Las actuaciones de Casa Caridad con los necesitados vuelven a cifras de la crisis

El comedor de la asociación sobrepasa a diario su aforo y la precariedad se ceba con los jóvenes y con familias de inmigrantes

José Molins
JOSÉ MOLINSValencia

Los peores años de la crisis económica ya pasaron y la Comunitat va recuperándose, pero esta dinámica no se nota con los más desfavorecidos. Incluso está aumentando el número de personas en riesgo de exclusión social y en los márgenes de la pobreza. Casa Caridad alerta de una realidad preocupante en Valencia, ya que la asociación registró el año pasado su cifra más alta de atenciones desde 2014. Además, su comedor incrementa mes a mes el número de asistentes y en lo que llevamos de 2019 hay muchos días que se superan las 350 personas, cuando la capacidad del recinto es de doscientas. Si aumenta esta cifra, la asociación admite que tomará medidas de seguridad para evitar los problemas que hubo en 2009, cuando llegaron a 640 comidas.

Con esta saturación, Casa Caridad ha doblado sus esfuerzos con sus trabajadores y voluntarios para asistir a todos los necesitados, pero la Generalitat ha recortado la subvención a esta asociación en unos 100.000 euros, y actualmente aporta 360.000 de los más de 4,7 millones que tiene de presupuesto la ONG valenciana. Sin embargo, el Ayuntamiento ha incrementado sus ayudas hasta los 900.000 euros.

En total fueron 435.802 intervenciones el año pasado, lo que supone un 7,6% más que en 2017. Casa Caridad avisa de la creciente llegada a Valencia de familias con menores en situación de protección internacional, según explicó su presidente, Luis Miralles. Las decisiones de países como Italia de no acoger inmigrantes ha provocado que muchos extranjeros acaben aquí, y de hecho suponen el 77% de las personas que van al comedor de la asociación. En apenas dos años la llegada de familias enteras ha aumentado un 150%. «Hay que tener en cuenta que es gente que en su país tenía trabajo y de golpe lo pierden y se ven en la calle. Vienen para comenzar una nueva vida. Se consigue integrarlos, no es fácil pero logramos que personas desesperadas tengan un futuro mejor», expresa Miralles.

La entidad admite que si el local pasa de 350 asistentes deberá tomar medidas de seguridad

Además, crece la asistencia a jóvenes de entre 18 y 30 años, que han doblado su presencia en el comedor en 2017 y triplicado las cifras de 2014. «Llegan muchos jóvenes extranjeros solos, necesitan formación, tutelaje, vienen de otra cultura y están muy perdidos. Les damos clases de castellano, pero tienen perfiles muy diversos y es importante coordinar los servicios con las instituciones», indica Cristina Sánchez, responsable de trabajo social de Casa Caridad. Este perfil representa el 22% de los atendidos en 2018. Y una de cada diez personas en riesgo de exclusión es menor de 18 años.

No obstante, los problemas se ceban con personas en edades entre 50 y 65 años, parados de larga duración, que suponen más del 50% de los que requieren ayuda. En total, durante el año pasado se repartieron 327.741 raciones de alimentos, un 8,4% más que en 2017 y se registraron 44.363 pernoctaciones, un 6,8% más. La entidad benéfica cuenta con 70 empleados, 251 voluntarios y tres centros para atender a los necesitados, que en los últimos meses en su mayoría son inmigrantes.

Los albergues que tiene la asociación en la Petxina y Benicalap registraron una ocupación del 100%, con 44.363 pernoctaciones, y un reparto diario de unas 1.000 raciones de alimentos entre desayunos, almuerzos y cenas. Casa Caridad tiene un límite de 159 plazas para dormir diariamente en sus albergues, aunque Miralles destaca: «Nunca hemos puesto a nadie en la calle. Lo normal es que pasen entre tres y seis meses, pero hay quien está uno o dos años. Nadie sale del albergue sin una solución».

Pero no sólo se trata de ofrecer una cama en un albergue o dar la comida. La asociación se ocupa de la atención de los necesitados a todos los niveles y los trabajadores sociales tratan de detectar los problemas de cada persona para ofrecerle el apoyo más eficaz. «Hablamos con ellos, estudiamos cada caso para ver si necesitan servicios de higiene, trámites de empadronamiento, tarjeta sanitaria, documentación, si tiene derecho a prestación, si tiene un problema mental, físico, son ayudados a cualquier trámite», explica Sánchez. Trabajan coordinados con hospitales e instituciones para ayudar a enfermos solos, especialmente mayores sin familiares o niños.

La Generalitat recorta la subvención en unos cien mil euros pero el Ayuntamiento la aumenta

La organización valenciana ha puesto en marcha el proyecto Fénix, una vivienda supervisada en la que conviven cuatro personas y que supone «la pista de despegue» para su reinserción. Hasta el momento han pasado nueve usuarios y cinco de ellos ya han «rehecho su vida con éxito», según la gerente de Casa Caridad, Guadalupe Ferrer.