Carlos Goñi: «Mi padre se largó cuando tenía catorce años. No sé si está vivo»

Carlos Goñi viste de negro, con un largo y grueso abrigo pese a que no hace demasiado frío el día de la entrevista en l'Eliana. /Txema Rodríguez
Carlos Goñi viste de negro, con un largo y grueso abrigo pese a que no hace demasiado frío el día de la entrevista en l'Eliana. / Txema Rodríguez

No tuvo una infancia fácil el cantautor, afincado en Valencia desde hace años y que se dedica a la música tres décadas después de triunfar en los escenarios. Admite sus complejos, como el del peso, y recuerda a la persona más importante de su vida, su tío Ángel. «Acuéstate pensando en que has hecho lo correcto», le aconsejaba

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

La charla empieza así: «A los diecisiete años recuerdo haber tenido la espalda negra un mes por las hostias que me dio la policía». Estamos en l'Eliana, en un parque, mirando los patos que caminan tranquilos por el césped, mientras los mosquitos fusilan nuestra cara en pleno mes de noviembre. Quien se sienta en el banco junto a mí es Carlos Goñi. O, lo que es lo mismo, Revólver. No ha sido fácil esta entrevista, al menos concretarla. Hemos cruzado más de treinta mails con su mánager. Y el aviso es: «media hora». Pero quien hace veinte años cantara «amo el azul de tu cielo», refiriéndose a Valencia, después de haber nacido en Madrid y criado en Alicante, parece relajado. Pasa el tiempo, se abre como un melón y estará hablando durante una hora. Sin ningún pelo en la lengua, con una sinceridad a veces demasiado descarnada, que poco tiene que ver con la letra de esas canciones «que pellizcan el corazón», porque a él aquello de lo políticamente correcto no le va, porque no compra ningún discurso establecido y porque no hablamos de su trabajo. «¿Sabes qué? -dice, parando un momento- que es la primera entrevista en mi vida que no me preguntan de música, y me parece maravilloso. ¿Qué grupos te gustan? ¿Qué te parece el panorama actual de la música española?». Lo recita en tono de burla, mientras yo me quedo pensando cómo poder omitir tantas palabrotas sin que el texto pierda su sentido.

-Estábamos hablando de las prohibiciones antes de empezar la entrevista. De lo que se luchó en la dictadura. De que han censurado 'Sin ti no soy nada', de Amaral, por sexista, en 2018.

-Había un cura maravilloso en los Agustinos de Alicante que un día nos llevó al campo y nos dijo: «señores, éste se llama Miguel Hernández, y éste, García Lorca». Lo siento, pero a mí los curas no me han tocado ni me han hecho nada malo. Al contrario, me han enseñado muchas cosas. Si nos ponemos a generalizar podemos decir que todos los estúpidos lo son y también la mitad de los que lo parecen.

«Hice una lista de la gente que valía la pena en la vida: quince, de ellos tres son perros»

-¿En qué momento crees que estamos?

-En el peor. Yo no recuerdo un momento de tanta censura. No me gustan las ideologías, no las soporto, no pienso acceder a que la comunidad esté al servicio de una ideología.

-Tú has sido muy crítico en ese sentido, y dices que no solamente hay fachas en la derecha.

-Es que el concepto de izquierda hoy en día me da una pena tremenda. Yo me compraba el periódico 'El Socialista' con dieciséis años, o incluso más joven. Me lo he currado cuando tenía que hacerlo, como mucha gente en aquella época. Pero la izquierda española actual me parece la más casposa de la historia.

Carlos Goñi se reseteó un día y dejó todo atrás: matrimonio, mánager, compañía.
Carlos Goñi se reseteó un día y dejó todo atrás: matrimonio, mánager, compañía. / Txema Rodríguez

-¿Todavía mantienes los ideales de ese niño que compraba 'El Socialismo'?

-No, gracias a Dios que no. La vida no es la misma, las necesidades de este país no son iguales a las de hace cuarenta años. Es cierto que la persona más importante de mi vida, mi tío abuelo Ángel, me enseñó tres o cuatro cosas enormes y esas sí que valen: «no metas la mano en la caja, no saques mucho los codos». Y acuéstate pensando que has hecho lo correcto. A mí me gusta lo cabal. Esa es la palabra de mi vida. Tienes que levantarte por la mañana y poderte mirar la cara.

-¿Te ha pasado alguna vez que no hayas podido mirarte a la cara?

