TRUMP CON LAS ALAS RECORTADAS

DIEGO CARCEDO

Los votantes norteamericanos no han aplastado como muchos soñaban la prepotencia de Donald Trump, pero sí le han recortado ostensiblemente las alas. La pérdida de la mayoría en la Cámara de Representantes, por la que de hecho tienen que pasar sus decisiones cotidianas, es un golpe muy importante. Y no sólo por las limitaciones que va a suponerle sacar adelante muchos de sus proyectos – que tienen que ser aprobados por ambas cámaras -- sino también por el estímulo que la victoria global que supone triunfar en una votación de ámbito federal -- que representa a toda la opinión pública--, para los alicaídos demócratas.

Las elecciones eminentemente legislativas bianuales, popularmente conocidas como intermedias, siempre marcan un antes y un después con vistas a las presidenciales que en este caso se celebrarán en noviembre de 2020. Aunque Trump, haciendo alarde de su incontinencia verbal, proclamó una «tremenda victoria» cuando se conoció que mantenía, incluso reforzada, la mayoría en el Senado, la realidad es muy distinta. Quienes plantearon las elecciones como un plebiscito sobre polémico Presidente no lo consiguieron al cien por cien pero si en buena medida tanto en teoría como en la práctica.

Trump ya no es intocable ni podrá seguir gobernando con la ligereza que hasta ahora le permitía la mayoría en ambas cámaras. La mayoría demócrata en el Congreso hará que desde ahora tenga que aprestarse a negociar sus propuestas y a arriesgarse si no a un fuerte revolcón parlamentario. Sin luz verde en el Congreso las propuestas naufragan. Durante estos dos años actuó con una soberbia y un desprecio hacia los demás que acumuló muchas ganas de plantarla cara a sus opositores. Incluso el «impeachment», el inicio del proceso de destitución que amenaza su Presidencia, se vuelve más probable.

Es el Congreso el que por simple mayoría puede ponerlo en marcha, aunque, en este asunto, sí que la mayoría clara que han revalidado los republicanos en el Senado le ofrece la tranquilidad de pararlo. Tendría que ser refrendado por dos tercios de los cien senadores. Pero el Presidente si queda más expuesto que hasta ahora a que se abran y prosperen investigaciones delicadas en torno a su pasado reciente. Tiene muchos flancos abiertos y un muro protector se le ha caído. Más cuando el nuevo Congreso ha incorporado nombres jóvenes y combativos a sus escaños.

En otros aspectos de la gestión, como la derogación de la reforma sanitaria de Obama o el proyecto de construcción de una valla en la frontera de México, ya no podrá actuar con tanto margen de libertad sobre todo presupuestaria. La mayoría en el Senado le mantiene en cambio el control de algunos poderes importantes como el de ratificar los tratados internacionales, frenar iniciativas del Congreso, nombrar a los altos cargos de su Administración, nombrar a los embajadores en el extranjero y, lo que para el futuro siempre es crucial, designar a los jueces perpetuos del Tribunal Supremo.

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