Encuentran muertos a tiros a la hermana del presunto autor del ataque de Ohio y al novio de ella

Imagen del lugar del tiroteo en Ohio. /Afp
Imagen del lugar del tiroteo en Ohio. / Afp

La masacre se ha saldado con nueve muertos y 27 heridos, uno de ellos se encuentra en estado crítico

MERCEDES GALLEGOWashington

Antes de que cantara el gallo, la masacre había vuelto a repetirse en otra esquina del país. Un joven de 24 años, que llegó armado hasta los dientes, con munición para hacer historia, y vestía chaleco antibalas para poder contarlo, abrió fuego alrededor de la 1 de la madrugada en la zona de marcha más concurrida de Dayton (Ohio). La policía estaba cerca y acabó con su rabia de un disparo certero en menos de un minuto, pero en ese tiempo 9 personas perdieron la vida y 27 resultaron heridas, la mayoría veinteañeros que se divertían en las terazas.

Una de ellas parece ser la clave de esta absurda masacre que conmocionó al país, cuando aún quedaban cuerpos tirados en El Paso. Megan Betts, de 22 años, era la hermana del asesino, que de haber querido matarla solo a ella no hubiera esperado a hacerlo en un lugar publico al que llegó cargado de munición. Varios individuos indicaron en las redes sociales que la joven, que parecía estar muy unida a su hermana a juzgar por las muchas fotografías de ambos, se había echado un novio de color que enfureció a su hermano mayor, pero la policía no ha confirmado ese ángulo, solo que el novio se encontraba entre las víctimas mortales, de las cuales seis eran de color y tres blancas.

El odio racista sería el eslabón que conectase la masacre de Dayton con la de El Paso, tan ligada esta última al discurso del presidente Donald Trump que muchas autoridades le acusaban ayer de ser cómplice del crimen. Muchas de las frases y el vocabulario que utilizó en su manifiesto el asesino de El Paso, que coopera con las autoridades, salen directamente de sus discursos y podían haber sido escritos por la Casa Blanca.

Los motivos del joven que intentó robarle los titulares con saña horas después son más confusos, pero apuntan en la misma dirección. El joven armado parecía haber planeado su ataque. Las víctimas celebraban un cumpleaños y una de ellas había dado a luz recientemente. Los disparos resquebrajaron la alegría de una noche de verano, que el presidente siguió celebrando en su campo de golf de New Jersey.

Nadie se conformó con su oraciones y alabanzas para las fuerzas del orden, que en ambos casos reaccionaron con rapidez. El clamor generalizado exigía que el mandatario saliera a condenar tajantemente el odio que él mismo ha propagado y ponga un alto a la reacción de sus seguidores. Ya no era una cuestión de política. Dirigiéndose directamente a él, el senador Bernie Sanders le suplicó su intervención. «Por favor, acabe con la retórica racista antiinmigrante. Detenga el odio en este país que está creando este tipo de violencia, no solo en El Paso y en Dayton». Por Twitter, Trump anticipaba alguna reacción, mientras evaluaba la situación. «¡Se darán actualizaciones a lo largo del día!», prometió enigmático.

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