Manuel Casanova, el hombre que desplegó las velas de Valencia

Manel Casanova, en su despacho. /Jesús Signes
Manel Casanova, en su despacho. / Jesús Signes

Convirtió un encuentro casual en alta mar con el presidente de la vela suiza en la chispa que encendió la Copa América. No dudó en enviar un telegrama a Clinton para traerlo al puerto. Manel Casanova, el hombre que se ha codeado con la Familia Real, el 'lobo de mar' que lleva su ciudad en el corazón, el padre que ve en cada problema una oportunidad

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

***Entrevista que Revista de Valencia de LAS PROVINCIAS realizó a Manuel Casanova el 9 de noviembre de 2014***

Mientras camino al despacho de abogados Casanova me asalta la célebre y demoledora frase del escritor André Gide de «¡Familias, os odio!» Ignoro si el insigne Gide había desayunado un chupito de revolucionaria nitroglicerina esa mañana o qué. Pero sin embargo no tenía ni idea de que en nuestra ciudad existen una serie de familias que yo calificaría como 'patricias'. Los Casanova, sin ir más lejos. Ellos levantaron (y los Trénor) los míticos estudios Cifesa, y estuvieron en la industria (sector aceites), y en el Derecho, y en las obras sociales (Beneficencia), y en el fútbol (Luis Casanova) y un poco, creo yo, por todas partes. De algún modo estas familias van unidas a la evolución de Valencia. Sigo cavilando cuando llego a la puerta del despacho. Ding-dong. Palomar, como antaño la leche hidratante Avón, llama a su puerta. Me abre el propio Manel Casanova, quien presidió durante 26 años del Club Náutico de Valencia y ajerció de abogado potente. Luce sonrisa franca, traje impecable y ojos azules. Me presenta a tres de sus hijos, Begoña, Rocío y Manuel (júnior, de ahora en adelante). Faltan Sedi, Pato, Mar y Ernesto. No han podido venir por motivos laborales.

Recorro con Manel (sénior) las estancias del despacho. Sobre las paredes reposan infinidad de premios y honores en reconocimiento a su labor de jurista. «Estudié Derecho en Deusto», apunta. También cotilleo una multitud de recuerdos y condecoraciones vinculadas al mar. Mucha historia, grande y pequeña, de ayer y hoy, se acumula sobre esas paredes. Trataré de sacar algún partido... Teniendo en cuenta la querencia hacia el mar de esta familia, aprovechando el primer frescor otoñal, me he enfundado mi tabardo marinero estilo Corto Maltés. Algo es algo. Nos sentamos en una recoleta sala y, como es lógico, me zambullo en el líquido elemento...

–Manel, oye, esto del mar... ¿ De dónde te viene?

Manel: Pues yo te diría que desde muy niño. Yo crecí en una casa frente a la playa de las Arenas. Imagínate... Muy pronto aprendí a nadar en el mar, y también en la piscina del balneario. Incluso más tarde practiqué mucho el submarinismo. El mar siempre estuvo en mi vida. Ten en cuenta que en el mar encontramos nuestro origen. El mar es el principio de la vida.

Begoña: El mar siempre le ha encantado, pero yo creo que, cuando era joven, sobre todo le apasionaba la competición, las regatas. Fíjate que, cuando salíamos a navegar en familia, si se nos acercaba una gaviota volando de inmediato nos motivaba y decía: «Venga, a ver si ganamos a esa gaviota» Competía incluso contra una gaviota (se ríe).

Manel júnior : Sí, mi padre siempre ha sido muy competitivo, con una gran afición a la náutica y a las regatas. Para él el mar es la vida y, además, lo que le ha mantenido en forma tantos años. Pero yo creo que las dos grandes pasiones de mi padre siempre han sido la náutica y Valencia. Allá a donde ha ido siempre ha estado orgulloso de ser valenciano, y esa valencianía nos la ha transmitido a todos los hijos. Siempre hace gala de valenciano.

«El mar es el principio de la vida, en él encontramos nuestro origen»

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De repente se me ocurre que esto del apellido puede resultar un arma de doble filo. Puede abrir puertas, sí, pero también puede colocar el nivel de la exigencia en una dimensión superior. Esto ya lo escuchamos en el primer 'Spi- derman' dirigido por Sam Raimi cuando le dicen al joven con aptitudes arácnidas lo de: «Todo poder conlleva una gran responsabilidad.» Si cambiamos 'poder' por 'apellido', seguro que me entienden. Ataco, pues, por ese flanco. Me dirijo a los hijos. Rocío sonríe mientras observa con interés.

