El Audaz ya está en Sicilia para llevar a los inmigrantes del Open Arms

El buque de la Armada Española Audaz pone rumbo a Sicilia./EFE
El buque de la Armada Española Audaz pone rumbo a Sicilia. / EFE

El ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, asegura que «no tiene idea de los plazos» para que los indocumentados puedan ser transportados a España

DARÍO MENORCorresponsal en Roma (Italia)

Después de tres días fondeado frente a las costas de la isla italiana de Lampedusa, adonde llegó el pasado viernes desde la base naval de Rota (Cádiz), el buque militar español Audaz se trasladó este lunes a Pozzallo para recoger a los 15 inmigrantes que acogerá España y que están ingresados en el centro de acogida de esta localidad situada en el sur de Sicilia. Forman parte del grupo de más de 140 personas socorridas en el Mediterráneo Central por el barco de la ONG española Open Arms y que, en su mayor parte, fueron desembarcadas en la madrugada del 21 de agosto en Lampedusa después de la intervención de la Justicia italiana. El día anterior la Fiscalía de Agrigento (de la que depende esta pequeña isla), ordenó la incautación del barco y que los indocumentados bajaran por fin a tierra tras 19 días de angustiosa espera que llevó a varios de ellos a tirarse al mar para tratar de llegar a nado a la costa.

El Gobierno español no sabe todavía con fecha precisa cuándo los 15 inmigrantes podrán subir a bordo del buque de la Armada para dirigirse hacia nuestro país. «No tengo mucha información al respecto. El Audaz está allí, esperando que las autoridades italianas acaben de identificar a las personas que llegaron en el barco que los recogió, el Open Arms, y tan pronto como está efectuada la distribución entre los países que los van a acoger los transportará a España. No tengo idea de los plazos, pero no puede durar mucho», comentó el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación en funciones, Josep Borrell. En una comparecencia en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander, aseguró que no hay ningún problema diplomático entre las autoridades de Madrid y Roma a cuenta de los inmigrantes desembarcados por el Open Arms. «Al contrario, Italia tiene el máximo interés en acelerar los trámites».

El Ejecutivo de Pedro Sánchez envió al Audaz a Lampedusa el pasado 20 de agosto con el propósito de recoger a los inmigrantes socorridos por el barco de la ONG española, de los que se comprometieron a hacerse cargo además otros cuatro países europeos: Francia, Alemania, Portugal y Luxemburgo. Poco después de que el buque militar dejara la base de Rota llegó la noticia de que el fiscal de Agrigento, Luigi Patronaggio, ordenaba la incautación de la nave. Antes Patronaggio había visitado el barco, cuyos responsables llevaban días quejándose de la «emergencia humanitaria» que se vivía abordo. Fuentes judiciales de Agrigento citadas por la prensa local aseguraron que el fiscal decidió intervenir alertado por la «situación explosiva» en que se encontraban las personas que transportaba el Open Arms y porque era necesario «devolver la calma antes de que alguien se haga daño». En ese momento quedaban 83 inmigrantes en la nave pues varias decenas de menores de edad y heridos ya habían sido desembarcados.

La orden de la Fiscalía italiana para secuestrar provisionalmente el buque de la organización humanitaria no impidió que el Audaz siguiera con su ruta hacia Lampedusa. El Gobierno optó porque el barco de la Armada continuase navegando para hacerse cargo de los 15 inmigrantes que correspondían a nuestro país según el reparto en cuotas coordinado por la Comisión Europea. Cuando el Audaz llegó a Lampedusa, el Open Arms ya no se encontraba allí, pues a las pocas horas de desembarcar a los náufragos se dirigió hacia la localidad siciliana de Porto Empedocle en virtud de la decisión del fiscal que ordenó la incautación de la nave.

Tras realizar una inspección el pasado jueves al barco de la ONG, la Guardia Costera anunció que quedaba inmovilizado debido a las «graves anomalías relativas a la seguridad de la navegación». Le prohibía por tanto volver a hacerse a la mar hasta que se corrigiesen esas deficiencias. La organización humanitaria aseguró en una nota que los problemas se limitaban a los separadores agua-aceite y las embarcaciones de rescate y se comprometió a subsanarlos lo antes posible. Justificó además las dificultades mostradas por la tripulación en los simulacros de situaciones de emergencia que los agentes de la Guardia Costera pidieron que hicieran debido a «la extrema dureza» a la que se habían visto sometidos durante las semanas anteriores.