'Excalibur' debía morir

'Excalibur' debía morir

El sacrificio del perro de la auxiliar de enfermería contagiada por ébola fue «inevitable», dicen los jueces. Sus dueños pedían 150.000 euros por daños morales

J. VÁZQUEZ

El triste sino de 'Excalibur' estaba decantado, según los jueces, desde el mismo 6 de octubre de 2014, día en que su dueña, la auxiliar de enfermería Teresa Romero, dio positivo en la prueba del ébola. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha sido taxativo al determinar que el sacrificio, dos días más tarde, del perro que atendía al nombre de la espada del rey Arturo fue «inevitable». Lo considera así «ante la imposibilidad real de trasladarlo vivo y de custodiarlo por personal entrenado que pudiera seguir un protocolo de actuación debidamente contrastado y en un establecimiento con condiciones de bioseguridad adecuadas para impedir el contagio de quienes entraran en contacto con el animal y, a través de ellos, a terceras personas». La sentencia desestima con este argumento la petición de 150.000 euros de Teresa Romero y su marido, Javier Limón, por los daños morales derivados de la muerte inducida de su mascota. Y les impone el pago de las costas del juicio.

Los magistrados reconocen el «escaso conocimiento científico sobre la prevención y tratamiento del virus del ébola, y sobre la infección y potencial riesgo de transmisión de los perros». Pero deja claro que a todos los dueños de animales se les deriva la carga impuesta de «soportar el sacrificio de los mismos como medida de salvaguarda de salud pública», añadiendo que, «en el caso que nos ocupa, se estaba ante un alto riesgo de epidemia». Así las cosas, «los recurrentes no tienen derecho a ser indemnizados a título de responsabilidad patrimonial de la administración demandada», se resume en el fallo.

Teresa Romero y Javier Limón acudieron a los tribunales después de que la Consejería de Sanidad de Madrid rechazara en febrero de 2015 la reclamación de responsabilidad patrimonial que presentaron en noviembre de 2014, un mes después de que su can fuera inmolado. La pareja consideraba en su demanda que la decisión de dar muerte a 'Excalibur' se tomó «de manera arbitraria y desproporcionada, puesto que no se basó en ninguna evidencia científica, ya que no se accedió previamente al historial clínico del animal, ni se llevó a cabo ningún tipo de diagnóstico previo, ni se tomaron muestras, ni se realizaron pruebas médicas que permitieran evaluar el riesgo sanitario».

Una inyección en el corazón

Se supone que la auxiliar de enfermería del Hospital Carlos III de Madrid se infectó durante las tareas de limpieza de la habitación de Manuel García Viejo, uno de los dos religiosos que contrajeron el ébola en África y fallecieron en España entre agosto y septiembre de 2014, poco después de ser evacuados desde Liberia y Sierra Leona. La afectada superó un período de máxima gravedad entre el quinto y décimo día de su ingreso y tuvo que permanecer 42 jornadas hospitalizada, hasta que se confirmó que el virus estaba erradicado en su organismo.

La casa de Teresa Romero en Alcorcón fue clausurada, con sólo 'Excalibur' en su interior. El 8 de octubre, facultativos del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet) de la Universidad Complutense de Madrid, protegidos con monos blancos con capucha, máscara completa, calzas y dos pares de guantes, accedieron al domicilio, dispararon un dardo anestésico al animal y, una vez sedado, le inyectaron pentobarbital sódico directamente en el corazón. Fin.

La decisión de las autoridades sanitarias desató una ola de protestas desde que fue anunciada públicamente. En pocas horas, casi 200.000 personas firmaron una petición en la plataforma change.org para intentar salvar la vida de la mascota. Otras muchas se concentraron frente al portal de la casa donde permanecía el can. Exigían que fuera puesto en cuarentena en lugar de ser sacrificado. Sin éxito. La crisis provocó la dimisión del director del Visavet, Lucas Domínguez -aunque poco después retomó su cargo-, y la destitución del consejero de Sanidad de Madrid, Javier Rodríguez. José María Garzón, abogado de Teresa y su marido, ha anunciado que la pareja recurrirá ahora al Tribunal Supremo.