«Me siento muy sola, no es justo sufrir así»

María Díaz, en el salón de su casa en Marxalenes, donde ha vivido casi toda su vida. /Damián Torres
María Díaz, en el salón de su casa en Marxalenes, donde ha vivido casi toda su vida. / Damián Torres

Los expertos destacan que la soledad destruye la autoestima de los mayores, «un grupo que siempre ha sido el centro familiar» | El Defensor del Mayor recibe más de 200 quejas al año por aislamiento, que aumentan especialmente en vacaciones

ANA CORTÉSVALENCIA.

La soledad durante la tercera edad no es algo nuevo, es una tendencia que crece año tras año y sobre todo en verano. Según el padrón del Ayuntamiento de Valencia de enero de 2019, más de 43.000 personas mayores de 65 años viven solas. La federación Amics de la Gent Major considera que trece mil de ellas padecen también el aislamiento. La gran parte son mujeres y en su mayoría viudas. El Defensor del Mayor entiende la afección como el peor enemigo de los ancianos y más de 200 se ponen en contacto con él cada año por este tema. Ambas entidades apuntan que destruye la autoestima del afectado y que la compañía es la mejor terapia.

Hace dos años María Díaz, de 77 años, era «un cohete borracho». No paraba quieta. Bailaba salsa, merengue o swing en una academia de danza, y en palabras de su profesor, «era la mejor bailarina». Cada día tenía un plan diferente, desde ir a la discoteca o quedar con sus amigas por las tardes, hasta paseos por el Jardín del Turia. Sus distracciones se acabaron a principios de 2017, cuando un anómalo malestar hizo mella en su rutina. En este momento, comenzó una fase de reclusión en la que la soledad y la tristeza se adueñarían de su entusiasmo. Los médicos le han diagnosticado depresión crónica, ansiedad y claustrofobia. «Empecé a encontrarme muy rara, a marearme cuando salía a la calle y a perder el equilibrio», cuenta María.

Echa de menos el frenesí que disfrutaba hace años y lo que más le pesa es sentirse aislada. «No me llama nadie. Mi hermano murió y mi hermana está muy enferma, nos vemos muy poco. Mis amigas viven lejos y a todas les pasa algo», explica desanimada. Aún así, todavía quedan reminiscencias de ese entusiasmo. Enseña con felicidad las fotos que coronan el pasillo de su casa, memorias tomadas durante una vida.

Tras el malestar propio de su edad, María comenzó a salir menos de casa y su círculo quedó muy mermado «Antes todo giraba en torno a ellos, ahora son un sillón más», lamenta José Pelegrí

Empujada por esta sensación de desamparo acudió a Amics de la Gent Major. Esta federación busca paliar el descuido a las personas mayores, quienes tiempo atrás «eran el centro familiar». Mediante una extensa red de voluntarios, hacen compañía a ancianos que sufren por sentirse solos y de manera gratuita. Generalmente, los participantes acuden una vez por semana al hogar de los solicitantes. El año pasado atendieron a 837 mayores que sentían soledad con más de 500 voluntarios. María adora a la suya, Clara.

El presidente de la organización sin ánimo de lucro, Antonio Miguel, encuentra que este hecho proviene de la paulatina «deshumanización» de la sociedad. A su juicio, la economía también juega un papel importante, muchas familias «no tienen medios» para encontrar un espacio apropiado donde los mayores estén acompañados, por lo que «quedan forzados a sentirse solos».

La mayoría de las personas que atienden sus voluntarios en Valencia y en partes del extrarradio son mujeres, un 76% del total, y priorizan la atención a los que poseen menos recursos. Los ancianos del programa suelen padecer enfermedades crónicas, problemas auditivos y visuales y dependencia de locomoción, pero el mayor achaque es la tristeza. «La soledad no se puede medir, pero mata, está detrás de lo físico», asegura el dirigente. La fundación también cuenta con acompañamiento telefónico y anima a las familias a mantener una comunicación mediante esta vía, «que no supone sacrificio alguno y mejora la calidad de vida de los afectados».

La entidad ofrece acompañamiento y actividades culturales sin coste alguno. «Sirve de complemento a los servicios municipales», como la teleasistencia, la comida a domicilio o un sistema de acompañamiento que les ayuda en tareas domésticas. No obstante, en verano muchos recursos del Consistorio cierran por vacaciones, es el caso de todos los centros de día o la mayoría de los de actividades para mayores.

El Defensor del Mayor, José Pelegrí, critica este cierre temporal, puesto que el verano conlleva un repunte considerable de la soledad al ser la fecha idónea para que las familias partan de vacaciones. Lleva diez años en el puesto y considera que la situación de algunos ancianos llega a tal que extremo que es «para ir a los tribunales». «Antes siempre eran el centro familiar, todo giraba entorno a ellos, ahora son un sillón más». Pelegrí defiende que son fundamentales en el hogar, «se han sacrificado por el resto». Asegura que esta creciente tendencia del abandono en época estival se reduce por el cariño de los nietos. «Los pequeños exigen ver a sus abuelos, los que se han ocupado de ellos durante todo el año escolar», detalla.

«Me siento muy sola, no es justo lo que estoy sufriendo, yo cuidé de mi madre más de quince años cuando ya era mayor y no podía valerse por sí misma», recuerda María, «la doctora que visitaba a mi madre la describía como 'una reina'. Ella atendía a muchos abuelos en sus casas y los veía recluidos en sus cuartos, alejados del resto de la familia». Se rompe al pensar qué pensaría su madre si la viera así de triste.

Pelegrí lamenta esta actitud social y destaca que se cobra vidas. Uno de los últimos casos más trágicos fue el de María Amparo Plaza, una residente septuagenaria del Cabanyal. Los hechos ocurrieron en casa de la mujer en mayo de 2018, cuando la Policía Nacional halló el cadáver momificado de esta, que había muerto cuatro años antes. Según los vecinos, Plaza vivía sola y aislada. Para los expertos, la coyuntura es alarmante, y sus argumentos coinciden en que la sociedad que deja a sus mayores, «es una sociedad estúpida».