Pescaderías sin relevo en el Mercado Central de Valencia

Puestos de pescadería vacíos en el Mercado Central. /Irene Marsilla
Puestos de pescadería vacíos en el Mercado Central. / Irene Marsilla

Uno de cada tres puestos en el mercado está vacío por falta de nuevos tenderos | La ausencia de cambio generacional, junto a un producto perecedero y difícil de tratar, son las principales causas de la caída de un oficio tradicional de calidad

PAULA NIETOValencia

Suenan las sirenas y saltan las alarmas: el oficio de vendedor de pescado poco a poco parece tender a la desaparición. De los 54 puestos que tiene la zona de pescadería del Mercado Central, 17 se encuentran actualmente vacíos. Una tercera parte del espacio queda desocupada, algo que inquieta a los tenderos y a aquellos que con su fidelidad diaria mantienen una importante tradición que sustenta parte de la cultura gastronómica del territorio valenciano.

El problema principal es el inexistente relevo generacional que sufre la profesión. Vicente, que posee una parada de pescadería en el Mercado Central, asegura que «el cambio generacional es posible si el negocio funciona. Si no es así, la gente huye de quedarse con algo que no da los beneficios suficientes para sumir los gastos que genera». Y el negocio no funciona como debería por la «pérdida de ventas», según declara Manuel, que añade que aguantan «los cuatro que tenemos la edad y que llevamos toda la vida». Los gastos se disparan por el precio del producto y la gran cantidad de hielo que se necesita para mantener el género fresco. Además, en muchas ocasiones los ingresos no cubren todos los costes.

El módulo de pescadería tiene 17 locales sin ocupar de los 54 disponibles

Los clientes dejan que se pierda una de las tradiciones que más caracteriza a los puertos de la costa valenciana. Los nuevos ritmos de vida impulsan el olvido de ese trato especial que recibe el consumidor en su mercado de toda la vida y que difícilmente encuentra en otro lugar. Como afirma Noelia, trabajadora de una de las paradas afectadas, comprar en el Mercado asegura a sus clientes que se llevan a casa «pescado fresco y de buena calidad».

Sin embargo, los pescaderos se encuentran día a día con los obstáculos propios del oficio. Un producto de calidad aunque perecedero y con altos precios, mucha humedad, frío y continuos madrugones. Sin embargo, todo ello se resume en vocación, que es lo que tiene Gaspar, al que le encanta trabajar y manipular con cuidado el producto. Este vendedor de pescado en el Mercado Central lamenta el poco valor que se le da a un oficio que antes pasaba de padres a hijos y que ahora se queda sin descendencia.

Irene Marsilla

Los trabajadores se jubilan y los puestos se van quedando vacíos. Buscan soluciones pero no encuentran alternativas que les ayude contra una caída cuya salvación está en manos del cliente, que tiene que volver a valorar la labor del pescadero y el inigualable producto que se le ofrece en los mercados de toda la vida. Como dice Noelia: «hay que hacerse a la idea de volver al Mercado Central».

Los testimonios

Vicente, pescadero en el Mercado Central:
«El tipo de perfil de cliente ha cambiado totalmente, no es el típico que venía a comprar exclusivamente género fresco»
Manuel, trabajador en una parada:
«La generación siguiente no quiere seguir. Estamos aguantando los cautro que tenemos la edad y que llevamos aquí toda la vida»
Rosario, dueña de un puesto:
«Pescadería es muy pesado. Te tienes que levantar pronto, hay humedad, frío y mucho gasto. Además es un producto perecedero»
Noelia, pescadera del mercado:
«Aquí hay pescado fresco y género de muy buena calidad. Hay que hacerse a la idea de volver a comprar en el Mercado Central»
Gaspar, trabajador de una parada:
«Es vocación. Llevo toda la vida pescando. Me encanta trabajar y manipular el producto. Veo que se valora muy poco esta profesión»

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