Héctor Castiñeira: «Creía que un Maxi-Cosi era el nombre de un helado»

Héctor Castiñeira posa con su libro. /
Héctor Castiñeira posa con su libro.

El escritor lucense abandona, por el momento, a la Enfermera Saturada para publicar 'Desayuno con lactantes' y debutar como Mamá Saturada

DANIEL ROLDÁNMadrid

El acercamiento de Héctor Castiñeira (Lugo, 1982) al mundo infantil era circunstancial y solamente restringido al mundo laboral. Lo que veía en sus rondas de Pediatría y de Urgencias, con los pequeños aquejados de gripes, sarampiones, varicelas o con algún hueso roto. Las dolencias normales de esas edades. Pero su perspectiva cambio cuando su hermana le anunció que iba a ser tío. Entonces se dio cuenta de la locura que supone tener a un pequeño por casa y cómo cambian las familias. Vi la necesidad de contar todo esto al mundo, indica el escritor gallego. Así que aparcó un poco a su alter ego Enfermera Saturada (autor de 'La vida es suero', 'El tiempo entre suturas' y 'Las uvis de la ira') para crear a Mamá Saturada en las redes sociales y contar las peripecias que veía a su alrededor.

Poco a poco la cosa fue creciendo y Castiñeira decidió llevar al papel las peripecias de una madre con grandes dosis de humor. Así surge 'Desayuno con lactantes' (Martínez Roca), que narra las situaciones cotidianas de Tere Antúnez, una funcionaria gallega 'bimadre' de dos 'gremlins': Mateo, de dos años y once meses, 96 centímetros de estatura y 14 kilos que deja la espalda destrozada; y Nicolás, de diez meses, 62 centímetros de estatura y nueve kilos y medios de peso. Cuando se junta dos o más críos, son como los de las películas, señala el autor. El papá de las criaturas es Guille, que tendría que haber sido pediatra pero trabaja en un banco.

Castiñeira tiene clara que este mundo y sus satélites es solo para iniciados. A una persona que no tiene contacto con este mundo le hablas del pollo amarillo o de Cantajuegos y le suena a chino. Piensa que los padres estén casi todos locos, dice entre risas, sin esconder su absoluta ignorancia con el tema. Antes de meterme en todo esto pensaba que Maxi-Cosi era el nombre de un helado, afirma. No esconde con solidaridad con aquellos padres que deben plegar las sillitas del parque, ir a la playa con los niños o facturar en un avión. ¿Y salir de casa? Tienes que llevar ropa para todo tipo de tiempos, señala.

Con mucho humor e ironía repasa el día a día de los padres con niños pequeños, como el submundo del grupo de WhatsApp de los colegios. Es una verdadera locura. Creo que debería de prohibirlos porque se crean con muy buena intención para las excursiones, ayudarse y al final acaban con críticas al profesor, a otras madres o Al cumpleaños de otro niño de la clase. Eso termina muy mal, señala el autor que se plantea la opción de continuar con unos niños más mayores.

Un libro que no se planteó escribirlo en masculino. Con Enfermera Saturada, se convirtió (literariamente) en mujer por una cuestión de mayoría: Somos unos 300.000 enfermeros en España y el 90 % son mujeres. Para contar sus aventuras y desventuras, mejor desde la óptica de una mujer. Pero cuando se descubrió algunas compañeroas no se lo podía creer. Una enfermera me dijo que no podía ser yo porque contaba la anécdota de la ropa interior que se trasparentaba con nuestro uniforme blanco. Le dije que a mí me pasaba igual, indica el escritor lucense.

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