Pros y contras de las distintas fechas barajadas

Pros y contras de las distintas fechas barajadas
EFE

¿Elecciones inminentes o esperar al otoño? Cada convocatoria tiene ventajas e inconvenientes desde el punto de vista político

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

El primer día que saltó a la palestra para celebrar las elecciones generales fue el 14 de abril, fecha deslizada por fuentes gubernamentales, pero que más pareció un globo sonda que una opción real. Es un día muy significativo para las fuerzas de izquierda por conmemorarse la instauración de la Segunda República en 1931, pero es dudoso que una efeméride de hace 88 años pueda influir de forma significativa en el sentido del voto. Pero más allá de las razones sentimentales o políticas, hay argumentos domésticos poderosos. Tanto como que ese domingo, el de Ramos, muchos ciudadanos comienzan las vacaciones de Semana Santa, y los desplazamientos desde sus lugares de residencia hacia otros puntos se cuentan por miles. Además, son muchas las comunidades en que las festividades religiosas y culturales de esos días concentran el interés por encima de una cita con las urnas. El 14 de abril, según todos los expertos, es una fecha en la que se corre el riesgo de que la participación electoral se resienta.

28 de abril

El 28 de abril se perfila como la hoja de calendario más probable, pero como todas tiene elementos a favor y en contra. Entre los primeros, evitaría la confusión y la complejidad técnica de un 'superdomingo', con hasta siete convocatorias electorales en algunos territorios, como Canarias. También juega a su favor que permitiría al votante escoger entre opciones claras, sin estar influido por otras citas electorales.

Pero por el contrario, la campaña electoral quedaría en un segundo plano con la Semana Santa de por medio y con las vacaciones de muchos ciudadanos. Tampoco aseguraría una alta participación electoral por las razones expuestas. Otro elemento en su debe es el coste económico de organizar dos convocatorias electorales casi consecutivas dado que la cita con las urnas municipales, autonómicas y europeas está prevista para 28 días después.

26 de mayo

El 'superdomingo' del 26 de mayo tiene un claro beneficio económico al agrupar en un solo día entre tres y siete elecciones diferentes, en función de las comunidades autónomas. Esa misma concentración, sin embargo, es un factor disuasivo porque muchos votantes no van a diferenciar sus papeletas y respaldarán al mismo partido sea el ámbito electoral que sea, con lo que esa práctica tiene de empobrecimiento democrático.

Es la opción que ahora respaldan PP y Ciudadanos, y arguyen estas mismas razones ahorrativas. Los socialistas y los nacionalistas, en cambio, reclaman la diferenciación de las citas electorales para que se valore la gestión de sus candidatos, y que no quede anclada a la imagen del aspirante a la Moncloa.

Octubre

Otoño. Era el momento que planeaba Pedro Sánchez para convocar las elecciones generales, pero la derrota presupuestaria ha trastocado sus planes. Mantener ese escenario se perfila complicado porque desde febrero a octubre o noviembre el PSOE no va a encontrar el apoyo de los partidos que secundaron su moción de censura, y su minoría de 84 escaños será más irrelevante que nunca. Es cierto que permitiría al votante diferenciar entre los ámbitos de gobierno, pero no lo es menos que daría pie a una campaña electoral agotadora de ocho meses por lo menos.

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