Mata a cuchilladas a sus dos hijas en Castellón tras acusar a su exmujer de querer quedárselas

La finca ubicada en la calle Río Adra, donde han ocurrido los hechos. /JESÚS SIGNES
La finca ubicada en la calle Río Adra, donde han ocurrido los hechos. / JESÚS SIGNES

La mujer denunció al homicida por amenazas y pidió una orden de alejamiento, pero la Fiscalía no consideró necesarias las medidas cautelares

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Dictadura machista llevada al extremo. Ricardo C. G., un hombre de 48 años exempleado de una azulejera de Castellón, ha acabado esta madrugada con la vida de sus dos hijas, la pequeña Nerea, de 6 años, y Martina, de 3. El porqué de semejante barbarie es algo que se ha llevado a la tumbá tras arrojarse por la ventana. Ningún juicio lo aclarará, pues con su muerte desaparece cualquier responsabilidad penal.

Sin embargo, los ingredientes de su atroz conducta parecen bastante claros a tenor de los testimonios de vecinos y las explicaciones de fuentes judiciales: el enfrentamiento con su expareja en el seno de una ruptura matrimonial, con las niñas en el medio de la contienda y el crimen como la venganza perfecta. La manera de acabar con todo e inflingir el mayor daño posible a su exmujer, una psicóloga castellonense de 42 años. El propio autor del parricidio había confesado a un amigo que se sentía desesperado por los problemas económicos tras quedarse en el paro, verse con una cuenta embargada y temeroso de que en el proceso de separación las niñas pudieran acabar con su madre.

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La estela del horror comenzó con el hallazgo, por parte de un vecino madrugador, del cuerpo de un hombre tendido en el suelo en la calle Río Adra de la capital de La Plana. El reloj marcaba las 5.30 horas y el testigo tenía la sensación de que estaba muerto. Era Ricardo y se acababa de arrojar de un sexto piso, la mayor de las alturas de su finca.

Imagen de la finca desde donde se ha lanzado el presunto parricida.
Imagen de la finca desde donde se ha lanzado el presunto parricida. / LP

Cuando los agentes se entrevistaron con los vecinos, éstos manifestaron que en la casa de Ricardo vivían de manera habitual dos niñas de corta edad: Nerea y Martina. Con el afán de atenderlas lo antes posible, la policía solicitó la presencia de los bomberos para entrar en la vivienda, pues nadie en el vecindario tenía llaves. Así se hizo. Al penetrar en el hogar, los agentes se dieron de bruces con las tragedia. Las niñas yacían, aparentemente sin vida y con claras lesiones de arma blanca.

Varias ambulancias acudieron al lugar. Padre e hijas estaban ya sin vida. Sólo pudieron certificar las tres muertes. Pero la labor de los sanitarios de urgencias no terminó ahí. También tuvieron que asistir a la madre de las niñas y a su abuela, de 75. Estaban destrozadas por los nervios y la ansiedad. No tardaron en saber lo que había sucedido, ya que viven muy cerca de la calle Adra. Ambas fueron trasladadas a un hospital para recibir la oportuna atención psicológica.

Parricida de Castellón

A partir de ahí todo ha quedado en manos del juzgado de instrucción 4 de Castellón en funciones de guardia. Intervino en el levantamiento de los cadáveres de las dos niñas y de su padre. Según el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat (TSJCV), «se habría quitado la vida tras matar, supuestamente, a las pequeñas». De acuerdo con las mismas fuentes, «el fallecimiento del presunto autor del doble crimen extingue su responsabilidad penal».

El TSJCV ahondo ayer en el historial judicial que rodea al matrimonio. En el Juzgado de Violencia sobre la Mujer constan dos procedimientos, uno abierto tras una denuncia por amenazas interpuesta por su expareja y madre de las menores y tras recibir un parte médico. Ambos se archivaron a petición del fiscal y de la propia víctima. La diligencia policial de valoración de riesgo de la víctima arrojó un resultado de riesgo bajo. El investigado, ahora fallecido, no tenía antecedentes penales ni le constaban episodios previos de violencia doméstica.

La primera causa se inció el pasado mes de enero. El Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Castellón abrió un procedimiento tras recibir un parte médico. No hubo denuncia de la víctima. En su comparecencia ante el juez, la mujer y madre de las menores se acogió a su derecho a no declarar. Sin parte de lesiones y sin el testimonio de la víctima, el fiscal solicitó el sobreseimiento de la causa y el Juzgado la acordó.

El pasado mes de febrero, el día 24, la mujer denunció por amenazas en el Juzgado de Guardia a su expareja y padre de las menores. Lo hizo apenas quince días después de que el Juzgado de Familia fijara medidas provisionales para regular el régimen de visitas y el uso de la vivienda en base al convenio regulador que los padres habían alcanzado de mutuo acuerdo tras su ruptura.

Después de una discusión con su ex cuando procedían a intercambiarse a las niñas, la mujer interpuso la denuncia, solicitó una orden de alejamiento y mostró su disconformidad con las medidas provisionales que habían sido fijadas tras el acuerdo entre los progenitores de las menores. El fiscal no consideró entonces necesaria la adopción de medidas cautelares y se opuso a la concesión de un alejamiento. El guzgado de guardia denegó la orden.

El presunto parricida se ha lanzado por la ventana de su piso y ha caído frente a una guardería infantil.
El presunto parricida se ha lanzado por la ventana de su piso y ha caído frente a una guardería infantil. / LP

Al día siguiente, la decisión fue revisada por el Juzgado de Violencia Sobre la Mujer de Castellón, competente en la materia. Tras esta nueva comparecencia y de conformidad con el criterio del fiscal, se vuelve a denegar la orden de alejamiento. La denunciante recurrió esa decisión judicial, pero mientras se tramitaba su recurso desistió de seguir adelante y el auto denegatorio de la orden de alejamiento cobró firmeza.

No obstante, el procedimiento por las supuestas amenazas siguió tramitándose. Tras la práctica de las diligencias solicitadas por las partes, el fiscal solicitó el sobreseimiento. La víctima, personada como acusación particular, también pidió el archivo. Al no existir ninguna parte que ejerciera la acusación, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer sobreseyó el procedimiento.

Y desde entonces, hasta la tragedia de hoy. Las niñas pernocataban en la casa paterna, la que fue domicilio familiar hasta la separación, dentro del periodo de convivencia con las menores que le correspondía a Ricardo. Se ha tomado la justicia por su mano y ha condenado a su esposa a la cadena perpetua del dolor. Nueva sentencia de la sinrazón machista. Hoy todo Castellón llora a dos inocentes.

 

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