Panmunjom, el último muro

Trump y Kim Jong-un en Panmunjom. /Reuters
Trump y Kim Jong-un en Panmunjom. / Reuters

En plena zona desmilitarizada, una franja minada de «tierra de nadie» que separa a las dos Coreas, se ubica la frontera donde se vieron Trump y Kim

PABLO M. DÍEZCorresponsal en Asia

Dividiendo la península coreana entre el norte comunista y el sur capitalista desde hace más de siete décadas, el Paralelo 38 fue la primera frontera de la Guerra Fría y es la última que queda. Totalmente cerrada al tránsito, se trata de una franja de «tierra de nadie» de cuatro kilómetros de ancho y 248 de largo conocida como la zona desmilitarizada. A pesar de su nombre, es el lugar del mundo con mayor concentración de soldados, armamento y minas enterradas por metro cuadrado. Hay tantas que se tardaría 300 años en quitarlas.

Como último vestigio de la Guerra Fría, con sus soldados armados tras las alambradas, el Paralelo 38 atrae cada año a miles de viajeros atraídos por su anacrónico encanto bélico. A unos 60 kilómetros al norte de Seúl, el lugar más impactante es el puesto de Panmunjom, donde Trump y Kim Jong-un se encontraron este domingo. Además de ser el escenario donde el norte y el sur se reúnen para sus contactos, se ha convertido en un popular destino turístico porque se puede ver a pocos metros a los soldados del otro lado.

Justo en medio, una fina raya de cemento marca la frontera entre las dos Coreas, atravesando sus famosas casetas azules como símbolo de la herida abierta entre ambos países. A unos metros de donde se firmó el armisticio que puso fin a la guerra librada entre 1950 y 1953, en la que la Unión Soviética y China apoyaron a norte y Estados Unidos y 21 países de la ONU al sur, el puesto de Panmunjom parece sacado de una película de espías. Rígidos como estatuas, con los puños cerrados y apretando la mandíbula bajo sus gafas de sol, los militares del Sur asoman medio cuerpo tras las casetas a unos pasos de los soldados del norte. Un duelo silencioso que atrae a numerosos turistas en grupos organizados.

Escenario de enfrentamientos, como el «incidente del hacha» que costó la vida a dos militares estadounidenses en 1976 o la deserción en noviembre de 2017 de un soldado norcoreano tiroteado por sus compañeros, la frontera del Paralelo 38 tiene otros muchos «encantos». Desde el «Puente Sin Retorno», donde ambos bandos se intercambiaban espías durante la Guerra Fría, hasta el estrecho y claustrofóbico 'Tercer Túnel', cuyo kilómetro y medio de longitud fue excavado por Pyongyang a 300 metros de profundidad para que su Ejército pudiera invadir al vecino del sur. Aunque el régimen comunista siempre ha negado esta acusación, Corea del Sur descubrió en los años 70 otras tres galerías subterráneas con las que sus militares pretendían penetrar en el país para conquistar Seúl.

Otro punto de interés es el observatorio del Monte Dora, desde donde se puede ver con prismáticos Corea del Norte y el «pueblo de la propaganda» de Kijong-dong, ya que se piensa que nadie vive en las dignas viviendas construidas intencionadamente allí. Mientras en Kijong-dong se alza una bandera de 160 metros de Corea del Norte, al otro lado, en Imjingak, hasta se ha instalado un parque de atracciones con unos carruseles y un barco vikingo, como el de las ferias, junto a la exposición de aviones y tanques que participaron en la contienda.

A su lado pasa un tren que se dirige a la estación de Dorasan, construida en plena zona desmilitarizada gracias al acercamiento entre las dos Coreas en el año 2000. Aunque esta línea ferroviaria iba a seguir hasta Pyongyang, acaba a pocos metros de la estación ubicada en el lado norcoreano. Dorasan es la última estación del sur, o la primera del norte pensando en la reunificación. Como un triste recordatorio, sus carteles indican que la capital surcoreana se halla a 56 kilómetros y a 240 la del norte, para la que incluso hay un andén. Como una cruel metáfora de las relaciones entre las dos Coreas, es una vía muerta.

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