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Ramón Palomar: «La cultura está muerta si cede a lo políticamente correcto»

Ramón Palomar. /DAMIÁN TORRES
Ramón Palomar. / DAMIÁN TORRES

«La sociedad de parque de atracciones, donde prima la banalidad, ha triunfado», asegura el periodista, que presenta 'La gallera' el próximo jueves en el hotel Valencia Palace

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

Ramón Palomar regresa a las librerías. El periodista presenta el 17 de octubre, a las 19.30 horas, su segunda novela, 'La gallera', dentro de Aula LAS PROVINCIAS en el Valencia Palace. Con su nuevo libro aspira a que el lector disfrute. No comulga con la idea de conferir a la literatura más ambición que la estrictamente cultural: «Es pretencioso pensar que un libro puede cambiar la vida de los lectores».

Han pasado seis años entre 'Setenta kilos' y 'La gallera'. ¿La segunda novela está más cuajada?

–Cuando me embarqué en la segunda novela pensé que no quería caer en el típico error de proponerme una obra más ambiciosa que la anterior pero en 'La gallera' me han salido más personajes, más subtramas y 200 páginas más. No sé si eso implica que sea más redonda, pero 'La gallera' tiene mayores complicaciones técnicas porque la acción abarca 20 años pero comparte estilo, forma y fondo con 'Sesenta kilos'. Son novelas negras cañí. Pongo el foco en el lumpen hispano cuya delincuencia puede mirar a los ojos perfectamente a la americana. Aquí tenemos peculiaridades, como es el mundo quinqui o el narcotráfico pero con un toque muy familiar. Mi obsesión es que dar a conocer que las tramas corruptas y violentas de las películas, series o novelas las tenemos muy cerca pero no nos fijamos.

¿Qué tiene usted de gallo de corral?

–Bastante poco. Soy más bien un palomito. Nunca he sido gallo del corral, ni de jovencito ni luego, porque he sido más bien introvertido y modoso aunque me dedique al periodismo. Tengo amigos y conocidos en el lumpen que son los que me proporcionan la información de la novela. Es un mundo implacable en el que impera la necesidad de ser el gallo del corral para poder mantenerse en el trono gracias a tener los espolones más afilados que nadie y triturar al adversario.

¿Donde hay más gallos: en el periodismo o en la literatura?

–Ambos son mundos con mucho gallo del corral porque hay dura competencia pero en estos gallineros no está el riesgo de que nos maten, bueno, nos pueden masacrar vía redes sociales.

Por 'La gallera' transitan sicarios, traficantes, militares, un policía con sed de venganza, narcobeatos... ¿Se siente a gusto en este mundo?

–No me siento a disgusto. No tengo sensación de peligro. Es gente que, si la escuchas, te lo cuenta todo y si no la juzgas son generosos. Soy un observador del lumpen donde la traición está a la orden del día por eso todos se vuelven muy paranoicos porque no saben de quién fiarse, como sucede en 'La gallera'. También hay mucho chivato porque ya no funciona el código del silencio. Ahora si los pilla la pasma cantan para reducir la pena, como en la política.

¿La política es una gallera a otro nivel?

–Sí, porque hay lucha de egos, juego de intereses, territorios de vanidades, exceso de egoísmo... Todos quieren ser el gallo del corral.

Ventura Borrás, el legionario de su novela, es incondicional de Millán Astray.

–Ya lo era en 'Sesenta kilos'. Es el único personaje que repite. No tiene nada que ver con la película 'Mientras dure la guerra', de Amenábar . Millán Astray siempre me ha parecido un personaje tremendo. Casa bien con lo cañí. Los americanos tienen al general Custer, que fue un auténtico tarugo en lo personal y en lo militar, y aquí tenemos una figura como Millán Astray con la que los estadounidenses hubieran hecho mil películas por su perfil histriónico, bravucón (con 17 años estaba en la guerra de Filipinas) y porque no era nada tonto. Hernán Cortés, Pizarro o Lope de Vega dan para siete series pero como tenemos una industria raquítica no explotamos nuestra historia. Como no somos una potencia económica, estamos sometidos al imperio anglosajón. Mires donde mires la riqueza cultural e histórica da para mucho, pero no sabemos vender lo nuestro.

¿Franco es buen personaje literario?

–No da juego. Su voz aflautada, el poco carisma que emana de su persona y su vida privada tan sosa... No hay arcilla donde modelar. Durruti, en cambio, resulta un personaje fascinante y muy recuperable para películas.

¿Hasta qué punto el público es maduro para aceptar que la historia pase por filtros culturales?

–Ese paso adelante debemos darlo. Los americanos son capaces de lograr épica con un asesino de indios como el general Custer y no pasa nada. Debemos ver todo esto con menos pasión, más rigor histórico y más tolerancia. A Chaves Nogales se le reivindica desde hace poco. Su mejor libro es 'Juan Belmonte, matador de toros', que es un biografía extraordinaria te gusten o no los toros. Nadie se atreve a recomendar este título por la corrección política.

'La gallera' no cede a lo políticamente correcto. ¿Ésta matará la ficción?

–Si la ficción o la cultura cede a lo políticamente correcto está muerta. Si nos sometemos a la corrección, que es un lastre y una losa para cualquier actividad artística, se mata el humor y el mundo será más aburrido. Ahora empiezan a alzarse voces para combatirlo y se sumarán más porque, además, digamos lo que digamos siempre habrá alguien que se ofenda. Ofender gratuitamente buscando una ofensa chabacana está fuera de lugar, pero el baremo de la ofensa se ha situado tan a ras del suelo cualquier chiste, boutade o provocación ofende.

¿La sociedad está infantilizada?

–Sí. La sociedad de parque de atracciones, donde vence la banalidad, ha triunfado. Hemos ido asociando que el entretenimiento exige muy poca calidad, pero no es cierto. Una película de Buñuel, Ford o Jacques Becker también es diversión.

¿Se baja la calidad en la literatura y cine para entretener a más gente?

–Sí. Es un error. No sé hasta qué punto puede ser una lucha perdida, pero ¿dónde acabará todo?No se puede perder el respeto hacia la persona que compra un libro o un cedé, va al cine o se sienta en el patio de butacas del teatro. La cultura rápida es el signo de los tiempos, pero tenemos que intentar pelear contra eso. Nos educan para que tengamos pensamiento perezoso, es decir, si tenemos que reflexionar ya no nos interesa. Se impone la cultura del 'like'.

¿La novela negra tampoco es inmune a esta tendencia?

–No, no lo es. Ahora se confunde la novela negra con la de misterio. En mi opinión, la primera ha de tener un trasfondo de que el poder está flotando y la corrupción, en la sombra, emite sus gases. A mi juicio, el 'noir' incluye la denuncia del poder tiránico y de las cloacas. La novela de misterio, que abunda, no persigue lo mismo.

¿Las series son competencia a la literatura?

–Siempre que llega un soporte nuevo que nos permita entretenerlos surge el pánico en el resto, pero hay pastel para todos. Los gurús también anunciaron el fin de la prensa en papel para 2013 o así. Aquí estamos. 

–¿Ve À punt?

–No, pero no por nada. Desde que llegaron las plataformas digitales a mi vida no veo televisiones generalistas.