¿Pequeña Mozart?

La británica Alma Deutscher toca el violín durante un concierto. :: Esther Martín / efe/
La británica Alma Deutscher toca el violín durante un concierto. :: Esther Martín / efe

Alma Deutscher es una niña prodigio inglesa que acaba de estrenar en Viena su última ópera, 'La Cenicienta', con el apoyo de Zubin Mehta

ISABEL URRUTIA

En casa le tienen prohibido que lea los libros de 'Harry Potter' porque le pueden dar «mucho miedo». Y ella no se atreve ni a mirar las portadas. Es una chavalilla -de padre israelí y madre inglesa- muy disciplinada. Se llama Alma Deutscher (Oxford, 2005), tiene once años y nunca se ha sentado delante de un televisor. «Me han dicho que hace daño a la mente, no me conviene», explicaba hace unas semanas a la prensa germana, en plenos ensayos de la última ópera que ha compuesto, 'La Cenicienta'. Una obra que se estrenó ayer a nivel mundial en el Casino Baumgarten de Viena ante un público totalmente entregado. El auditorio tiene un aforo para unas 450 personas y las entradas volaron en pocos días. Todos querían ver al pequeño genio británico.

Quedan otras tres representaciones (esta tarde, más los días 4 y 5 de enero) y se prevén otros tantos llenos absolutos. Las funciones cuentan con el apoyo del reputado director de orquesta Zubin Mehta -que no empuña la batuta pero ha promocionado el evento- y tampoco faltan mecenas, lo mismo el Meliá de Viena que el Gran Hotel y la tienda de moda Elfenkleid. Hay una apuesta muy fuerte por dar alas a la criatura.

Alma Deutscher ya ha compuesto un concierto para violín y orquesta, piezas de cámara y sonatas, además de una ópera primeriza ('El barrendero de sueños') que culminó a los siete años. Todo lo hace sin perder comba. Y en sentido literal. «Saltar a la cuerda me ayuda a sacar la música que llevo dentro», explica Alma con grandes aspavientos y los ojos abiertos de par en par. Es muy expresiva, todo nervio y carácter.

Apenas gateaba cuando empezó a cantar -con una afinación perfecta- y a los dos años ya sacaba melodías al piano. Poco después agarró el violín y no tardó en aprenderse las sonatas de Haendel. No le ha costado ganarse el respeto de Simon Rattle, director de la Filarmónica de Berlín, y también de Daniel Barenboim, que fue niño prodigio y sabe muy bien separar el grano de la paja.

«Alma domina lo que se puede aprender y... todo lo que nadie puede enseñar», recalca el maestro de origen argentino. Los hay que la comparan con Mozart, aunque ella no pueda evitar torcer el gesto cuando sale a colación el nombre del genio de Salzburgo. No le gustan las comparaciones.

«Él era único y yo también», razona la pequeña, bajo la mirada encandilada de sus padres, Guy Deutscher, conocido lingüista, y Janie Steen, profesora de Literatura Medieval. Ambos han abandonado sus trabajos para volcarse en la educación de la niña.