Violencia vicaria, matar a los hijos para infligir el mayor daño a su madre

Desde que existen registros -en 2013- los niños asesinados en casos de violencia de género como venganza contra sus madres ascienden a 29

ISAAC ASENJOMadrid

«Cuando le dieron la custodia a él, me mataron en vida. Mi infancia se acabó. Un maltratador nunca puede llegar a ser un buen padre». Patricia Fernández Montero (Madrid, 1998) retala en 'Ya no tengo miedo' el calvario judicial que sufrió cuando su madre, tras una paliza, decidió separarse de su marido, a quien otorgaron la custodia unos meses. El libro de la joven es un reclamo a la sociedad para dar voz a quien no la tiene: niños como un arma que tiene el agresor machista ante una madre. Lo que se conoce como violencia vicaria, hacer el mayor daño posible a la madre a través de los hijos.

Ella lleva tiempo sin temer y lidera la asociaciación 'Avanza sin Miedo', con la que tratan de ofrecer recursos y atención a los menores a los que, según cuentan, el Estado «no ha atendido» como correspondía, como en aquellos casos en que la custodia de un menor se adjudica al maltratador.

«Tenemos el objetivo de que los niños puedan acudir a un organismo a contar el problema. Deben sentirse acompañados y que te entiendan. Normalmente no se les escucha. No tienen voz y están completamente olvidados», cuenta en conversación telefónica. A Patricia la justicia la obligó a convivir con una persona condenada por maltrato, como a Amets, Sara, Amaia, Martina, Nerea, Candela, Ruth, José o Ángel. Ellos son algunos de los niños que han sido asesinados por sus padres en episodios de violencia machista desde 2010. Los hijos son en ocasiones protagonistas del silencio de una historia que acaba en muerte y cuyos fallos en el sistema complica sus vidas. Del último no se conoce su nombre, tenía 11 años y vivía en Beniel (Murcia). Ayer jueves debía haber regresado con su madre pero su padre -con antecedentes por malos tratos- decidió matarlo a cuchilladas antes de suicidarse.

«Hay que entender que el niño no debe ser sujeto pasivo de la violencia. Deben considerarse los mismos derechos para la madre, si ésta es maltratada. Las instituciones no oyen a los menores y tenemos maltratadores con régimen de visitas y custodias compartidas. Luego nos escandalizamos si ocurre un asesinato», critica Montero. «Es un mito pensar 'a mí me maltrata, pero con los niños es bueno'. Si maltrata a su madre los está agrediendo también a ellos. Un buen padre no agrede a sus hijos», coincide en un relato a EFE el director de programas de la Fundación ANAR y también psicólogo Benjamín Ballesteros.

La cifra de niños víctimas mortales de la violencia de género ha aumentado de manera alarmante y desde el año 2010 estos verdugos han matado a 32 niños. La última actualización se situaba en el 23 de abril de este mismo año, cuando un niño de 10 años fue asesinado por su padre en Tenerife junto a su madre. Ambos murieron tras ser golpeados con piedras en el interior de una cueva en Adeje. Le precedía el caso del parricida de Castellón en 2018, cuando un hombre asesinó a sus dos hijas con arma blanca un mes antes de la celebración del juicio de divorcio con la madre. «Me voy a cargar lo que más quieres», era una de las amenanas de Ricardo a Itziar, a la que la juez denegó la orden de protección.

En 2018, perdieron la vida tres menores, el año anterior batió récords como el que más niños fueron sido asesinados como forma de venganza con un total de ocho, frente a los cuatro que fueron asesinados en 2010, los dos que fallecieron en 2011 -Ruth y José, protagonistas del precedente más mediático-, a los seis que fallecieron en todo 2013; los cuatro de 2014; los cuatro de 2015; y la única víctima mortal registrada en 2016, según la estadística recogida por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Prisión permanente revisable

Entre todos estos casos hay uno que destaca por el horror y la crueldad de lo ocurrido: Ruth y José. Quizá el más mediático de los casos en los últimos tiempos. Ambos murieron a manos de su padre, José Bretón, y sus cadáveres fueron calcinados en una hoguera a 1.200 grados de temperatura por este mismo en la finca cordobesa de Las Quemadillas, sin apenas dejar restos identificables de los pequeños.

