Más líos de Trump

Coto de 'caza'. El presidente de EE UU posa con dos antiguas Miss Universo en una fiesta en Nueva York en el año 2011. / zuma
Coto de 'caza'. El presidente de EE UU posa con dos antiguas Miss Universo en una fiesta en Nueva York en el año 2011. / zuma

El libro 'Todas las mujeres del presidente' recoge nuevos testimonios de supuestas víctimas de abusos. «Es el retrato de un depredador»

PASCUAL PEREA

Los periodistas Barry Levine y Monique El-Faizy son los últimos en sacarle los colores a Donald Trump a causa de su propensión aparentemente incorregible a extralimitarse con tal de grabar nuevas muescas en el cabecero de su cama. En 'Todas las mujeres del presidente: Donald Trump y la creación de un depredador', libro que acaba de ser editado en Estados Unidos, construyen una detallada historia de las relaciones del actual inquilino de la Casa Blanca con las mujeres. Lo que emerge del reportaje, realizado a través de más de un centenar de entrevistas, es «el retrato de un depredador que se esconde detrás de su riqueza y poder institucional para acosar y abusar de mujeres», sostienen.

Mientras el mandatario estadounidense afronta las acusaciones públicas de dos docenas de mujeres, esta investigación revela otros 43 testimonios de presunto comportamiento inapropiado, incluyendo 26 casos de contacto sexual no deseado. En este extracto de 'Todas las mujeres del presidente', Levine y El-Faizy investigan una supuesta serie de tocamientos que habrían precedido a su compromiso matrimonial con Melania. Y también recogen hechos poco conocidos de la relación del mandatario con la primera dama.

En 1998, el director teatral británico Sam Mendes transformó un viejo teatro de Broadway en el Kit Kat Club para una readaptación de 'Cabaret', el famoso musical sobre el ascenso de los nazis en la Alemania de los años treinta. Fue en este escenario donde Donald Trump se topó con una morena impávida de 28 años y ojos azul acero, llamada Melania Knauss, que le llevaría al altar por tercera vez. En ella, dicen Levine y El-Faizy, encontró su complemento ideal, una mujer que parecía combinar la necesidad de protección de su primera esposa, Ivana, con la actitud hogareña de la segunda, Marla Marple.

«Donald Trump era una criatura de hábitos, y la historia de cómo conoció a la modelo eslovena suena familiar», dicen los autores. Llevaba alrededor de un año separado de Maples cuando fue al Kit Kat Club, donde se celebraba una fiesta de Victoria's Secret, acompañado por su amiga Celina Midelfart, una joven noruega de buena familia que vivía en la Torre Trump mientras estudiaba en la Universidad de Nueva York. Según el propio Trump, esa noche le iban a presentar a otra modelo, pero Melania le cautivó. «Me volví loco -confesó al presentador Larry King años después-. Allí estaba esa gran supermodelo con la que se suponía me iba a encontrar, sentada al lado de Melania. 'Yo les dije: Olvidadla, ¿quién es esa de la izquierda?'. Era Melania». Cuando Celina se fue al tocador, Trump vio la oportunidad para caer sobre Melania. Después de charlar un rato, le pidió a la modelo eslovena su teléfono, pero ella se negó a dárselo y le pidió en cambio el de él. Quedó impresionada cuando le recitó todos sus números: el de la oficina, sus casas de verano... todos. Su cortejo empezó con unas cuantas cenas para dos en Nueva York. Según relatan Levine y El-Faizy, no pasó más de un mes antes de que ella volara en el jet privado de Trump a Mar-a-Lago, la residencia del magnate en Palm Beach, Florida.

«Por supuesto, Melania no fue la única mujer en la vida de Trump en esa época -añaden los periodistas-. El empresario se veía además con dos modelos bien conocidas, Maureen Gallagher y Kara Young». Maureen, que nunca admitió su romance con Trump antes de ser entrevistada para este libro, le conoció después de que él hubiera empezado a verse con Young. «Tuvimos grandes conversaciones, hablábamos sobre toda clase de cosas, sobre todo de deportes y de sueños y esperanzas y sobre hacia dónde nos llevaba lo nuestro», detalló ella a los periodistas. Añade cómo el millonario le invitó a su apartamento de Mar-a-Lago, a su spa e incluso al cuarto de su hija Ivanka.

«Es un megalomaníaco»

También había otros hombres en la vida de Maureen, que nunca tuvo intención de establecerse con Trump porque se veía incapaz de darle la clase de apoyo que él parecía necesitar. «Me decía: 'Me quieres, ¿no? ¿Estás enamorada de mí?'. Y yo pensaba: es un megalomaníaco. No sabía qué decir, en plan, me gusta follar contigo. Se lo dije directamente: solo quiero pasármelo bien», relató a los autores del libro.

La relación de Trump con Kara Young, agregan, era diferente. «Él veía a Gallagher a escondidas y mostraba a Young en público. Y era ésta la que tenía la tarjeta de crédito de Trump». Los sentimientos de Donald por Kara eran tan fuertes que, antes de que hubieran pasado un año juntos, él le pidió matrimonio, según reveló el reportero de celebridades A.J. Benza en una entrevista para este libro. Ella, que tenía un hijo pequeño de su primer matrimonio, le rechazó. Pero Trump no aceptó un 'no' por respuesta. «Hizo numerosos intentos», asegura Benza.

