¿Quién es Antonio Gimeno?

Antonio Gimeno, en un campo de chufas antes de ser cosechadas. /Damián Torres
Antonio Gimeno, en un campo de chufas antes de ser cosechadas. / Damián Torres

Nunca se vio cumpliendo un horario, alejado de la naturaleza donde se crio desde pequeño, lejos de los despachos que ahora pisa de vez en cuando. Su compromiso con el campo, con el cultivo de la chufa, le ha llevado a dedicar mucho tiempoa un sector que estuvo a punto de desaparecer

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Antonio Gimeno pertenece a esa generación de agricultores que cree en el trabajo colectivo, que ha sabido sumarse al carro de las innovaciones en un sector tradicional por definición. El presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Chufa de Valencia abrió su mente y en estos últimos años ha conseguido -junto a Francesc Espinosa, con quien se ha turnado el cargo- rentabilizar una veta de diamante que todavía nadie había sabido tallar. La última idea fue un anuncio publicitario para el mercado anglosajón donde, de una forma divertida, se respondía al supuesto descubrimiento de una leche vegana africana con increíbles propiedades, y que no es otra cosa que la horchata. Las redes sociales han hecho el resto.

-Agricultor, quizás el trabajo menos reconocido que existe, el más bajo en la escala social.

-Es cierto, se trata de un oficio que está mal considerado desde tiempos inmemoriales. El 'llauraor' es el paleto que está ahí quitando maleza y no es así. Sin los agricultores no habría comida, es una de las profesiones más importantes que existen en el mundo.

-¿Fue en su caso una ocupación heredada de sus padres?

-Vengo de familia de agricultores tanto por parte de madre como de padre, y no de una o dos generaciones, que yo no he llegado a encontrar un ancestro que no trabajara la tierra. Además, mis padres se esforzaron muchísimo para adquirir la tierra en propiedad, que antes estaban arrendadas a unos señores. Y yo he visto cómo se sacrificaban por la tierra; cuando yo no tenía escuela me llevaban al campo, jugaba allí, quitaba las malas hierbas… hay que criarse con ello, creo que es muy difícil inculcarlo a alguien de fuera, porque es un sentimiento, una forma de vivir.

«No sabría vivir a toque de campana, soy mi propio jefe»

-¿Por qué?

-Aquí no hay sábados ni domingos, hay temporadas y, además, te tienes que adecuar a la cosecha que tienes. Nos dicen: «qué bien que vivís que estáis almorzando en el bar», pero es que quizás nos hemos levantado a las cuatro de la mañana, o directamente no te has acostado porque estabas regando. Si no te gusta puede ser un suplicio. Ahora, si amas la naturaleza es espectacular, porque tienes el privilegio de ver cómo crecen las plantas, y encima vives de ello.

-¿Usted lo tuvo claro?

-Mi padre nunca me obligó, estudié hasta que quise. Me lo dejé antes de ir a la universidad, porque para mí no hay nada mejor que el campo, es la vida que he elegido, siempre he dicho que no sabría vivir a toque de campana, soy mi propio jefe y me programo a mí mismo. Y a lo mejor un domingo estoy trabajando y un viernes me voy al cine. Lo que creo que no es normal es tener un horario, y eso que de mi generación la mayoría se han decantado por un oficio, porque querían seguridad.

Antonio Gimeno afirma que no cambia la tierra por los despachos.
Antonio Gimeno afirma que no cambia la tierra por los despachos. / Damián Torres

-Usted, además, ha querido innovar todavía más y se dedica al cultivo ecológico. ¿Por qué?

-Yo lo hice porque vi que se estaba abusando demasiado de los fitosanitarios, y porque tuve la suerte de que se me abrió un mercado. Siempre digo que la posibilidad de cultivar la tierra de forma ecológica se sostiene sobre dos patas, estar convencido de lo que uno hace y por qué, porque si no es así hará trampa y lo pillarán, y la segunda, porque tiene que ser viable económicamente. Si lo haces solo por ideología no podrás vivir de ello y abandonarás. Además, no siempre he hecho ecológico, así que entiendo perfectamente al agricultor que prefiere no hacerlo. Todo tiene su mercado y hay que ponerse en el lugar del otro.

Una espina clavada

-¿Fue una decisión meditada la de dar el paso para convertirse en presidente de la Denominación de Origen?

-Hace unos años quienes ocupaban los cargos en la entidad tenían unos conflictos de intereses importantes y alguien debía dar el paso. ¿Vale la pena? Yo pienso que sí, a pesar de todo el trabajo que hay detrás, hemos conseguido que la chufa pase de pagarse a 36 a 80 céntimos el kilo. Y los agricultores tienen beneficios. El mérito no es solo nuestro, también de quien no abandonó cuando parecía irse todo al traste. De todas formas, estoy buscando sustituto porque es mucho tiempo el que necesita este cargo, que se lo quito a la familia, al trabajo, a las horas de sol.

-¿Es ambicioso en las posibilidades que tiene el sector?

-Sí, pero no yo, no tengo afán de protagonismo, cualquiera que esté en mi lugar debería serlo, porque es nuestra obligación, aquí no solo se está para figurar, hay que trabajar.