El monasterio de la Trinidad recobra la vida

Las religiosas que ahora habitan La Trinidad, en el claustro del convento. / Damián Torres
Las religiosas que ahora habitan La Trinidad, en el claustro del convento. / Damián Torres

Una comunidad de religiosas Siervas del Hogar de la Madre llegan al convento que en 2014 dejaron las clarisasLas monjas se ocupan de ayudar a los capellanes del Hospital Clínico y de dar catequesis en varias parroquias

LAURA GARCÉS VALENCIA.

El histórico monasterio de la Trinidad vuelve a estar habitado. Una comunidad de religiosas Siervas del Hogar de La Madre le han devuelto la vida. El convento erigido en el siglo XV y que quedó deshabitado hace cerca de cinco años cuando se despidió de sus muros la vida contemplativa de las clarisas es ahora la casa de las hermanas María -superiora- Alison, Alejandra, Sara, Dana, Helen, María Ángeles e Inmaculada. Son los nombres de una nueva etapa para avanzar en el siglo XXI. Advierten de que ahora están ellas, pero pueden cambiar.

Desde su nueva casa y en alegre conversación cuentan detalles de la misión y los proyectos que las acompañan. Llegaron a tierras valencianas en 2010 y se instalaron en el convento que entonces dejaron libre las dominicas en Torrent para desplazarse a otra casa.

Ahora han pasado al espacio que dejó la comunidad de clarisas. Visten hábito blanco y son jóvenes, entre 23 y 44 años, circunstancia que llama la atención en tiempos en los que las vocaciones no son frecuentes, aunque apunta la hermana María que la congregación -nacida en Toledo en 1984- «tiene vocaciones. En nuestro noviciado hay ahora 22 novicias».

Cada una de las nuevas moradoras de la Trinidad han tenido un recorrido distinto por la vida. Relatan que unas terminaron sus estudios de enfermería o de maestra. Otras, iniciaron la formación universitaria, pero la dejaron al integrarse en la congregación. Alguna, desde muy joven se decidió por la vida religiosa. Han llegado desde Santander, Valencia, Toledo, Sevilla, Estados Unidos y Venezuela devolviendo la actividad al monasterio. Emprenden el viaje en respuesta a una vida religiosa distinta a la contemplativa. No son monjas de clausura, ellas salen a la calle. Hay un cambio respecto al anterior periodo, pero el monasterio no «pierde el sentido de la vida espiritual y de apostolado», aclara la hermana María.

Actividad pastoral

La superiora, acompañada del resto de la comunidad, explica que su acción incluye el apoyo a los capellanes del Hospital Clínico. Se encargan de visitar a enfermos y también de acercar la Comunión a quienes la solicitan en el centro sanitario. Además, colaboran con la labor de catequesis en parroquias como la de San Dionisio en Valencia o la de San Bartolomé y San Jaime en Nules. Y quizás pronto, también en otras comunidades parroquiales.

Llegaron a principios de verano y ya han aportado sus primeros granos de arena con iniciativas como «unos ejercicios espirituales para laicos» y también actividades dirigidas a niños. «Evangelizar es nuestro objetivo», y pronto habrá más. Ya están diseñando un programa que incluirá que cada jueves se celebre «la adoración al Santísimo, convivencias con niños y con familias, así como reuniones de formación». Todo «se está preparando ahora». Andan afanadas en diseñar y disponer de un programa para avanzar en su misión sin dejar de atender «la revista, emisiones de radio a través de internet o dar a conocer por 'You Tube' testimonios relacionados con su carisma».

Dan así continuidad a la presencia de religiosas en la Trinidad después de que en enero de 2014 las clarisas que habitaron el monasterio desde el siglo XV dejaran la casa junto al viejo cauce del Turia para trasladarse al convento de la Puridad.

Aquel cambio se enmarcaba en los procesos de fusión que se habían estrenado en el territorio de la vida religiosa contemplativa para hacer frente a tiempos de envejecimiento de las religiosas y escasez de vocaciones. Aquel acontecimiento dejó en el aire el destino que aguardaba a este convento. Ahora, y casi un lustro después, La Trinidad estrena nueva etapa de la mano de las religiosas Siervas del Hogar de la Madre.

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