«Que no entre nadie o lo pagará caro Verónica»

Alberto José P., ayer, en el banquillo de los acusados. / jesús signes
Alberto José P., ayer, en el banquillo de los acusados. / jesús signes

El hombre que se atrincheró en casa de su exnovia en Requena sólo cumplirá tres años de cárcel tras un acuerdo de conformidad | El maltratador reconoce que cometió seis delitos, evita el juicio con jurado popular y consigue una reducción de su condena de prisión

JAVIER MARTÍNEZ * JMARTINEZ@LASPROVINCIAS.ES

El maltratador que se atrincheró cuatros horas en casa de su exnovia en Requena tras incumplir una orden de alejamiento y amenazarla con un cuchillo, Alberto José P. P., aceptó ayer una pena de cinco años y tres meses de prisión tras el acuerdo alcanzado por la defensa, el fiscal y la acusación particular. El juicio con jurado popular estaba previsto que comenzara ayer en una de las salas de vistas de la Ciudad de la Justicia de Valencia, pero la sentencia dictada por conformidad de las acusaciones y la defensa, que ejerce el despacho Castillo Castrillón, permitió reducir la condena a la que se enfrentaba el procesado.

El tribunal de la Audiencia Provincial de Valencia impuso también a Alberto una orden de alejamiento y le prohíbe acercarse al domicilio de la víctima, los lugares donde habitualmente se encuentre la mujer o sus proximidades, y tampoco podrá ir a la comarca de Requena-Utiel ni comunicarse con ella durante el período fijado por la sentencia. Aunque el maltratador aceptó una condena de cinco años y tres meses de cárcel, solo cumplirá tres años de prisión al aplicar el tribunal el artículo 76 del Código Penal, que establece que el máximo de cumplimiento efectivo de la pena no puede exceder del triple del tiempo de la condena más grave impuesta.

Seis delitos

Los hechos cometidos por el procesado el 3 de febrero de 2018 son constitutivos de los delitos de maltrato, daños, amenazas, coacciones, allanamiento de morada y quebrantamiento de medida cautelar. Sobre las 10 de la mañana de aquel día, Alberto consiguió entrar en el zaguán del edificio donde reside su exnovia tras romper un cristal de la puerta y subió hasta la tercera planta.

Antes de desplazarse a Requena, el hombre se quitó el dispositivo GPS que llevaba puesto para el control de la orden de alejamiento. Una vez dentro de la finca, el maltratador accedió al patio de luces y saltó al alféizar de una ventana para entrar en el domicilio de la víctima. Cogió un cuchillo de la cocina y amenazó a su exnovia para que no se moviera mientras él colocaba varios muebles en una ventana y la puerta de la vivienda.

Cuando llegaron los primeros policías locales y guardias civiles a la calle Vendimia, Alberto les dijo a gritos desde la ventana que se marcharan. «Que no entre nadie o lo pagará caro Verónica», amenazó el maltratador. También arrojó varios objetos a la calle y causó daños a un coche. El hombre permaneció atrincherado cuatro horas en la casa mientras su exnovia y un negociador de la Guardia Civil trataban de convencerlo para que depusiera su actitud violenta y dejara entrar a un médico.

Alberto no respetaba la voluntad de la víctima de terminar con la relación. Estaba muy nervioso, no quería dialogar y se negaba a asumir la realidad: la ruptura de la pareja. Muchos vecinos fueron testigos de las amenazas y gritos «¡Largaos, os voy a matar a todos!». En esta tesitura, la Guardia Civil decidió no intervenir, aunque no dejó de realizar gestiones, como llamadas a familiares del maltratador, y también preparó un posible asalto a la casa.

El hombre había consumido cocaína en los días previos al allanamiento de morada y apenas había dormido. Sobre las 14 horas, Alberto permitió que un sanitario atendiera a su exnovia en la vivienda, pero entró un teniente disfrazado de médico y un guardia civil con ropa de paisano. Cabía la posibilidad de que el maltratador esgrimiera el cuchillo. Era un riesgo pero los agentes que entraron estaban preparados para responder si eran atacados con el arma. Alberto cerró la puerta y entonces se produjo la sorpresiva entrada de los agentes del Grupo Rural de Seguridad (GRS), una unidad especializada en el asalto de viviendas con delincuentes dentro.

Entre varios guardias civiles redujeron y detuvieron al hombre sin que apenas pudiera ofrecer resistencia. Tras ser liberada, la víctima agradeció a los agentes su actuación y lamentó no haber podido evitar que su exnovio entrara en la casa. Mientras tanto, ocho guardias civiles escoltaban al maltratador durante su traslado al Hospital de Requena para que recibiera atención médica antes de encerrarlo en un calabozo.