experiencia que vaya más allá y no creo que quite clientes a nadie, ni a los hoteles ni a los apartamentos, porque no puedo pasarme una semana entera en un 'Couchsurfing', hay muy poca gente que hospede tanto tiempo. Creo que es un tipo de turismo que no busca ahorrar dinero sino la aventura de conocer a gente, como parte de tu camino o de tu viaje, es compartir tiempo con otras personas y disfrutar al máximo», se sincera María.

Experiencias

Raquel Ayala: «Compartir mi casa con viajeros me ha cambiado la vida»

Desde Uruguay llegó a Valencia cuando tenía 19 años. «Tuve suerte, una familia confió en mí y me acogió», relata sentada en el sofá que ahora ofrece ella a cambio de «practicar inglés, conocerlos, hacer amigos y pasar un tiempo con ellos», explica. Ahora es abogada pero aunque vive sola, nunca lo está. Cada semana recibe a turistas y viajeros a los que aloja en su casa.

«He recuperado la confianza con la gente, mi vida ha cambiado mucho desde que empecé a compartir mi habitación con turistas, me hace sentir libre, porque el materialismo sin querer te ahoga, antes tenía el sentido de la pertenencia muy fuerte porque siempre pensamos en lo que es nuestro, pero ahora soy feliz compartiendo para que otros lo disfruten», se sincera. Empezó el verano pasado cuando le hablaron de ello, comenzó acogiendo y después decidió ponerlo en práctica. Así ya ha recorrido más de cinco ciudades europeas y mantiene amistades en algunas de ellas. Raquel antes era incapaz de pronunciar una sola palabra en inglés y ahora lo habla de forma fluida, «siempre es más lo que recibo que lo que doy, me llevo muchas experiencias, ahora hago un viaje cada mes y aunque me lo pueda permitir un hotel, lo prefiero».

Isaac Lozano: «Me han dejado tirado muchas veces»

Si hay un comentario o una referencia negativa, desconfía; esa es la recomendación de Isaac, que descubrió el 'Couchsurfing' a través de su hermano. Él ha viajado así, pero sobre todo, ofrece alojamiento a través de la plataforma. «Me permite viajar sin moverme de casa, me despeja cuando llego de trabajar, poder hablar de otras cosas y que me cuenten anécdotas o practicar otros idiomas, es una forma de ganar en experiencias», comenta el joven que trabaja como profesor de educación física en el colegio Sagrado Corazón.

Isaac tiene su propio estilo en el arte del 'Couchsurfing'. «Ofrezco lo mínimo, en el anuncio público un sofá, advierto de que tengo perro y gato y que no vivo en el centro. Si aún así quieren venir, perfecto. Después, una vez en casa, hablo con ellos y ya les ofrezco la habitación», explica y también hace un balance: «de los que he alojado el 90% han sido experiencias buenas o muy buenas, aunque siempre hay gente más rarita o con la que no acabas de encajar». Sin embargo reconoce que, «me han dejado tirado muchas veces, pero creo que la experiencia vale la pena, yo lo recomiendo pero con cabeza, es mejor dejar todas las condiciones habladas previamente».