El viaje inolvidable de... Diana López Fuentes

Diana López en una de las puertas del riad en el que se alojó toda la familia y que estaba ubicado a cinco minutos de la Medina. /LP
Diana López en una de las puertas del riad en el que se alojó toda la familia y que estaba ubicado a cinco minutos de la Medina. / LP

Viajó en familia para dejarse seducir por la belleza de Marrakech. Encantadores de serpientes, cremas de argán y té moruno en una casa bereber aportaron el punto de exotismo a su aventura marroquí

ELENA MELÉNDEZ

A la hora de preparar un viaje, Diana López y su marido, Juan Carlos Sanjuán, no pueden evitar poner especial atención cuando van a escoger el alojamiento. El motivo tiene un sesgo profesional, pues ambos son propietarios de la cadena hotelera Casual Hotels y, cuando entran a una habitación, su mirada se posa de manera automática en detalles que a otros ojos pasarían sin duda desapercibidos. Su última escapada en familia les llevó el pasado mes de diciembre a Marrakech en compañía de sus respectivas hijas, Claudia y Carla. «Ellas habían estado en distintas ciudades de Europa y Estados Unidos, pero les hacía falta conocer otro tipo de países. En Marruecos disfrutaron mucho del contraste cultural y se sumergieron en un estilo de vida muy diferente al nuestro», explica Diana.

Lo primero que llamó la atención de Diana a su llegada fue el aeropuerto de Marrakech, con una decoración de estilo exótico pero a la vez con una estructura arquitectónica muy depurada en tonos de blanco. Para alojarse escogieron un riad ubicado a solo cinco minutos caminando de la Medina, la parte antigua de la ciudad, rodeada por una muralla, que alberga calles bulliciosas, zocos y plazas ocupadas por numerosas puestos de artesanía donde los visitantes compran y venden productos. «Vimos varios encantadores de serpientes iguales a los que salen en las películas. Todo el mundo quiere venderte algo y el regateo es algo habitual. De hecho, es una costumbre que ellos te digan un precio y tú trates de conseguir uno inferior».

Así es Marrakech

Una de las primeras cosas que hicieron fue visitar la Plaza de Yamaa el Fna , el punto neurálgico de Marrakech y el lugar más importante de la Medina. Allí el flujo de gente es constante durante toda la jornada y, si bien por el día la superficie de la plaza es tomada por tenderetes con especies, de zumos de naranja, domadores de monos y aguadores ataviados con una curiosa vestimenta, al caer el sol todo cambia. La plaza se transforma completamente y cobra una vida inusual. «Es preciosa. Por la noche retiran los puestos y se llena de terrazas, vendedores de comida ambulante, músicos callejeros y numerosos espectáculos de todo tipo que le dan al lugar un ambiente festivo hasta la media noche».

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Una vez dentro de la Medina se dejaron llevar por el ambiente efervescente que se vive durante todo el día. Caminaron por las pequeñas calles llenas de gente con las casas de color tierra que no superan las cuatro alturas; recorrieron los puestos de especies, los de telas, lo que acogen las falsificaciones y los de ropa típica del país. Visitaron la farmacia más antigua de Marrekech, donde pudieron adquirir distintos cosméticos elaborados con aceite de argán. «Me traje una crema pequeñita verde que llaman 'la plancha' porque dicen que hace desaparecer las arrugas. Yo no sé si es sugestión, pero la verdad es que me va fenomenal». Visitaron el Palacio de la Bahía que les recordó mucho a Córdoba y contrataron un tour para recorrer una zona de dunas en quad, llegar hasta la famosa Palmeraie y visitar una familia de bereberes junto a la vivieron la ceremonia del te, todo un ritual por aquellas tierras. «Lo tomamos como lo sirven ellos y nos sacaron pan recién hecho y miel de sus colmenas. Son muy amables, honrados y afables. Marrakech es una ciudad muy segura. Ellos tienen claro que viven del turismo, es su principal fuente de ingresos y cuidan mucho a los visitantes», asegura Diana.