Mucho alto cargo y pocos funcionarios 'top' en el nuevo Consell

Despachos funcionariales en el Palau de la Generalitat/Txema Rodríguez
Despachos funcionariales en el Palau de la Generalitat / Txema Rodríguez

El mayor tamaño del Gobierno valenciano dificulta la cobertura de subdirecciones y jefaturas de servicio

Marta Hortelano
MARTA HORTELANO

Finalizado el diseño de la estructura de altos cargos del nuevo Gobierno valenciano, llega el momento de afrontar otro rompecabezas que traerá nuevos quebraderos de cabeza a los 138 directivos de la Generalitat Valenciana: la estructura administrativa de funcionarios públicos que gestionarán el verdadero día a día de la Comunitat.

Y es que el incremento de consellerias, secretarías autonómicas y direcciones generales traerá consigo un notable aumento de puestos de libre designación ocupados por empleados públicos. Con una pequeña salvedad. Las plazas de funcionarios no pueden crearse los viernes en la mesa del pleno del Consell, sino que las subdirecciones generales, secretarías generales administrativas y jefaturas de servicio y de sección deben salir de la actual cantera de empleados públicos de la Administración. Una tarea que se prevé harto complicada en los próximos meses.

El anterior Consell del Botánico dirigido por PSPV y Compromís estaba formado por 10 consellerias y subsecretarías , 22 secretarías autonómicas, y 56 direcciones generales. 98 altos cargos en total. Para poder hacer frente a la gestión administrativa diaria de las diez áreas, necesitaron de un total de 598 empleados públicos de alto nivel sólo para cubrir los 598 puestos de libre designación que se habilitaron. En concreto, las consellerias contaron con 111 subdirectores generales, diez secretarios generales administrativos y 477 jefes de servicio. Es decir, una estructura de casi 600 funcionarios de la más alta categoría administrativa para poder sacar adelante el trabajo de la Generalitat Valenciana.

Ahora, con la nueva macrorestructura de doce consellerias y sus subsecretarías, 29 secretarías autonómicas y 85 direcciones generales (137 altos cargos en total), las necesidades de empleados públicos de alta cualificación para desempeñar las tareas directivas en los nuevos servicios en que se dividirá la administración también se dispararán. El problema, además de que será necesario multiplicar los servicios (las áreas de gestión administrativa en que se agrupan los temas o competencias) es que los funcionarios y funcionarias que los pueden ocupar están muy cotizados en la Función Pública. En concreto, los subdirectores y jefes de servicio sólo pueden salir de los empleados públicos con licenciatura o grado. Los A1 o A2, de los que hay alrededor de 4.500 en la Administración. Los interinos, por ejemplo, no pueden aspirar a esas plazas que los altos cargos eligen directamente por libre designación. Es decir, a dedo.

«La Administración tiene un grave problema con el número de funcionarios. Cada año pierde un gran número de ellos y la plantilla está muy envejecida», aseguraban ayer fuentes de la Generalitat, que reconocieron que habrá «serias dificultades» para poder cubrir todos los puestos de subdirecciones, secretarías generales y jefaturas de sección porque con las cifras de la legislatura pasada ya hubo problemas para cubrir los puestos ya que los funcionarios experimentados son objeto de deseo. Además, perciben la retribución máxima gracias a que obtienen el complemento destino más elevado y también el específico, ya que ostentan responsabilidades de gran calado. De hecho, el papel de los empleados públicos es crucial para la gestión de la Administración, por lo que una buena elección de los mismos es determinante.

Sólo según el último Plan Estratégico en Materia de Recursos Humanos de la Generalitat de 2016, de los casi 16.000 empleados públicos con que cuenta la Administración autonómica, más de la mitad (9.549) tienen entre 50 y 65 años.