La Virgen del Carmen, patrona valenciana 'de facto'

Grao. Fiestas en honor a la Verge del Carme. / RAFAEL SOLAZ
Grao. Fiestas en honor a la Verge del Carme. / RAFAEL SOLAZ

Los festejos en su honor son seña de identidad tanto del céntrico barrio como de los Poblats Marítims

ÓSCAR CALVÉVALENCIA.

«Y ara atenta la devoció, diga: Viva, nòstra abogada i princesa la Mare de Deu del Carme; viva el que fa tan gran festa que la fama ca son clarí clamarà, que atra com ella els nats no han vist en Espanya, ni veures igual se espera». La cita corresponde al epílogo de un texto publicado en 1799 en Valencia, cuyo objeto era, a través del verso, la narración de los festejos realizados aquel año en honor a la Virgen del Carmen. Podría pensarse que el elocuente y anónimo cronista se excedió en la loa. Que, como diríamos hoy, se vino arriba. Nada más lejos de la realidad. La fama de «la nòstra abogada i princesa la Mare de Deu del Carme» había alcanzado cotas inauditas y la devoción que suscitaba sacudía a todo el país y buena parte del continente. Entre los muchos reflejos de este prestigio destacaba la proliferación de textos tocantes a los milagros obrados por la Mare de Déu del Carme. Sirva un botón: en la primera mitad del siglo XVIII un tal Pedro de Fuentes escribía sobre Doña Francisca la Cautiva, una viuda que, viajando con sus tres hijos por mar a Roma, fue hecha prisionera por los turcos, al igual que sus pequeños.

Al analizar los tormentos sufridos por Doña Francisca, uno piensa que Juego de tronos es una serie infantil. Por fortuna, el final es, como era de prever, más amable. La Virgen del Carmelo resucita a uno de los niños, asesinado anteriormente por los infieles. Más tarde libera a los tres hermanos, a su madre, y ya de remate, provoca la conversión de los turcos al cristianismo.

La historia de doña Francisca se imprimió en muchas ciudades. Así ocurrió en Valencia, en el ecuador del citado siglo. Fue en la imprenta de los Laborda, ubicada en la céntrica calle de la Bolsería, en el barrio que precisamente lleva el nombre de esta advocación de la Virgen María, la de Carmen. Como sabrán, la primitiva casa de los carmelitas descalzos en Valencia se levantó muy cerca, todavía a finales del siglo XIII. De ahí que la patrona de las gentes del mar presente una doble celebración con sus correspondientes particularidades. Una en la costa. Otra en el centro de la ciudad. Las dos el mismo día.

Un grupo de eremitas del Monte Carmelo (Israel) formaron el embrión de los Carmelitas

Como cada año, el 16 de julio es día de felicitación, y lo que va delante, va delante: ¡enhorabuena Cármenes! Pero esa fecha es también jornada de recuerdo a los caídos en los mares, de confluencia de autoridades (civiles y religiosas) junto a los cuerpos de seguridad, de salves, de cantos tradicionales como el de la 'carxofa', de devoción, de folclore. Disculpen que me ponga un poco melodramático, pero en este mundo de urgencias tecnológicas pocas cosas están tan en peligro como el folclore. Definido por la RAE como «conjunto costumbres, creencias, artesanías, canciones, y otras cosas semejantes de carácter tradicional y popular», un servidor se atreve a sintetizar el significado del término: lo que dota de identidad a una comunidad.

La celebración de la Virgen del Carmen es un elemento de cohesión social donde por unos instantes los ciudadanos dejan de ver las pantallas de sus móviles para vivir la vida real, la suya, conscientes de su pertenencia a un colectivo, por heterogéneo que sea este. Obviamente este proceso de desarraigo es un hecho global (además de generacional), y por eso resulta imprescindible ponerlo en valor mediante todas las vías posibles. En este sentido, y ya entro en materia, agradezco la ayuda de dos personas que han tenido la amabilidad de colaborar en este reportaje y que llevan, dicho sea de paso, una vida defendiendo y revalorizando el patrimonio valenciano desde múltiples perspectivas. Alfredo y Rafael, los hermanos Solaz Albert.

