Una líder todopoderosa y un proyecto fallido

Esperanza Aguirre, en una imagen de archivo./EFE
Esperanza Aguirre, en una imagen de archivo. / EFE

El adiós de Aguirre abrió una nueva etapa en el PP de Madrid bajo las riendas de Cifuentes, que acabó dimitiendo en 2018

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

La suya fue una marcha escalonada. Esperanza Aguirre, con treinta años de trayectoria política a sus espaldas, llegó a despedirse hasta en tres ocasiones. Sorprendió en 2012 al anunciar su adiós como presidenta de la Comunidad de Madrid por cuestiones de salud. Y era domingo 14 de febrero cuando en 2016 dejó el liderazgo del PP regional por los errores cometidos 'in vigilando' ante la gravedad de las informaciones sobre su mano derecha en el partido, Francisco Granados. Apenas un año después, el ingreso en prisión de su sucesor en el Gobierno autonómico, Ignacio González, acabaría definitivamente con su trayectoria. Para entonces ella únicamente se ocupaba ya de la portavocía de los populares en el Ayuntamiento madrileño y confesó sentirse «traicionada».

Sus despedidas pusieron a Mariano Rajoy en el centro del debate público. Si Aguirre dimitía por no haber observado, según su testimonio, lo que hacían los suyos –nunca admitió más responsabilidad–, ¿tenía que seguir el presidente del Gobierno el mismo camino? «Este no es el tiempo ni de los partidismos ni de los personalismos –deslizó en 2016 la expresidenta de la Comunidad de Madrid–, sino de los sacrificios y las cesiones». Pero el líder de los populares nunca llegaría a dejar el cargo. Ni tan siquiera para evitar la moción de censura.

Y cuando en 2017 Aguirre se fue por última vez, en el PP ya daban por descontada la salida. El mismo partido que había presidido se limitó a expresar su «respeto» y «agradecimiento» por la decisión adoptada. «Nuestra organización comparte las razones expuestas, especialmente en lo que se refiere a que debía haber vigilado con mayor eficacia los posibles casos de corrupción», trasladaron los populares en un comunicado. Para entonces, Cristina Cifuentes había tomado las riendas.

Se abrió en el PP regional una nueva etapa bajo la promesa de una gestión transparente que limpiara el fango de los escándalos. Pero tampoco Cifuentes se libraría de la polémica. El 25 de abril del año pasado dimitió como presidenta de la Comunidad de Madrid. «La resistencia tiene un límite». Habían transcurrido 36 días desde que saltaran a la luz supuestas irregularidades en la obtención de un máster. Fue, sin embargo, un vídeo en el aparecía tras sustraer una cremas en un supermercado el que precipitó el final.

Ninguna de las dos expresidentas estuvo en agosto en el debate de investidura de Isabel Díaz Ayuso. La sombra de la imputación ya planeaba sobre ambas y, en algún momento, su sucesora pareció marcar distancias. Pero si el respaldo de Cifuentes acabó llegando vía Twitter, Aguirre acudió a la toma de posesión en la Puerta del Sol: «Como no he hecho nada irregular ni, por supuesto, ilegal, pueden investigar lo quieran».

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