La calle desaparecida del centro de Valencia

Antigua y desaparecida calle Zaragoza de Valencia./Archivo Fundación Goerlich
Antigua y desaparecida calle Zaragoza de Valencia. / Archivo Fundación Goerlich

Bajo el Miguelete se encontraba una zona de tiendas exclusivas y vías estrechas con paso del tranvía

Jaume Lita
JAUME LITA

Una calle estrecha pero con mucha vida. Situada en pleno centro de la ciudad de Valencia, la vía conocida como Zaragoza unía la distancia entre las plazas de Santa Catalina y la del Micalet. En 1970 se abría al público la actual plaza de la Reina, enclave de paso hoy en día y que pronto vivirá una nueva modificación urbanística.

Lejos de la idea de que se trataba de una zona degrada, la calle Zaragoza representaba la vía comercial del centro de Valencia. Tiendas como joyerías exquisitas y bazares de todo tipo abiertos en una calle adoquinada en la que de tanto en tanto vivía el paso del tranvía.

Mª Ángeles Arazo detallaba, en un artículo publicado en LAS PROVINCIAS en noviembre de 2006, la actividad que acogía la ya desaparecida calle Zaragoza: «Los muebles de Casa Janini, delegada en Valencia de la austriaca Konn, los abanicos de Colomina, que llegaron a emplear piel de cabritilla, puntillas de Brusela y plumas de marabú, destacaban junto a los escaparates de joyerías exquisitas. Frank Göerlich, comerciante austriaco, establecido también en la citada calle, importaba cristal de Bohemia, porcelanas, objetos de decoración y publicaciones como Wiener Ilustrierte y Moderne Kunst, que buscaban profesionales de la arquitectura. Fue quien impulsó la construcción del primer pasaje comercial cubierto en el interior de una manzana de viviendas: el Pasaje Giner, que hoy a pesar de múltiples intervenciones, perdura. Las señoras eran fieles a El Buen Tono, la perfumería datada en 1880, decorada con dos placas de escayola de acentuado modernismo francés: L'Eté y L'Hiver, que ofrecía borlas de plumón de cisne para empolvarse la nariz y las mejillas.

La confitería Burriel, la Casa del Aluminio, el Bazar Giner con todos los juguetes que un niño puede soñar; los Almacenes España que instalaron una gran jaula con pájaros exóticos; Las Columnas donde las señoras aprendían a tejer tapices y alfombras, son nombres que perduran como El Dulivio (paraguas, carteras y abanicos) frente al Miguelete.

Calle también con atracción cultural; allí abrió sus puertas Casa Nicolás, dedicada a artículos de Bellas Artes, de donde saldría para independizarse Luis Viguer, hoy en la cuarta generación, en la calle de la Corretgería. Y no olvidemos la librería Chiriella, que se especializó en cuentos infantiles y catecismos, ni la papelería Matías Real, la de los mapas mudos de España, los punteros, las pizarras de hule y la tiza».

1: Original plaza de la Reina. 2: plaza de la Reina tras los primeros derribos. 3: mapa de las calles derribadas. / Archivo Fundación Goerlich

La plaza de la Reina ya existía por aquel entonces. Un pequeño triángulo de extensión para unir la calle de la Paz, la calle del Mar y la calle San Vicente. A partir de ella nacía la calle Campaneros, otra de las vías que desapareció con la reforma y que hoy en día se corresponde con la fachada derecha de la plaza si la contemplamos desde la calle San Vicente. Entre la calle Campaneros y la de Zaragoza se encontraban dos estrechas calles que servía de unión entre las dos paralelas.

Si por la fachada izquierda llega a la plaza la calle Corretgería y por la derecha se encuentra la calle Cabillers, la unión entre ambas era la calle de la Puñalería, mientras que la calle Borriol se encontraba casi en la zona central de la actual céntrica plaza.

En 1931 se iniciaron los derribos de estas fincas. Los trabajos no fueron rápidos, se alargaron hasta la década de los 60 por diversos conflictos con los propietarios de las fincas a derribar. En 1970 se estrenó esta nueva plaza de Valencia, más amplia. El primer nombre fue plaza de la Reina, pero se modificó a plaza Zaragoza hasta el último cambio a la nomenclatura actual de plaza de la Reina. En 1973 y 1976 este enclave de la ciudad acogió la Ofrenda de flores de la Virgen de los Desamparados durante las Fallas de Valencia, dado que la plaza de la Virgen estaba en diversas obras.

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