El expresidente y líder espiritual de los populistas austriacos abandona la política

Heinz Christian Strache/Efe
Heinz Christian Strache / Efe

Heinz Christian Strache anuncia su retirada dos días después de la catástrofe de su partido, el FPOE, en las elecciones generales

JUAN CARLOS BARRENABerlín

La ultraderecha europea ha perdido a uno de sus dirigentes más emblemáticos y existosos. Heinz Christian Strache, durante casi tres lustros líder del populismo nacionalista austriaco, anunció este martes su retirada de la vida política acosado por escándalos de corrupción, malversación de fondos y nepotismo. Dos días después de la catástrofe electoral de su xenófobo Partido Liberal Austríaco (FPOE), Strache decidió renunciar a toda función política y suspendió su militancia en la formación que hace dos años condujo al poder para «evitar su división y desgarro», según aseguró en rueda de prensa. Es importante que el FPOE continúe siendo un factor significativo en la política austriaca, dijo Strache, quien se adelantó a su probable expulsión del partido. Los gremios de la formación ultranacionalista tenían previsto reunirse pocas horas después de su anuncio, previsiblemente para condenarle al ostracismo.

El fin de la carrera política de Strache comenzó la pasada primavera con la publicación de un vídeo rodado con cámara oculta en el que se le podía ver y escuchar cómo ofrecía en una villa en Ibiza, junto a su correligionario y líder parlamentario Johann Gudenus, favores de Estado a una presunta oligarca rusa a cambio de ayuda electoral. El escándalo en torno a la llamada 'causa Ibiza', un montaje-trampa del que todavía se desconoce su autor, le costó entonces la presidencia del FPOE y su puesto como vicecanciller federal.

Como consecuencia de la polémica, el canciller federal, el conservador Sebastian Kurz, rompió la coalición gubernamental y forzó la celebración de elecciones anticipadas. La imagen de Strache acabó por los suelos con el anuncio de la Fiscalía de Viena, en plena campaña electoral, de la apertura de sumario en su contra por presunta malversación de fondos del partido con injustificables dietas y el pago del exorbitante alquiler de una residencia de lujo.

Si en vez de coquetear con su posible retorno hubiese comunicado hace semanas la decisión tomada hoy, Strache habría ahorrado a su partido la pérdida de casi un 10% de votos y la catástrofe electoral del domingo. Una reedición de la coalición con los conservadores es además sumamente improbable. Los votantes de la formación populista se lo echaban en cara. «Querido Heinz, la culpa de esta miseria es tuya y del Gudenus», escribía este martes un seguidor en la página de Facebook del FPOE. Otro prefería el sarcasmo: «Fantástico, señor Strache, el mérito es suyo. Bien hecho, de verdad».

El político más popular

Pese a todo, Strache puede vanagloriarse de haber sido el político más popular de Austria hasta el vertiginoso ascenso de Kurz. A finales de 2016, el FPOE lideraba todas las encuestas por delante de conservadores y socialdemócratas y su presidente, hábil manipulador de las redes sociales, contaba con más de 800.000 seguidores en Facebook.

Los líderes de la ultraderecha europea, como la francesa Marie Le Pen o el neerlandés Gert Wilders, acudían raudos a sus llamadas y en Bruselas se hacían cruces ante la posibilidad de que Austria fuese gobernada por un populista xenófobo. Un año después se cumplían los temores y Strache alcanzaba el zenit de su carrera tras negociar hábilmente para su partido una alianza gubernamental como socio menor de los conservadores. Pocos días antes de la Navidad de 2017 juraba su cargo en los salones del antiguo palacio imperial como vicecanciller de la república alpina ante un presidente, el verde Alexander van der Bellen, que había sido hasta entonces su enemigo declarado.

Su retirada ahora, sin embargo, no deja a todos tranquilos. En su partido temen que, dolido por una marcha en deshonra, no resista la tentación de abrir su botiquín de venenos y haga uso rencoroso de la información confidencial y comprometedora acumulada en tres décadas de militancia.