Sociópolis, un barrio valenciano en venta

Las dos fincas sin terminar desde 2011, que son propiedad de la Conselleria de Obras Públicas. / Damián Torres
Las dos fincas sin terminar desde 2011, que son propiedad de la Conselleria de Obras Públicas. / Damián Torres

La zona residencial sigue aislada, sin servicios básicos ni transporte público | El proyecto impulsado por la Generalitat se mantiene en el olvido mientras vecinos y propietarios piden que se fomente la inversión

MAR GUADALAJARAVALENCIA.

En carteles, pintado sobre ladrillos con spray, en grandes vallas que asoman a la carretera o en pequeños folletos; las palabras 'Se vende' están por todas partes, como si fueran la seña de identidad del barrio, uno al que llegaron miradas internacionales aguardando con expectación. De los edificios candidatos a ser expuestos en el Moma de Nueva York al nuevo eslogan -al que siempre le sigue un número de teléfono- han pasado más de trece años. Pero Sociópolis no tiene cualquier precio.

Edificios altos, algunos sin acabar, grandes aceras nuevas, jardines bien cuidados y árboles que ya dan sombra a los bancos, junto a parcelas abandonadas, matorrales que ocupan los pasos de peatones y bajos comerciales tapiados con ladrillos. En este lugar en el que reina la tranquilidad, cabe todo, hasta un huerto urbano.

Los barrios de Valencia donde más ha subido el precio de la vivienda de segunda mano

D. Torres

«Parece que no haya nadie pero sí que hay más inquilinos», comenta Carlos tratando de frenar a su perro. Son poco más de 200 las personas que viven en un Sociópolis de calles desiertas. «Mucha gente de la Torre venimos a pasear por aquí porque los jardines son nuevos y es muy tranquilo», añade.

Los servicios de limpieza municipales trabajan en su territorio, que contrasta con las parcelas privadas. La mayoría están sin edificar y se encuentran en un auténtico estado de abandono. Las malas hierbas y matorrales llegan a los pasos peatonales. Aunque ya hay quien les ha echado el ojo y no precisamente para comprarlas. «Están hechas un desastre, son un foco de porquería pero es que, además, ya ha habido incidentes graves y es peligroso porque unos chavales prendieron fuego a una de éstas y tuvieron que venir los bomberos. Es muy peligroso», explica Jorge.

Ciudad abierta
El proyecto nació con el objetivo de crear un espacio sostenibles y en el que pudiera convivir la tradicional huerta junto a altos edificios.
Situación económica
En el momento álgido de la burbuja innmobiliaria se concibió con la excusa de la escasez de viviendas asequibles.
Un proyecto fallido
Con la llegada de la crisis la contrucción quedó paralizada.

La falta de inversión está ahogando al barrio. «Además de la tienda pequeñita que no viene mal por si tienes alguna falta puntual, acaban de abrir esta semana una especie de bar-cafetería y horno», dice Pilar. Ella es propietaria de un piso en una de las torres. «Normalmente voy a comprar a Alfafar porque es más cómodo. Para todo necesitas coger el coche», dice agachando la mirada, resignada.

Accediendo desde la ciudad por la Cruz Cubierta, se tarda el mismo tiempo si se realiza el trayecto caminando que en autobús. Las líneas 9 y 27 de la EMT hacen una parada en la Avenida Real de Madrid, la carretera de entrada y salida de la ciudad. «No entra el autobús porque nos han dicho que no somos rentables, realmente es desviarse durante un tramo muy corto y, después, podría continuar la ruta», dice Pilar encogiéndose de hombros. «Si no tienes coche, no puedes hacer nada. Ahora no me preocupa pero no sé qué vamos a hacer cuando los niños sean más mayores y empiecen a salir solos», añade.

El 20% de viviendas

Del complejo urbanístico planteado por la Generalitat tan sólo se ha construido el 22% de las 2.800 viviendas proyectadas. Hace poco más de un año, la Conselleria de Obras Públicas reactivó la urbanización de este barrio, lo que supuso una inversión de 1,5 millones.

Sin embargo, los vecinos de Sociópolis creen que aún se podría mejorar. «Nos dijeron que tendríamos terminado pronto el polideportivo y aún está a medio hacer. También prometieron un ambulatorio, pero tampoco sabemos nada de esto», comenta Pilar.

La demanda de vivienda ha caído en picado. Incluso aquellos que firmaron la compra, ahora tratan de deshacerse de la propiedad. «Yo lo estoy alquilando a unas chicas jóvenes que son estudiantes, pero si sale un comprador, no me lo pienso», dice Ramón, vecino de La Torre que decidió comprar «pensando en mis hijos pero es que esto está muerto, ojalá promocionaran la inversión». El precio medio de la vivienda de obra nueva está alrededor de los 160.000 euros, «no son caros», apostilla. Aunque la mayoría son «bastante pequeños», ya que fueron pensados como viviendas protegidas.

Luis observa con las manos entrelazadas en la espalda, recordando lo que podría haber sido y lo que fue. Empieza a su relato con esa sonada frase, demoledora: «Todo esto era huerta».

«Esto era antes una entrada muy importante a la ciudad de Valencia para la gente que venía de Madrid y del interior. Ahora mira en lo que se ha convertido. Con lo cerca que estuvieron de convertir esto en algo importante, da pena», detalla mientras se coloca la gorra.

La mayoría de terrenos pertenecían a agricultores de la pedanía de La Torre. «Se hicieron de oro, pero perdimos parte de nuestro patrimonio», dice Luis. Confiesa que él ha leído el libro Sociópolis: proyecto para un hábitat solidario', del arquitecto valenciano Vicente Guallart. «Era una propuesta preciosa. Espero que se pueda recuperar o, al menos, que esto no se vaya a pique».