Otra despechada de la Casa Blanca cuenta los chismes de Trump

Omarosa Manigault (d) observa a Trump. /Saul Loeb (AFP)
Omarosa Manigault (d) observa a Trump. / Saul Loeb (AFP)

La tres veces finalista de Apprentice que le siguió hasta la Casa Blanca como coartada ante los afroamericanos grabó sus conversaciones

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Omarosa Manigault Newman pasó del 'reality show' de Donald Trump en NBC al de la Casa Blanca y de allí de vuelta a los tabloides y los programas estrellas de NBC. La tradicional puerta giratoria contra la que luchaba Barack Obama para impedir que sus colaboradores se convirtieran en 'lobistas' conecta ahora con el 'prime time' de la parrilla televisiva.

Trump la ayudó ayer a subir unos peldaños al llamarla «escoria» en su traca de tuits matutinos. Meses atrás le había ofrecido un puesto en su campaña de reelección con un sueldo de 15.000 dólares al mes, pero ella lo rechazó porque lo consideró un intento de comprar su silencio. «No me ofrecían un trabajo de verdad, me dijeron que podía trabajar desde casa si quería. No les importaba si no aparecía», contó el domingo a NBC.

A esa cadena entregó la grabación secreta del momento en que el general John Kelly, jefe de gabinete de la Casa Blanca, le despidió «amistosamente» en enero pasado tras haber oído «cosas significativas sobre su integridad». Conllevaba una amenaza velada al pedirle que se fuera en silencio para que no tuviera «ninguna dificultad en el futuro relativa a su reputación» .

La afroamericana que sirvió de coartada a Trump durante la campaña para apelar a ese segmento de la población y negar que fuera un racista asegura en sus memorias que el presidente usaba la ofensiva palabra «nigger» durante los intermedios de las grabaciones en NBC de 'The Apprentice', lo que significa que es «un racista confirmado».

En su libro 'Unhinged', una palabra que en argot inglés se utiliza para hablar de alguien volátil y mentalmente inestable, la tres veces finalista de 'The Apprentice' asegura que el presidente ha ido perdiendo la cabeza y está fuera de control. Si no lo estaba, lo está después de ver su entrevista, porque ayer se pasó el día atacándola y retuiteando todos los desmentidos que alguien colgaba en la red para desacreditar el libro de «esta chiflada» a la que antes defendía a capa y espada «porque sólo decía cosas buenas» de ella «hasta que la despidieron». Echarla de la Casa Blanca fue un triunfo personal de Kelly, que tardó meses en convencer al mandatario de que no podía tener a una mujer sin funciones específicas entrando y saliendo a su antojo de las áreas de seguridad. Omarosa llegó a celebrar una fiesta de despedida de soltera para 39 personas en mitad de un día laborable en los salones de la Casa Blanca. Las huéspedes deambularon con alboroto por el ala oeste vestidas para la ocasión nupcial mientras tomaban fotos de los sorprendidos altos cargos que se encontraban por los pasillos. A Kelly aún le quedaba mucho por ver y oír.

Para comunicarle su despido la llevó a la famosa 'Situation Room' de la Casa Blanca, la sala de alta seguridad en la que se discuten las situaciones más críticas. El que Omarosa lograse introducir allí una grabadora es un gol humillante para la seguridad de la primera potencia mundial, que estudia denunciarla por ello e intenta impedir que el libro salga a la venta.

No hay nada en los adelantos que afecte legalmente al presidente, sólo chismes con los que confirma, entre otras cosas, la sospecha de que la primera dama Melania utiliza su vestuario para castigar a su marido, como se pensó después de aquella trenka de Zara en la que llevaba escrita en la espalda «I don't really care, do you? (A mí la verdad es que no me importa, ¿y a ti?». Lo que preocupa en la Casa Blanca es que nadie sabe cuántas conversaciones tiene grabadas y por tanto cualquier medida contra ella es, ahora más que nunca, una decisión crítica propia de la Situation Room.

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