El viaje inolvidable de... María Blasco

María Blasco disfruta del espectáculo de color que ofrece el Gran Cañón./
María Blasco disfruta del espectáculo de color que ofrece el Gran Cañón.

'Road trip' por la costa oeste. Volvieron a casa con la sensación de haber hechi veinte viajes en uno, así que misión cumplida. San Francisco fue el eje de la aventura a bordo de un monovolumen con escalas en Los Ángeles, el Gran Cañón, Monument Valley o Las Vegas.

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Recorrer la mayor distancia posible a lo largo de la costa oeste de Estados Unidos fue la premisa que alentó el viaje emprendido el pasado mes de agosto por María Blasco, conocida como '@rojovalentino' por sus casi 25.000 seguidores en Instagram. La acompañaron su marido y tres amigos en esta aventura al estilo 'road trip' realizada a bordo de un monovolumen de alquiler. Desde España volaron a Los Ángeles y, aunque sólo pasaron un día y una noche en la ciudad de las estrellas, fue suficiente para que visitaran Beverly Hills, Bel Air, Venice Beach y Malibú. «Cenamos en un restaurante precioso llamado The Little Door. De visita obligada es el Observatorio Griffith, un lugar mágico ubicado en plena naturaleza, con ciervos incluidos, en el centro de Los Ángeles. Las vistas desde allí son increíbles», asegura.

Imágenes del viaje de la costa oeste.

A la mañana siguiente se despertaron y se lanzaron a la carretera hasta llegar al Gran Cañón. Llegaron a última hora de la tarde, momento en el que las rocas producían reflejos violeta. Al despertarse temprano para realizar la visita descubrieron que los tonos de la piedra habían virado hacia el rojo y el marrón. «El paisaje cambia por completo según la hora, es uno de los lugares más espectaculares que he visto. Lo presenciamos desde una avioneta y, como era muy pequeña, pudimos descender bastante. Disfrutarlo desde el aire es una experiencia única».

De allí pusieron rumbo a Antelope Canyon, cañón ubicado bajo tierra que está gestionado por los indios navajos. El insólito paisaje formado por rocas erosionadas de formas singulares y belleza imposible les dejó sin aliento. Por el camino también visitaron Bryce Canyon, un parque natural menos frecuentado que el Gran Cañón, pero igual de bello y que para María revestía un aura tranquilidad y paz muy especial. «Para llegar atravesamos muchos pueblos habitados por mormones donde veías a gente con carros de principios del siglo XX, algunos vestidos con ropa de época. Nos alojamos en un hotel situado a orillas de un lago». Tras pasar por Monument Valley, antiguo pueblo típico del Oeste que se ha conservado como hace un siglo, llegaron a Las Vegas, que María define como 'el Disneylandia de los adultos'. «Para visitar una vez, pero no volvería. Es una locura, han recreado todos los monumentos del planeta y ofrecen unos espectáculos increíbles. En ninguna ciudad del mundo he visto tantas tiendas de lujo, es un exceso en todo».

El insólito paisaje formado por rocas erosionadas de formas singulares y belleza imposible les dejó sin aliento

Tras Las Vegas viajaron a San Francisco, la ciudad que más ganas tenían de conocer y el lugar donde pasaron más días. Allí disfrutaron paseando por el barrio de Fisherman's Warf, zona portuaria con buques de guerra antiguos donde puedes ver nadar focas marinas y degustar bocadillos de cangrejo. Otro plan que les encantó, y que no está en los circuitos turísticos habituales, fue ver la puesta de sol degustando un picnic en Dolores Park. «Es una colina rodeada de edificios. Todo el mundo se lleva su vino y hay gente que toca música. La mayoría de las personas que había eran de allí».

Un día alquilaron bicicletas sin reparar en que San Francisco es una ciudad plagada de pronunciadas pendientes. El momento más 'crítico' llegó cuando decidieron cruzar el Golden Gate pedaleando. «Fue muy raro porque antes de cruzar al puente hacia un sol espectacular y conforme te adentrabas en él la niebla te rodeaba hasta hacerse cerrada. Al salir en el otro extremo llegas a Sausalito, barrio residencial lleno de bonitas casas». María resume el viaje como una aventura increíble llena de estímulos y emociones que les dejó exhaustos, felices, con la sensación de haber vivido veinte viajes en uno.

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