Los antecedentes de la celebración

Los antecedentes de la historia de esta semana comienzan lejos. En espacio y tiempo. En concreto en el otro extremo del Mediterráneo, en el siglo XII, cuando un grupo de eremitas asentados en el Monte Carmelo (Israel) formarían el embrión de la orden de los Carmelitas, dedicada a la Virgen María, venerada como Nuestra Señora del Carmelo, o, mucho más extendida, la Virgen del Carmen. La devoción a esta se catapultó en el año 1251. Según la tradición, el 16 de julio. En una pequeña población ribereña inglesa llamada Aylesford, el carmelita Simón Stock experimentó una visión donde la Virgen María le entregaba un escapulario (objeto devoto formado por dos pedazos pequeños de tela unidos con dos cintas largas para echarlo al cuello) con poder divino. Literalmente. Liberaba almas del purgatorio, evitaba contagios pestíferos, etc. Como para no difundirse...

Un nuevo y doble impulso se produce en el siglo XVI. Por un lado, el Papa Sixto V oficializa la veneración marina al Carmen mediante una letanía que el mismo pontífice publica. Mientras, en España, calan diversas reformas de la orden donde la renovada austeridad sintoniza con la sensibilidad del pueblo. La Virgen del Carmen, la patrona del mar, contaba con una extraordinaria casa en Roteros (aunque más tarde mutara su dedicación a la Santa Cruz), y con su propia cofradía fundada en esa sede en 1606, como estudió Revert Navarro.

La devoción llegaría al paroxismo en el siglo XVIII. Lo demuestra el texto valenciano que abre el reportaje -analizado en su totalidad por Rafa Solaz en algunas de sus publicaciones-, la historia de Doña Francisca la Cautiva, o la normalización de la Virgen del Carmen como patrona de la marina española, impulsada por el almirante mallorquín Antonio Barceló en esa misma centuria. Ni qué decir que su protección se amplió a todas las gentes del mar y los históricos 'Poblats Marítims' se entregaron a su nueva patrona. Comprenderán que se produjera una bifurcación de los festejos, incluso un desdoblamiento de su imagen, que llega hasta nuestros días. En el Grao se celebra a las 10 horas una eucaristía en las históricas Atarazanas, con la presencia de las más altas autoridades civiles, religiosas, militares y, por supuesto, de la Cofradía del Carmen del Grao de Valencia. A continuación, arropada por marinos, la Virgen del Carmen con escapulario y con el Niño en brazos, era y es trasladada hasta nuestro mar, repleto este de embarcaciones que rezuman emoción. La banda militar interpreta la Salve Marinera en honor a la Virgen, entre otros himnos, incluido el valenciano y el nacional. Con la imagen religiosa ya subida en una barca, se depositan coronas de flores sobre el piélago, en homenaje a los caídos en el mar. A su regreso la Cofradía de Pescadores celebra una procesión interna y una gran fiesta entre compañeros.

Cabe reseñar que aunque hoy nos centremos en la capital, pescadores de decenas de poblaciones valencianas vivirán emociones similares mañana, cuando saquen sus respectivas imágenes al mar: algunos para solicitar la protección divina, otros para reivindicar 'la germanor', diluida como espuma de mar entre tanto Netflix.

La Virgen del Carmen en Valencia

En el barrio del Carmen un temprano volteo de campanas anuncia el día grande. A los más madrugadores se les ofrece un pequeño ágape. Un aspecto que ha variado es la menor proliferación de los puestos de vendedores de ramilletes silvestres, de panojas, de melones... del tradicional 'porrat'. Confería un tono urbano más cercano, más autóctono, que se agudizaba con los bailes regionales y la recitación de mayos, entre otros actos. En cualquier caso, la tarde continúa concentrando los actos más significativos. Tras la misa solemne en honor a los fallecidos cercanos, una espectacular procesión recorre un itinerario que varía cada año, aunque siempre dentro del barrio. ¿La razón? Hacer partícipes a todos los vecinos. Incluso los más desfavorecidos (ya vimos la pasada semana que el Carmen era un barrio de artesanos), se comprometían a engalanar el variable recorrido.

Un momento especial es el retorno de la Virgen del Carmen -con el Niño en una imagen independiente- a su iglesia (oficialmente de la Santa Cruz). Allí, en una de sus fachadas pende un artilugio mecánico con forma de alcachofa. 'La carxofa' se abre y muestra un niño que acto seguido interpreta un antiguo motete, cuya renovada letra en valenciano la compuso Santiago Sansaloni en 1981. Por cierto, el 'cant de la carxofa' se realiza en muchas localidades desde antaño por causas distintas. Su precedente primigenio -no el musical y sí el del atrezo- se ha de situar en los actos escénicos medievales. Pero no retrocedamos tanto y volvamos la mirada atrás medio siglo: «Sin móviles, sin ordenador, incluso muchos sin coche, el sentir y el querer de la gente hacia su patrona era fundamental en el barrio». Alfredo Solaz dixit. Ya tienen plan para mañana.

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