Fernando Bonilla, el guardián de la Catedral

El ginecólogo Fernando Bonilla, junto al altar de Juan de Juanes que compró su padre y que costó un año y medio restaurar./Damián Torres
El ginecólogo Fernando Bonilla, junto al altar de Juan de Juanes que compró su padre y que costó un año y medio restaurar. / Damián Torres

Ha convertido su casa y la clínica donde atiende pacientes en un verdadero museo de arte gótico valenciano, lleno de obras que ha ido comprando con los años. Su objetivo es protegerlas para que no abandonen nunca la ciudad

José Molins
JOSÉ MOLINSValencia

Es un amante declarado del arte. Nada le duele más que ver cómo algunos cuadros de pintores valencianos se venden a museos extranjeros. Por eso, Fernando Bonilla decidió hace años proteger las obras de la tierra en su propia casa. Entre su vivienda y su clínica se pueden contemplar casi una veintena de valiosos cuadros. «Tengo tres Jacomart, un Murillo y tres Juan de Juanes, de los siglos XV, XVI y XVII, todo pintura gótica valenciana, que es mi preferida», resalta el prestigioso ginecólogo. Abruma contemplar obras originales de Murillo, Sorolla o Miró en el salón de una casa particular. Una maravilla al alcance de muy pocas personas que Bonilla disfruta cada día. «Es un placer sentarse en el sofá y ver estas obras tan bonitas».

Esa defensa del arte valenciano le ha valido para que le otorguen un puesto de patrono en el Museo San Pío V. «Lo hago todo por afición, está todo comprado en Valencia, en anticuarios locales. Salvo la plata que me traje de Brasil, todo es de la ciudad», apunta. Se trata de una colección privada realmente impresionante. Nada más entrar, sorprende la gran amplitud del recibidor, presidido por el cuadro de Murillo a un lado. «No estaba autentificado por el exdirector del Museo del Prado, pero luego no solo ha sido certificado, sino que me han dicho en qué museos de Francia estuvo expuesto hasta que llegó. En Valencia no lo quería nadie y me lo trajeron para que lo viera. No lo dudé».

La clínica de Bonilla, repleta de obras de arte, tiene más aspecto de museo que de centro médico.
La clínica de Bonilla, repleta de obras de arte, tiene más aspecto de museo que de centro médico. / Damián Torres

Hay más. «En mi salón tengo un Juan de Juanes que es una preciosidad, el del fondo probablemente es un Paolo de San Leocadio. Seguramente todas las obras acabarán en el San Pío V cuando yo me muera porque quiero donarlos», explica el médico y excatedrático de la universidad. Al lado de la mesa del comedor brilla un gran tapiz de nueve metros cuadrados colgado de la pared. «Es del siglo XVII y uno igual se encuentra en el museo de tapices de Santiago de Compostela». Pero no se queda ahí. Dos obras de Sorolla y otra de Miró también destacan en la zona principal de la vivienda y completan un espacio de impresión.

Tiene una relación constante con anticuarios, que le llaman cuando obtienen una obra interesante, y así es como ha ido creciendo su colección. «He visto salir de Valencia y venderse en Sotheby's en Londres cosas valencianas preciosas. Lo que quiero es que no salga nada de la ciudad, aunque sea convirtiendo mi casa y mi clínica en un museo. Si no estuvieran aquí probablemente se habrían vendido en otros países. No sé si se me reconocerá en el futuro, pero me da igual porque mi objetivo es que se quede en un museo para los valencianos. Que no salga nunca de la ciudad», defiende.

Ginecólogo

Es uno de los científicos valencianos más reconoidos, introductor de la ecografía obstrética y de las técnicas in vitro de reproducción asistida y cofundador del Instituto de Infertilidad (IVI).

Esta pasión por el arte la heredó de su padre, que también fue catedrático de Ginecología y jefe en el Hospital Clínico. De hecho, el cuadro de Juan de Juanes que tiene en su clínica lo compró su padre en los años sesenta. «La biblioteca seconstruyó pensando en el cuadro, y no al revés». También le legó el buen gusto. «Desde pequeño he ido a todas las ferias de anticuarios que han celebrado en Valencia y ese interés ahora se lo he inculcado a mis hijos».

Precisamente, esa obra de Juan de Juanes resulta espectacular en la clínica. «Era un altar de una iglesia valenciana. Mi padre lo compró porque iban a destruir la iglesia y se lo ofrecieron. Es un original, el resto está en los Jesuitas. El marco y el pie del cuadro son tan valiosos como la propia obra. Lo tuve que llevar a restaurar, estaba muy sucio por el humo de las velas a las que estaba expuesto. Tardaron año y medio y aparecieron figuras que antes no se veían», cuenta.

Para el ginecólogo, la obra de Juan de Juanes resulta «espectacular» en su clínica.
Para el ginecólogo, la obra de Juan de Juanes resulta «espectacular» en su clínica. / Damián Torres

En la zona de trabajo destaca su despacho, que parece un santuario, especialmente con un tríptico de Juan de Flandes. «Todos los días tengo pacientes aquí en mi consulta, les llama mucho la atención, tanto por las obras como porque no parece una clínica». Nada que ver con una consulta médica. No hay paredes blancas, ni esa frialdad característica de los espacios asépticos. Parece una casa clásica, rebosante de arte, con el vestíbulo principal rodeado de cuadros. «Me dicen que parece una iglesia, pero les contesto que es la catedral. Y muy orgulloso».

A Fernando también le apasiona escribir, de hecho es autor de treinta y siete libros sobre ginecología que han formado a miles de nuevos profesionales. Le encanta viajar y ha recorrido el mundo, así que de cada país que visita se trae una o dos maletas llenas de objetos de arte y antigüedades, en especial de Brasil. Se queda con un crucero por el Nilo y la antigua China comunista como dos de los lugares que más le impactaron. Ha dejado ya el frontón y el tenis, a los que tanto jugó, y ahora se dedica todos los días a andar durante dos horas por la zona antigua de Valencia.

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