De todas las mujeres a las que el ahora presidente conoció después de su segundo divorcio, era Kara a la que Melania veía como la mayor amenaza. «Sabía que Donald la consideraba diferente a cualquier otra mujer a la que pudiera conocer en la ciudad -dijo Benza-. Melania era consciente de que él trataba a Kara de otro modo: era la chica con la que estaba en casa, comía en casa y veía películas... estaba muy domesticado».

Melania aprendió muy pronto, y por las malas, que Trump no había roto totalmente con Kara cuando empezó a salir con ella. «Un día llegó a casa y vio en una toalla del cuarto de baño restos de un maquillaje que no era el suyo. Melania se lo tomó muy mal. Después de una pelea terrible, la mandaron en avión a Mar-a-Lago, con el pretexto de un problema de salud».

Ella finalmente perdonó a Trump y se reconciliaron unos pocos meses después, pero el magnate aparentemente no había abandonado sus viejas costumbres. Poco antes de comprometerse en matrimonio con Melania, Donald encadenó supuestamente una serie de tocamientos indeseados.

Un marido moribundo

Uno de esos incidentes habría tenido lugar durante una fiesta de Nochevieja en Mar-a-Lago, a comienzos del nuevo siglo, según desveló la presunta víctima, Karen Johnson, a Barry Levine y Monique El-Faizy. Esa noche, detalla en 'Todas las mujeres del presidente', fue a la residencia de Palm Beach con su marido, que sufría esclerosis múltiple. Allí habían celebrado unos años antes su banquete de boda, donde Trump «había estado revoloteando alrededor de mis damas de honor, pero conmigo había sido agradable».

En la fiesta de Nochevieja, Karen Johnson, vistiendo un vestido negro de Versace, bailó con sus amigas. Poco después de que una lluvia de globos cayera del techo con las campanadas de media noche, su marido le dijo que no se sentía bien, así que Karen decidió hacer una visita rápida al tocador antes de regresar ambos a casa. «Iba andando hacia el servicio cuando alguien me agarró y me empujó detrás de un tapiz. Era él», asegura. «Era fuerte, y me besó. Estaba tan asustada por ser él quien era... Ni siquiera sé de dónde salió».

Johnson declaró que después Trump la agarró de la mano y le dijo: «Tienes que ayudarme a despedir a los invitados», explicando que Melania había subido al piso de arriba. «Así que permanecí a su lado mientras él charlaba con algunos invitados en la puerta». Ella no quiso reflejar que algo iba mal para evitar una situación incómoda. «Tenía miedo de decir lo que había pasado -dijo-. Ni siquiera sabía cómo había sucedido».

En los días posteriores al incidente, añade Karen, Trump empezó a perseguirla. «Comenzó a llamarme. Cuando contestaba al teléfono, me decía: '¿Sabes quién soy?'. Yo reconocía su voz y me preguntaba cómo había conseguido mi número». Él la llamó regularmente a lo largo de una o dos semanas, ofreciéndole que volara a Nueva York para visitarle. Cuando ella dijo a Trump que no podía porque estaba cuidando a su marido moribundo, asegura que él la respondió: «No te preocupes por eso, nunca sabrá que te has ido». «Me dijo que estaría de vuelta a las seis. Era una locura, me iba a mandar en avión a Nueva York y de vuelta a Florida en el día para verle. Le dije: 'no, no, no'». Pero Trump insistió. Cuando él fue a Florida, la llamó proponiéndole enviarle un coche para llevarla a Mar-a-Lago. «Seguí diciendo 'no,no, no' -mantiene ella-. Estaba asustada, no sabía qué hacer».

De repente, las llamadas cesaron. Ella nunca volvió a Mar-a-Lago, ni confesó a su marido moribundo lo que había pasado. Años después, dice Karen, quedó impactada al oír a Trump describir en 'Access Hollywood' exactamente lo que le había hecho a ella. «Cuando él dijo eso de 'agarrarlas del chochito', me impactó mucho porque cuando me agarró y empujó contra el tapiz es de allí de donde me agarró», relata en 'Todas las mujeres del presidente'. Aunque teme no ser creída, tiene claro que Trump «es un monstruo, un niño inmaduro corriendo por ahí que no respeta a nadie más que a sí mismo y su ego gigantesco».

El presidente ha rechazado repetidamente todas las acusaciones contra él por acoso sexual, asegurando que eran invenciones que respondían a intereses políticos o a la búsqueda de fama. Ha alegado en su defensa que él nunca estaría solo en un club nocturno, por ejemplo, o que la acusadora no es lo suficientemente atractiva para llamar su atención. «Mírala: creo que no», dijo de una. «Creedme, ella no sería mi primera elección», señaló de otra. «Pero lo que más duele a estas mujeres es ser tratadas como si no valieran nada», concluyen Levine y El-Faizy.