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–¿Vosotros habéis sentido alguna presión por llevar el apellido Casanova? Se diría que estáis obligados a hacerlo todo bien. Eso debe de cansar, ¿no?

B.: No, presión no, ninguna. Yo si acaso me siento obligada a no defraudar. Digamos que si fallo en algún momento siento que lo he hecho mal y que puedo defraudar a mi familia, pero como sucede en todas partes, supongo. Presión no, no.

M. jr.: En cierto modo piensas en lo que han hecho tus antepasados y, de alguna manera, no quieres traicionar esa memoria. Pero eso no significa que recibas presión. A lo mejor yo no sé si Begoña, por ser la mayor y la que dirige el despacho, en ese sentido ha soportado alguna presión...

B.: Sí, soy la mayor, pero si ha existido presión desde luego no ha sido para mal, al contrario, si acaso me ha sido muy útil. Y, además, ten en cuenta que somos una piña, una familia muy unida. En esto también me gustaría resaltar la figura de mi madre, Merche, como el verdadero aglutinador de la familia, el auténtico motor familiar. Mi padre siente devoción hacia ella. Al estar tan unidos, eso siempre me ha proporcionado una gran seguridad. Saber que somos tantos y tan unidos siempre me ha ayudado. Mi madre fue hija única y siempre tuvo claro que deseaba una familia numerosa porque entendemos que eso sólo ofrece ventajas.

Rocío: Yo si acaso he tenido presión ha sido por ser la pequeña, pero jamás por el apellido. Y lo que dice mi hermana de la unión es cierto, totalmente. Lo hemos compartido siempre todo. Todo. Las chicas, pues fíjate, la ropa, los bolsos... Y nunca hemos discutido. En casa se compartía todo y sin problemas.

Manel: Fíjate, Ramón, somos cinco ramas de Casanova y jamás hemos discutido ni por herencias ni por nada. Nunca. Ni entre pri- mos ni entre hermanos. Jamás. Y mis hijos tampoco. Nunca hemos tenido el menor roce, entre nosotros ha primado el cariño, el afecto. Y lo llevamos a gala.

«Somos cinco ramas de Casanova y jamás hemos discutido por herencias ni por nada»

–Manel, te he visto en fotos aquí mismo con los miembros de la Familia Real. Te voy a ir preguntando por ellos... ¿Te parece?

M.: Me parece...

–Empezamos por don Juan.

M.: Don Juan es un caballero inigualable.

–Don Juan Carlos.

M.: Pues resulta curioso... La gente siempre tiene la percepción de su simpatía, de su campechanía, de su don de gentes, de su naturalidad, y es cierto, pero impresiona mucho cuando te mira a los ojos. Cuando charlas con él te transmite afecto, pero también sabe imponer distancia.

–El Rey Felipe.

M.: Siempre me ha parecido un hombre que, por su juventud, es una persona conectada con el actual momento. Está muy capacitado, sabe de cualquier tema, tiene una preparación extraordinaria y una gran cultura. Siente, también una gran preocupación por España. Apuesta por una España moderna y en crecimiento.

–La Reina Sofia.

M.: A lo mejor la gente no lo sabe, pero lo mejor es su carácter caritativo. Ella siempre quiere ayudar a todo el mundo. Se cree que es distante, y no es así. Destaco de ella su lado bondadoso. Siempre piensa en ayudar al más débil. Es muy inteligente y culta, y no marca distancias, insisto. Y te digo más: cuanto más modesto es su interlocutor, más se aprecia ese carácter suyo solidario. Tenemos una gran suerte con ella.

–Me falta la Reina Letizia.

M.: Una mujer joven, moderna, muy actual, muy de los tiempos que corren, en fin.

–Tras este repaso, Manel, te pido que me cuentes tu papel en la Copa América. Creo que fue fundamental (se retrepa sobre la butaca).

