Animales que remueven conciencias

El león Cecil./
El león Cecil.

Las muertes del león Cecil, el toro Guapetón o el perro Excálibur indignaron a una sociedad cada vez más empática con el bienestar animal

ISAAC ASENJOMadrid

Cecil se ha convertido en un héroe. Un nuevo 'Simba', protagonista de la película de dibujos animados 'El Rey León', tras su trágico y polémico final. Al espectacular felino de melena oscura de 13 años, el más grande de Zimbabue, líder de una manada compuesta por tres leonas y siete cachorros, lo mató un dentista estadounidense, de piel blanca y previo pago de 50.000 dólares. Fue encontrado sin piel y sin cabeza. Al parecer, primero fue herido y más tarde abatido.

Su muerte ha generado un revuelo descomunal en las redes sociales. Una campaña global de movilización para dar 'caza' a Walter Palmer, que así es como se llama el cazador americano. Incluso Zimbabue pidió su extradición para que fuera juzgado por cacería ilegal.

La indignación es impresionante y la historia tiene todos los ingredientes necesarios para construir una película en Hollywood. El protagonista bueno, símbolo de la conservación de un país africano, la gran atracción turística y objeto de la ciencia (Cecil llevaba un GPS de la Universidad de Oxford). Y por otro lado está el malo, el cazador furtivo que viaja a miles de kilómetros de su casa, que arrebata por placer la vida de los animales y que se ha visto obligado a pedir perdón tras sufrir un linchamiento público que jamás hubiera imaginado.

El hashtag #CecilTheLion no tardó en auparse al primer puesto de Twitter durante varios días. El león era trending topic pasara lo que pasara en el mundo. Una muerte que ha indignado a una sociedad cada vez más empática con el bienestar animal. Aunque esto no quiere decir que la sensibilidad que se tenga por la tragedia humana sea distinta a la que se puede adquirir por un animal. Ambas son independientes. «Alguien puede disponer de más empatía hacia humanos o hacia animales y eso no tiene por qué condicionar esas diferentes emociones», explicó recientemente en una entrevista el psicólogo Francisco Estupiá, secretario de la Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud (SEPCyS).

El incidente coincide en una semana de luto para la conservación de la fauna en peligro de extinción ya que además de la muerte del león Cecil, estos días se produjo la matanza de cinco elefantes en el parque nacional Tsavo de Kenia, también provocada por cazadores furtivos que terminaron con la vida de estos animales para vender sus colmillos, y el fallecimiento de la rinoceronte Nabire en República Checa, que dejó en cuatro la cifra de rinocerontes blancos vivos.

El fervor por velar por los derechos de los animales no es nuevo. «Poner un nombre al animal es importantísimo para empatizar», asegura durante una entrevista a La Vanguardia la activista Aïda Gascón, de Anima Naturalis. Desde Lassie (un perro de raza Collie protagonista de una conocida serie de televisión), Dolly (la oveja que se convirtió en el primer mamífero adulto en ser clonado genéticamente) o Copito de Nieve (único gorila albino conocido en el mundo y que fue un símbolo para el zoo de Barcelona), generación tras generación se ha sensibilizado con ellos.

Ya sean ovejas, monos, leones o toros bravos, aparecen ante la sociedad con un nombre y una historia propia, como antes practicamente solo lo hacían unos pocos animales domésticos.

Prueba de esta sensibilización fue la movilización que supuso el sacrificio de Excálibur, el perro de Teresa Romero, la mujer que se contagió de ébola, en noviembre del año pasado. La Consejería de Sanidad madrileña se puso de acuerdo en matar a la mascota al considerarla potencialmente peligrosa mientras otros aseguraban que el animal podía ser beneficioso para el estudio científico del ébola. La campaña #SalvemosaExcalibur no tardó en ser de los temás más comentados del momento en las redes sociales y una petición en la plataforma Change.org recibió en pocas horas cientos de miles de firmas contra el sacrificio del perro.

Excálibur se convirtió en un símbolo de injusticia y protesta social. Lo mismo, aunque por motivos distintos, que otro can llamado Lukánikos (salchicha en griego). Este perro fue un representante del descontento ciudadano ya que fue uno de los protagonistas de las protestas griegas entre 2010 y 2012. Vivía en la plaza Syntagma de Atenas, donde se encuentra el Parlamento griego, y no era muy amigo de los hombres uniformados, con cascos y porra. Murió a los diez años de edad, de un fallo cardiaco y Time lo nombró como uno de los protagonistas del 2014. No es el único homenaje que recibió: cuenta con canción y vídeo en Youtube, y en el barrio madrileño de Lavapiés hay un bar que lleva su nombre.

Espectáculos con animales

Ya no gustan los circos (Cataluña es pionera en eliminar este tipo de espectáculos) ni los programas de televisión con animales. Como ha sido el caso reciente de 'Vaya Fauna', que encendió las redes sociales desde su primera emisión el pasado 1 de julio después del 'show' de Tima, un oso que tocaba la trompeta. Desde organizaciones animalistas hasta un mensaje de Frank Cuesta, más conocido como 'Frank de la Jungla', no ha parado la oleada de críticas al programa, hasta su conclusión esta última semana.

Otra de las polémicas vividas en los últimos tiempos ha sido la desatada por la fiesta de los toros. Una guerra entre comunidades autónomas que demuestra una gran división entre la sociedad española. Más aún si cabe desde las pasadas elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo. La Coruña, Zaragoza, Valencia, Alicante, Palma de Mallorca o Madrid, entre otras, son más de prohibir que de animar las corridas. Sin embargo, al otro lado, se encuentra San Sebastián, que vuelve a tener toros tras tres años de gobierno de Bildu.

Los festejos con este y otro tipo de animales levantan la controversia cada vez que se celebran. Es el caso del Toro de la Vega. El año pasado le tocó morir en este ritual de origen medieval a Elegido, un corniveleto de 600 kilos de peso y pelo negro.

Y esta semana era Guapetón, durante las fiestas de San Juan de Coria (Cáceres) el que moría, no lanceado como en Tordesillas sino de un tiro de escopeta en una plaza llena de gente. Algo por lo que el Ayuntamiento extremeño podría ser sancionado con una multa de hasta 30.000 euros.

El sufrimiento de los animales y el sentir que están indefensos llama a la movilización. Y más aún si tienen nombre. Por que con una historia detrás son capaces de remover conciencias.