Dos años después, un hombre en proceso de separación acababa con las vidas de sus hijos en Manzanares (Ciudad Real). Otra venganza consumada por parte del asesino y maltratador. Él se suicidó, pero antes descerrajó varios tiros con una escopeta de caza a Ángel y Javier -de 5 y 13 años-. Su mujer se salvó al no estar en el domicilio.

En 2014 en la localidad asturiana de San Juan de la Arena (1.500 habitantes), un hombre mató a Amets y Sara, de 7 y 9 años a sangre fría, con una barra metálica envuelta en papel de regalo. El parricida, de 55 años y que se suicidó posteriormente, estaba separado de la madre de las niñas. Aprovechó un régimen de visitas para consumar el crimen. Un año después, en Pontevedra (Galicia), un hombre asesinaba a sus dos hijas -Amaia y Candela, de cuatro y nueve años- utilizando una sierra radial tras drogarlas en su domicilio. Fue el primer condenado en España a prisión permanente revisable, cadena perpetua.

A principios de 2017 un ciudadano español -identificado como Sergio Oliva, natural de Sevilla- mataba a sus dos hijos en Alemania. Tenían cuatro y cinco años. Miguel y Leonardo fallecieron a consecuencia de los golpes en la cabeza que les dio su padre con un objeto no punzante y rotundo, como una piedra, según detalla el examen forense. Semanas más tarde mataban a Damaris. La pequeña solo tenía un año de edad cuando su padre se lanzó desde 12 metros de altura con ella en brazos desde una ventana del Hospital de La Paz (Madrid). «Me la has jugado, me la has jugado y te voy a dar donde más te duele. Te vas a acordar», le acababa de decir Vladimir -de 27 años y natural de Chile- a la madre de la pequeña en la habitación 207 del Servicio de Pediatría. La niña falleció en el acto.

El maltrato de las visitas

Expertos en protección de la infancia y juristas reclaman más suspensiones cautelares de visitas y custodias para proteger a los menores y la implantación urgente de equipos judiciales de valoración de riesgos. «Asesinados para provocar el mayor daño que se puede hacer a una mujer, que es precisamente hacer daño a tu hijo», advierte Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio contra la Violencia de género. En los últimos diez años casi medio centenar de niños han sido asesinados por su padre -cerca de la mitad lo fueron durante el régimen de visitas o en el periodo de la custodia compartida correspondiente al padre-. Una horrible y cruel violencia contra los más débiles.

Las cifras han llevado a que en los últimos tiempos se haya incorporado esta realidad a las nuevas normas. Así, según el Pacto de Estado aprobado en septiembre de 2017, las madres de los menores asesinados tienen la consideración de víctimas de la violencia machista. Algo que no ocurría hasta ahora y por lo que eran doblemente maltratadas. Primero por sus parejas y posteriormente por las instituciones.

Entre las medidas del Pacto de Estado de Violencia de Género se encuentra la de «impulsar la aplicación práctica del reconocimiento de las y los menores como víctimas directas de la violencia de género. Mejorar la conexión entre la violencia contra las mujeres y la experiencia victimizadora de los hijos e hijas».

Datos

El número de asesinadas por violencia de género desde el año 2003 asciende a 1.010, de acuerdo a los datos oficiales de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género.

El número de huérfanos a causa de la violencia ejercida contra sus madres aumenta a 26 en lo que va de año, y a 256 desde el año 2013.

Desde que existen registros, en 2013, los niños asesinados en casos de violencia de género contra sus madres ascienden a 29, según datos del Ministerio de Igualdad.