Josep Borrell será el jefe de la diplomacia europea

Josep Borrell. / EFE

Los socialdemócratas fracasan en su intento de asalto después de que Alemania y Francia se repartan los cargos más codiciados

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

Vayan familiarizándose con este nombre: Ursula von der Leyen. Alemana, aunque nacida en Bruselas. 60 años y actual ministra de Defensa en el gabinete de Angela Merkel. Ella es la nueva líder de la Unión Europea (IE), el relevo de Jean-Claude Juncker al frente del Ejecutivo comunitario. La primera mujer en la historia del proyecto europeo que asumirá la Jefatura de Estado de la Unión. La conservadora, trilingüe (habla francés, alemán e inglés), se coloca en lo más alto de la cúpula del poder en la que otra mujer, la francesa Christine Lagarde, será propuesta como máxima responsable del Banco Central Europeo. Entrará en el despacho de Mario Draghi a partir del 1 de noviembre con una política monetaria que, en el sur, se espera continuista.

Son las dos figuras más destacadas del 'paquete' de candidatos que los jefes de Estado y de Gobierno aprobaron este martes, a las siete de la tarde, tras casi diez horas de reuniones solo en la última jornada de una cumbre que se ha prolongado durante tres días y que suma, con una suspensión por agotamiento y falta de acuerdo, más de veintiocho horas de negociaciones dentro del edificio Europa, en el corazón de Bruselas. La lista salió adelante con el apoyo de todos los Estados miembros a excepción de Alemania. Angela Merkel no pudo votar que sí. Se abstuvo para no provocar en casa una crisis con los socialistas, con los que la CDU, su partido, gobierna en coalición. Quédense con ese detalle, el del rechazo de la socialdemocracia.

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Ursula von der Leyen fue la pieza clave que permitió completar un rompecabezas que incluye a Josep Borrell. El pasado 26 de junio anunciaba en Bruselas que renunciaba a su acta de eurodiputado para centrarse en las funciones de ministro de Exteriores. Ahora tendrá el mismo cometido, pero en representación de toda la UE. El otro nombre que consiguió el consenso necesario de las capitales fue el actual primer ministro belga, Charles Michel, que sustituirá a Donald Tusk al frente del Consejo Europeo, la institución que coordina el trabajo con los gobiernos nacionales. Ese 'top 4' conjuga paridad de género, distribuye el peso político (la alemana es conservadora, igual que la francesa, aunque se ha guiado con decisiones alejadas de los 'halcones' ortodoxos; el español, socialista; y el belga, liberal).

El reparto colma las aspiraciones de Merkel, que coloca a una compatriota en el puesto más codiciado de la UE, y también las de Emmanuel Macron, que hace lo propio en el BCE. La jefatura de la diplomacia europea, aunque desde la óptica de Bruselas se ve como un premio de consoloción, las de España. Pedro Sánchez lo proyectó así refiriéndose a una cartera «con 14.000 millones de euros de presupuesto, que será reforzada con el control de la ayuda humanitaria y de todos los recursos que se vuelquen hacia África». «España ha vuelto», se felicitaba el presidente del Gobierno en funciones. Borrell ocupa un puesto que ya fue español hace más de una década con Javier Solana.

Pero el acuerdo deja muchos perdedores. De entrada, el Parlamento Europeo. Su empeño en ese automatismo de que los cabezas de lista de las últimas elecciones liderasen la UE ha sido literalmente enterrado. Porque los 'jefes' han reservado para el socialista Frans Timmermans y la liberal Magrete Vestager, dos vicepresidencias en la Comisión Europea. Lo mismo que tenían hasta ahora. Y el popular Manfred Weber y el socialista búlgaro Sergei Stanishev se repartirían a partes iguales los cincos años de legislatura en la presidencia de la Eurocámara. «Esta propuesta es profundamente decepcionante para nosotros. No queremos que el 'Spitzenkandidat' muera», aseguraba la portavoz del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, Iratxe García.

Un malestar que Sánchez intentaba esquivar en su comparecencia insistiendo en que se había conseguido una cota de poder en la cima comunitaria igual o mayor con «menos gobierno socialistas en el Consejo Europeo que hace cinco años» y tras una partida en la que no solo había dos sensibilidades políticas, sino tres por el papel bisagra de los liberales.

Fracaso del eje Madrid-París

La realidad es que, además de sacrificarse el sistema del cabeza de lista, no se ha culminado el principal objetivo que se marcaron los socialdemócratas y los liberales de Macron: arrebatar a la derecha la presidencia de un Ejecutivo comunitario que controla ininterrumpidamente desde 2004. Una segunda lectura del acuerdo sería que el eje Madrid-París habría fracasado. Pero visto el reparto, Francia y Alemania han conseguido lo de siempre. Imponer sus intereses. Los nominados «son un soplo de aire fresco para Europa», resaltó el presidente galo.

El golpe es más duro para la izquierda si se tiene en cuenta que hasta el último momento lo fío todo a Frans Timmermans. Sánchez insistía en él hoy mismo planteando que su candidatura no podía doblegarse, entre otras variables, por el rechazo del 'eje del mal' del club de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) a quienes siendo comisario el holandés ha puesto contra las cuerdas por saltarse el estado de derecho. Italia se alió con ellos no por rechazar al socialista sino el procedimiento. La realidad es que Visegrado se contentó con el portazo y Giussepe Conte vendió que su país tendrá «un comisario de alta relevancia económica».

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