La caída del faraón Alfonso Rus

La caída del faraón Alfonso Rus

El alcalde de Xàtiva siempre se refería al dinero como «el chocolate». Una grabación se lo ha derretido entre los dedos

HÉCTOR ESTEBAN

Valencia. «Ché, faraón». La expresión cuelga del vocabulario de Alfonso Rus Terol (Xàtiva, 13 de octubre de 1950) como un llavero. El problema ha sido la corte de la que se ha rodeado el verso libre del PP valenciano. La guardia, algunos de sus hombres de confianza, han puesto su cabeza en bandeja de plata. El Palau de Batlia, sede de la Diputación, siempre ha sido como una Galia anárquica. Un contrapoder a la sede popular de la calle Quart, donde Rus ha ejercido de Abraracurcix hasta que sus propios porteadores le han dejado caer de manera estrepitosa.

A unos metros de la sede de la Diputación, justo enfrente, siempre estaba la hoja de una ventana entreabierta para vigilar de cerca cada uno de los movimientos de Rus y los suyos. Un voyeurismo necesario para controlar a l'enfant terrible del PP provincial, al enemigo más íntimo del partido. En la Generalitat nadie se fiaba del faraón. El marcaje era al hombre. Desde que florecieron las grabaciones de la hucha: un, dos, tres, quatre, cinc... la sentencia estaba firmada. Una cuenta oronda, como la del cerdito que mostró en un mitin para dibujar las bondades del PP.

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