-Sí, me ha pasado, pero por temas emocionales. Porque me han querido muchísimo mejor de lo que yo he sabido querer.

«Me han querido muchísimo mejor de lo que yo he sabido querer»

-¿Y te has sentido culpable?

-Jamás he querido hacer daño a nadie, lo que pasa es que hay ciertas acciones… intentas llevarte una hoja y acabas arrancando una rama. Ahí no lo he hecho muy bien, lo que pasa es que he aprendido.

-Un día dijiste hasta aquí. Y reseteaste tu vida.

-Le di la vuelta a todo. Managers, compañía, matrimonio…

-¿Por qué?

-Cuando me divorcié fui a ver a la psicóloga y me dijo: «¿a qué vienes? ¿quieres recuperar a tu mujer?». Y le contesté: «vengo a recuperar mi vida». Y me dijo que si la gente tuviese cojones, este sería el primer motivo de divorcio. En general, es el único que existe. A mí no me gustaba nada mi vida. Y ahora estoy feliz. Lo único de lo que me puedo arrepentir es no haberlo hecho antes, porque hacía tiempo que me sucedía.

-Has ido incluso más allá. En alguna ocasión has dicho que lo que hiciste antes de los treinta lo borrarías.

-Hace poco me fui de viaje, estuve una semana en Ermua, y ha sido mi primera vez sin guitarra. Hago un paréntesis: toco muchas horas al día, me fascina. Y aparte de mi novia, la salud de mis hijos y de la gente a la que quiero, me da la vida ponerme a tocar. Pero si tengo doscientos mil problemas y cojo una guitarra no desaparecen. Decidí no llevármela porque tenía que pensar un poco. Y me fue bien. Hice una lista con las personas que me ha valido la pena conocer. Salieron quince, de los cuales tres son perros. Y tenía que haber metido más animales.

Nunca he escrito una canción para que le guste al público, solo lo que sale del corazón

-Perdona que me ría.

-De lo que me di cuenta es de que acababa de quitarme tanta mierda de la mochila… ¿Sabes lo que hice a continuación? Coger el móvil. Tenía mil cuatrocientos contactos. ¿Sabes en cuánto lo he dejado? Doscientos treinta. Y, además, he cambiado la configuración. ¿Ayer veías mi foto y hoy no la ves? Apúntalo.

-Nos miramos poco a nosotros mismos.

-Y con las redes sociales menos todavía.

-¿Tienes?

-No las cuido nada, aunque últimamente le he cogido más el rollo. No sé cuántos nuevos seguidores tuve ayer, porque me encabroné mucho con el presidente de la SGAE, me pilló un poco de medio lado y empecé a soltar.

-(...)

-Cuando tengas que escribir todo esto en un papel a ver cómo transcribes tu risa.

«Viví sin agua ni luz seis meses y comía lo que sacaba mi novia de casa de sus padres»

-Escribiré esa misma frase. ¿Por qué Ermua?

-No sabía si ir a Ermua o a Aguamarga.

-Son lugares muy distintos.

-¿El hecho de que me guste un lugar excluye al otro? Las críticas sociales, económicas, el racismo y la xenofobia sacan una parte de mí que no me gusta nada.

-Tu hija es de Camerún. ¿Habéis tenido que vivir alguna situación así con ella?

-Sí. Eran cinco matrimonios, estaba con la madre de mi hija en Villajoyosa tomando un café en una terraza, y un montón de niños jugando en la playa. Salió la madre de uno de ellos y dijo: «con la negra no». Esto hace catorce años.

-Has dicho que tienes novia.

-Yo me caso otra vez seguro, me encanta. Lo bueno es que ya no me pueden volver a dejar en la ruina, y eso me fascina. Ya no queda nada. Tengo cierto punto de delito porque me pesa mucho lo que me decía mi tío Ángel. Cuando me separé de mi segunda ex, lo hice de la siguiente manera: vuelvo de promoción el fin de semana, y el lunes me voy al notario y le digo: «todo lo que tengo lo pones a nombre de ella». Él me pregunta si estoy loco. Y a mi mujer le solté: «me voy». Ella contestó: «¿y yo?». «Tienes todo a tu nombre, no quiero nada».

Después de cinco años, su mochila pesa mucho menos y está feliz.
Después de cinco años, su mochila pesa mucho menos y está feliz. / Txema Rodríguez

-No me ha contado por qué l'Eliana.

