Timoshenko inicia su carrera a la presidencia de Ucrania

Julia Timoshenko, sin su característica trenza y con gafas, hizo oficial ayer su candidatura a la presidencia./EFE
Julia Timoshenko, sin su característica trenza y con gafas, hizo oficial ayer su candidatura a la presidencia. / EFE

La ex primera ministra, heroína de la Revolución Naranja y líder de Batkívshina, encabeza los sondeos para elecciones del próximo 31 de marzo

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal. Moscú

La ex primera ministra ucraniana, Julia Timoshenko, de 58 años de edad, heroína carismática de la Revolución Naranja de 2004 y cuya liberación de la cárcel se produjo tras el triunfo del Maidán, la revuelta que volvió a enardecer a las masas en el invierno de 2013-2014, fue ayer designada por su partido, la formación Batkívshina (Patria), candidata a las elecciones presidenciales del próximo 31 de marzo. Por ahora, encabeza la intención de voto en los sondeos.

Reunidos en el Palacio de los Deportes de Kiev, los delegados asistentes al congreso de Batkívshina aclamaron a Timoshenko y se mostraron seguros de que se alzará con la victoria en los comicios. Será su tercer intento por llegar a la jefatura del Estado y parece que esta vez va la vencida.

Lo primero que hizo fue pedir perdón por los errores cometidos en el pasado. Prometió que en adelante tendrá más cuidado y «no delegaré en otros» como hizo en su día en apoyo del que fue presidente Víctor Yúshenko o del primer ministro Arseni Yatseniuk. «Ahora seré yo quien tome directamente las riendas del país», declaró ya en octubre, cuando dejó claras sus ambiciones presidenciales.

Ayer, Timoshenko se comprometió a llevar a cabo un cambio de rumbo en la política de Ucrania. En clara alusión al actual presidente del país, Petro Poroshenko, la «dama naranja» dijo que «no voy a ganar dinero con la guerra» en el este del país. «No voy a tener negocios en el país agresor», añadió en referencia a las empresas que tiene Poroshenko en Rusia.

A su juicio, para acabar con el actual conflicto en las regiones sublevadas de Donetsk y Lugansk «necesitaremos una nueva estrategia». Timoshenko cree que los acuerdos de paz de Minsk son una buena base, pero «insuficiente». Según sus palabras, «necesitaremos implicar a la comunidad internacional en torno al memorándum de Budapest de 1994».

El actual mandatario, Petro Poroshenko, obtiene en las encuestas un 7,8% y quedaría en cuarto lugar

En aquel acuerdo, Rusia, EE UU y Reino Unido daban a Ucrania garantías sobre su seguridad y su integridad territorial a cambio de que entregase las armas nucleares que heredó de la desaparecida Unión Soviética. «Pero para la realización de estos planes hará falta reformatear completamente el poder», agregó. Ella ha empezado por hacerlo con su imagen, ya no luce la trenza rubia de antaño en forma de diadema. Ahora lleva el pelo recogido y utiliza gafas.

Entre quienes ayer respaldaron a Timoshenko asistiendo al congreso estaban el primer presidente de la Ucrania independiente, Leonid Kravchuk, y Filaret, que fue patriarca de Kiev hasta el momento en el que la Iglesia Ortodoxa de Ucrania se independizó a comienzos de enero del Patriarcado de Moscú. Recibió además vídeos de apoyo del exsecretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y del expresidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili. Timoshenko sigue manteniendo en su programa el ingreso de Ucrania en la Alianza Atlántica y en la Unión Europea.

Condena a prisión

Actualmente hay 13 candidatos inscritos para las presidenciales de marzo. El presidente saliente no está todavía entre ellos aunque se espera que su candidatura sea registrada antes de que expire el plazo el próximo 3 de febrero. Según una reciente encuesta, Timoshenko obtendría un 20% de los votos. A continuación aparece Anatoli Gritsenko, exministro de Defensa y líder de Posición civil (casi el 10%); le sigue Yuri Boíko del Bloque Opositor y también antiguo ministro (8,9%) y, en cuarto lugar, Poroshenko con un 7,8%.

La exjefa del Gobierno pasó dos años y medio en prisión tras ser reconocida culpable de «abuso de poder» al firmar con Vladímir Putin en 2009, siendo este también primer ministro, un acuerdo que establecía unas tarifas de gas consideradas «abusivas». Tanto la oposición como los países de Occidente denunciaron en su día que aquella sentencia tenía motivaciones políticas.