M.: Bueno... En fin... Yo estaba navegando con el equipo español en California, y por cierto no te imaginas lo que sentía navegando con el 'Bravo España' contra los americanos (se le iluminan los ojos). Una tarde los de una embarcación cercana me pidieron ayuda, y fui. Hablando en inglés con aquella persona, resultó ser el presidente de la Federación Náutica Suiza. Me preguntó de dónde era y lo situé: «De Valencia, España». Me preguntó el nombre y, cuando le dije Casanova, creía que le tomaba el pelo. No se lo podía creer. El caso es que hicimos buenas migas. Por eso, cuando vi que los suizos tenían que organizar la Copa América me acordé de él y le llamé sin dudarlo. Yo quería la Copa América para mi ciudad. Le comenté lo óptimo de nuestro mar y me dijo: «Bueno, lo estudiaremos, pero ten en cuenta que contáis con dos adversarios poderosos, Barcelona y Palma de Mallorca...» Yo le insistí. Más tarde, un día me crucé con Camps y se lo comenté, y todo se puso en marcha.

Rocío, Manel y Begoña, tres de sus hijos, junto a Manel Casanova en el despacho de abogados familiar.
Rocío, Manel y Begoña, tres de sus hijos, junto a Manel Casanova en el despacho de abogados familiar. / Jesús Signes

–Ya, pero luego todo el mundo se puso medallas con la Copa Amé- rica. ¿Te sentiste ninguneado?

M.: No, no, en absoluto. Yo sólo quería que la Copa América viniese a Valencia. Y además, estaba en el consorcio, y de presidente en el Club Náutico, donde he estado 26 años... Para mí, que viniese aquí la Copa era lo importante, y además fue muy emocionante. Mucho.

R.: A mí me llamó porque quería hablar con la alcaldesa para comentarle lo de la Copa América, y yo no le hice ni caso, lo confieso. ¿Pero qué me está contando papá», pensé. Y luego fíjate.

M.: Hay que decir que las autoridades estuvieron a la altura, se volcaron. Apoyaron en todo.

M. jr: Te cuento una anécdota que revela el carácter de mi padre... El Rey Juan Carlos no podía acudir a una regata de aquí 'Reina Sofia' porque estaba en Palma de Mallorca con Clinton. «Papá, está con Clinton y no vendrá», le dije. Pero esto para mi padre no era un pro- blema, sino una ventaja, una oportunidad. «Pues mejor, invitamos también a Clinton, a ver si viene», me soltó. Y envió un telegrama a Clinton invitándole. «No va a contestar», le apunté. Pero Clinton contestó también por telegrama excusando su presencia. Mi padre no ve problemas, ve oportunidades. Es una persona muy positiva y siempre nos ha educado así.

«Don Juan Carlos impresiona mucho cuando te mira a los ojos»

Aprovecho para preguntar a Begoña sobre este aspecto, el de la educación que han recibido:–Begoña, ¿en casa era muy estricto?

B.: No, no, para nada. Cuando éramos pequeños lo veíamos poco, sólo por la noche cuando llegaba del trabajo. Nos ha educado en libertad, en un ambiente de tolerancia y respeto. Y siempre nos ha ayudado, siempre hemos sabido que estaba ahí. Por ejemplo, si salíamos por la noche nos comentaba que, si nos apetecía ver un amanecer y luego desayunar churros, pues que lo hiciésemos, que disfrutásemos, que volveríamos luego a casa... Nos dejaba nuestro espacio y nuestra capacidad para decidir. Pero, por eso mismo, también nos ha transmitido siempre valores como la responsabilidad. Nos enseñó a ser responsables, y eso es fundamental.

R.: Además, nuestra casa siempre ha estado abierta a los amigos, eso también nos lo ha enseñado, y conocía a nuestros amigos y a veces nos quedábamos todos juntos. También recuerdo que me decía que, si hacía algo, lo que fuese, intentase ser la mejor. Y siempre le he visto, y le veo, optimista.

B.: Ten en cuenta que vivimos una época nueva. Acababa de llegar la democracia a este país y todo mostraba una efervescencia especial. Había mucha alegría, navegábamos juntos.

Rocío pisa la frase a su hermana, pues el destino de los benjamines es encontrar hueco frente a los mayores:

R.:Yo recuerdo que la noche de Reyes, para que veas lo unidos que hemos estado, dormíamos todos los hermanos en la misma habitación, esperando los regalos y tal. Y mi padre, así como mi madre, siempre contentos y dándonos seguridad...

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Y la charla sigue, pero mi cuaderno de bitácora está lleno. Creo que André Gide, de haber conocido a los Casanova, no habría exclamado su incendiaria frase. De mi genuino tabardo marinero tan de Corto Maltés, comprado de segunda mano en un tienda de Nueva York, no han dicho nada. Vaya chasco. Imagino que ese silencio se debe a su educación. Un poco viejuno sí está mi tabardo... La familia... Ah la familia...