-Es verdad. Te cuento. Yo tengo dos hijos, Carlos, de mi primera mujer, y Alicia, de la segunda. Yo les decía que si no querían ir a la universidad no pasaba nada, pero al menos tenían que acabar el Bachiller y ser bilingües. Por lo civil o por lo criminal. He sido un padre bastante heavy en algunas cosas.

-¿Por qué?

-Yo me fui de casa con dieciocho recién cumplidos. Y llevo moviéndome por el mundo desde entonces. He pasado temporadas en Francia, San Francisco, Los Ángeles… Y está muy bien hablar inglés. Es que tengo que decir que sé hacer cosas porque si no luego mi psicóloga me dice que soy imbécil.

-Te he leído que tienes complejos. Y que los asumes.

-Tanto como asumirlos… eso debe de ser para los muy cracks. Yo no los acepto, aunque es verdad que cada vez lo llevo mejor. En gran medida he conseguido ganarme el respeto, tengo una novia maravillosa que me quiere muchísimo. Ella es mucho mejor que yo, no la merezco. Si con complejos y todo he llegado hasta aquí, en vez de pensar lo que habríamos conseguido sin ellos lo que vamos a hacer es seguir trabajando. ¿Que tengo que estar siempre con la mierda del peso? Es lo que hay.

-¿Te gusta comer?

-Sí, me fascina comer. Me lo paso muy bien departiendo con alguien en una buena comida. Me gusta conversar, y si encima tengo suerte ir con alguien que dé el perfil, entonces ocurre lo que más me gusta, que es escuchar. Creo que escucho muy bien. Dejar pasar el tiempo charlando está muy bien.

«Mi hija es de Camerún. La xenofobia saca una parte de mí que no me gusta nada».

-Te fuiste con dieciocho años de casa. ¿Por qué?

-Es que la familia no la eliges, y hay ciertas cosas que no te tienen por qué gustar. Si tengo que palmar me parece bien, pero voy a palmar a mi manera. Nunca he escrito una canción para que le guste al público, porque me parecería ir contra el principio fundamental de la creatividad, y es hacer lo que te salga del corazón. Y si te tienes que enfrentar a tu familia te enfrentas. Y me fui. Hubo épocas muy malas. En el año 86 mi primera mujer sacaba un kilo de arroz de su casa y con eso comía toda la semana. Ella vivía con sus padres. Yo, en un cuarto piso sin agua ni luz durante seis meses. ¿Me siento orgulloso de ello? No, porque creo que no es necesario pasarlo tan mal. No te hace ser un superhéroe ese tipo de cosas.

-Hablabas de tus hijos. De lo que les pedías.

-He sido un padre bastante heavy en algunas cosas. Y tengo una relación maravillosa, sobre todo con el mayor, que ahora tiene treinta años. Un día me dijo: «tu y yo somos amigos». Y yo le contesté: «no, tío, yo soy tu padre».

-¿Continuamos con el tema pendiente de l'Eliana?

-Es verdad. Es que me disperso. Y tengo incontinencia verbal. Cuando dejo de comer solo arroz lo primero que hice, incluso antes de tener casa, es buscar el concepto de colegio que quería. Y ese fue el Yale. Mis hijos tienen un nivel cultural alto, leen por costumbre y son buenas personas. El tema es que hay mucha gente envidiosa. Y yo defiendo que se acabe con la pobreza, no con los ricos.

-Siempre te has mostrado favorable al derecho individual a ser antes del colectivo.

-Es que yo no creo en la revolución colectiva, lo puedes poner todo lo grande que quieras, que no contenta a nadie y enriquece a muchos. Yo no quiero que el Gobierno sea mi padre y mi madre. Ya tengo padre y madre. Bueno, no lo sé.

-¿No lo sabes?

-Mi padre, cuando yo tenía catorce años, se fue a Venezuela. Con veintiséis le encontré, fui a verle, le dije que esperaba que no perdiéramos el contacto, nunca le pedí explicaciones, pero cuando volví a España le llamé y ya nunca más volvió a coger el teléfono. No sé nada de él desde entonces. De todas formas, es un problema que ya me he solucionado.

-¿Tus hijos se han sentido orgullosos de ti, en cambio?

-Con la pequeña no tengo una relación muy intensa porque después de una separación, la persona con la que se queda el hijo puede no hacerlo demasiado bien, y en este caso pasó. Me imagino que el tiempo lo solucionará. Con Carlos la relación es maravillosa, él se siente muy orgulloso. Hablamos todos los días y me cuida muchísimo. Es un tipazo.

 

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