El rescate de 50 migrantes en el Mediterráneo somete a la prueba del algodón al nuevo Gobierno italiano

Migrantes rescatados por el Ocean Viking. /Reuters
Migrantes rescatados por el Ocean Viking. / Reuters

Medio centenar de personas esperan una respuesta de Roma sobre dónde podrán desembarcar, mientras Conte apuesta por abrir corredores humanitarios europeos y olvidar la etapa de Salvini

DARÍO MENORCorresponsal en Roma (Italia)

Las 50 personas salvadas el pasado domingo en el canal de Sicilia por el barco Ocean Viking, fletado por Sos Mediterranée y Médicos Sin Fronteras (MSF), van a ser la prueba del algodón para el nuevo Gobierno italiano. El tiempo que la nave humanitaria tarde en desembarcar en un puerto a estos migrantes de origen subsahariano, entre los que hay doce menores de edad y una mujer embarazada, servirá para comprobar si realmente se ha puesto fin al difícil período de Matteo Salvini como ministro del Interior. Durante los catorce meses en los que el líder de la Liga estuvo en el poder mantuvo un duro pulso con las ONG con un claro objetivo político: armar un discurso de 'puertos cerrados' mientras retrasaba todo lo posible que desembarcaran en territorio italiano las personas que estas organizaciones socorren en el Mediterráneo central.

En el discurso que ofreció ayer en la Cámara de los Diputados antes de someterse a una moción de investidura, que superó sin problemas dada la mayoría de la coalición entre el Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático, el primer ministro, Giuseppe Conte, dejó claro que ha llegado una nueva etapa a las políticas migratorias de Roma. Propuso dejar de considerar esta cuestión una «emergencia» y afrontarla en cambio de manera «estructural» con un mayor foco puesto en la integración, tan olvidada durante el período de Salvini. Conte pidió además una «efectiva solidaridad» de los otros países de la UE, poniendo un ejemplo concreto de colaboración que evitaría que los inmigrantes y refugiados se jueguen la vida en el mar y enriquezcan a las mafias. Se trata de la creación de «corredores humanitarios europeos» para que lleguen a Europa de manera segura y ordenada. La Comunidad de Sant'Egidio ya puso en marcha estos corredores en 2016, de los que se han beneficiado más de 2.600 personas acogidas en Italia, Francia, Bélgica, San Marino y Andorra.

Mientras Conte presentaba la nueva política migratoria de su Gobierno en el Parlamento, los 50 subsaharianos socorridos en el Ocean Viking aguardaban en aguas internacionales en el canal de Sicilia a que llegara una respuesta de las autoridades de Roma. «Esperemos que Italia nos diga pronto a qué puerto podemos dirigirnos», confía Isabella Trombetta, portavoz de Sos Mediterranée. La nave lanzó una petición de ayuda pasadas las 22 horas del domingo, pero anoche aún no había recibido comunicación alguna de Italia o Malta sobre el lugar al que podía llevar a los inmigrantes, que habían zarpado desde las costas libias en una lancha neumática.

La resolución de la situación del Ocean Viking será el bautismo de fuego para la nueva titular de la cartera de Interior, Luciana Lamorgese. Con más de 30 años de experiencia en la administración, en los que desempeñó en Milán el cargo de prefecta (delegada del Gobierno) y trabajó con ministros de todos los colores políticos, Lamorgese supone un cambio radical respecto a Salvini. Es una técnica sin afiliación política, firme defensora de las instituciones y sin presencia en las redes sociales, en las que en cambio vive día y noche su antecesor. «Siempre ha trabajado de manera eficaz y comportándose como superpartes. La han elegido por su competencia», explica la politóloga Emiliana De Blasio, docente de la universidad Luiss de Roma. La designación de Lamorgese responde en su opinión a la solicitud del presidente de la República, Sergio Mattarella, de colocar a alguien con un perfil completamente distinto al de Salvini al frente de Interior.

Favorable tanto de las políticas de integración como de las deportaciones de los inmigrantes en situación irregular, Lamorgese podría amortiguar los dos polémicos decretos de seguridad impulsados por el líder de la Liga, que prevén multas millonarias para las naves que socorren a indocumentados. Mattarella ha solicitado la reforma de estas leyes, que el nuevo Gobierno piensa retocar para acabar con las sanciones a las ONG y garantizar permisos de residencia por motivos humanitarios. Roma espera que Bruselas eche una mano en este campo y acabe con el polémico reglamento de Dublín, que obliga a los solicitantes de asilo a presentar su petición en el primer país al que llegan. El Gobierno de España apoya esa petición y Francia también podría sumarse.

     

Primera manifestación de la derecha contra el Ejecutivo

La derecha italiana no ha esperado ni siquiera a que el nuevo Gobierno pase la moción de investidura para celebrar la primera manifestación en su contra. Varios cientos de personas participaron ayer en una concentración frente a la Cámara de los Diputados mientras dentro del edificio el primer ministro, Giuseppe Conte, solicitaba la confianza de los parlamentarios. La protesta estaba convocada por Giorgia Melloni, líder de la formación ultraderechista Hermanos de Italia, pero se sumó a ella Matteo Salvini, secretario federal de la Liga, y Giovanni Toti, gobernador regional de Liguria y antiguo hombre de confianza de Silvio Berlusconi en Forza Italia. En la manifestación participaron militantes de los partidos ultraderechistas Forza Nuova y Casapound, que lanzaron proclamas fascistas. Salvini amenazó con asediar el Parlamento si el Gobierno acaba con la reforma de las pensiones aprobada durante su etapa en el Ejecutivo precedente.