Bruselas opta por la mesura a la espera de que pase el chaparrón

Borrell habla por teléfono en la reunión europea. /Francois Lenoir (Reuters)
Borrell habla por teléfono en la reunión europea. / Francois Lenoir (Reuters)

«No vamos a entrar en una guerra de tuits», asegura el ministro español de Exteriores, Josep Borrell, tras reunirse con sus colegas

ADOLFO LORENTECorresponsal en Bruselas (Bélgica)

El de hoy fue el día soñado para los amantes de la geopolítica. Fue, también, algo así como el mundo al revés. Ese mundo donde era muy sencillo diferenciar a los buenos de los malos y, ahora, ya nadie se fía de nadie gracias a Donald Trump. Si ser el líder del mundo significa dominarlo, manejarlo y modificarlo a tú antojo, el nuevo inquilino de la Casa Blanca lo está haciendo a las mil maravillas. El problema es que se ha equivocado de enemigo... O quizá no.

Mientras Estados Unidos y Rusia se hacían carantoñas bajo la mesa en Helsinki, casi a la misma hora pero a 6.318 kilómetros de distancia, la Unión Europea (UE) y China hacían lo propio en Pekín. Es como si quisieran dar celos a su pareja de toda la vida, demostrarle que hay mucha vida más allá del dominante y venerado eje trasatlántico. Ahora se trata de tirar de ego, pero se necesita mucha cabeza. Porque quizá haya vida, pero también muy posible que bastante peor que la actual, como advierten fuentes comunitarias. La diplomacia de Donald Trump era esto, la incertidumbre, algo que detesta la Unión Europea, como ayer evidenciaron los máximos responsables de la diplomacia de los 28.

El eje Helsinki-Pekín también tuvo una parada en Bruselas, donde se citaron los ministros de Exteriores de la UE. La tónica volvió a ser la misma de siempre. Se diseña una agenda con varios temas y al final, siempre se acaba hablando de lo mismo. En realidad, del mismo. Si la cosa ya venía calentita de la reunión de la OTAN de la semana pasada, la última embestida del presidente americano, lanzada el domingo, fue tachar a Europa de «enemigo», mientras sigue calificando a Rusia de «competidor». Lo dicho, el mundo al revés.

El hartazgo es notable, pero nadie sabe qué hacer más allá de aguantar el chaparrón a la espera de muy bien qué. Un milagro, quizá, como se ironiza en los corrillos comunitarios. «Lo estamos intentanto todo, pero es imposible lidiar con él. Es frustrante», lamenta un veterano diplomático. «No vamos a entrar en una guerra de tuits con el señor Trump. La Unión Europea ha adoptado una actitud lineal, es decir, no responder a los picos hiperbólicos, sino entender de la mejor manera posible lo que se nos quiere decir dentro de una estrategia de no incrementar innecesariamente la tensión contestando», recalcó el ministro español, Josep Borrell. Nada de echar más leña al fuego. Nada de entrar al trapo. Eso sí, firmeza, toda.

¿Y quién su amigo?

Sorprendió, por ejemplo, como la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, llegó a la reunión con una sonrisa mucho más marcada que la de otras citas. Se trataba de eso, de no entrar en ese juego del 'cuanto peor, mejor' en el que Donald Trump es invencible. «Consideramos a Estados Unidos nuestros amigos, socios cercanos. Siempre lo haremos. Un cambio en la Administración no cambia la amistad entre países y pueblos», recalcó. «La pregunta para Trump es ¿a quién considera su amigo?», ironizó.

Reacciones hubo para todos los gustos. La más dura, la del ministro alemán, Heiko Maas: «Ya no podemos confiar totalmente en la Casa Blanca», zanjó. La más sorprendete, la del portavoz jefe de la Comisión, Margaritis Schinas. En griego, recordó un pasaje de la Antígona, la tragedia de Sófocles: «Nací para tener amigos, no enemigos». En lo mediático, tuvo su aquel, pero hablar a un personaje como Trump de Sófocles quizá no sea lo más práctico.

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