Marina fascina con el azul atlantis

Marina Civera, en la exaltación./Juan J. Monzó
Marina Civera, en la exaltación. / Juan J. Monzó

La fallera mayor de Valencia hace un guiño a su afición por el surf al escoger el espolín

Lola Soriano
LOLA SORIANO

Marina Civera sorprendió anoche a los valencianos con un espolín azul atlantis muy a tono con su nombre, ya que el mar y el surf forman parte de su filosofía de vida. Esa fue la entrada de la fallera mayor de Valencia en el Palau de la Música, aplaudida por su corte de honor y flanqueada por la mantenedora, Rosángeles Valls, y el concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset.

La noche comenzó con un fallo de protocolo. La entrada de la fallera mayor infantil de Valencia, Sara Larrazábal, se produjo en solitario porque no había ninguna autoridad para recibirla. Igual ocurrió con su corte de honor. Al ver que no se iban a hacer la foto protocolaria, subieron enseguida a los palcos. Minutos después, apareció del interior el alcalde de Valencia, Joan Ribó, el conseller de Hacienda, Vicent Soler y la concejala y presidenta del Palau de la Música, Glòria Tello, en la bienvenida a la fallera mayor.

La elección del tono de Marina Civera fue un acierto. El azul que simulaba la profundidad del océano llevaba tres metales y destacaba el oro volteado crema, así como las decoraciones florales, donde predominaron los tonos suaves y empolvados, que le daban personalidad y elegancia en el porte.

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No es la primera vez que una máxima representante de la fiesta confía en una tonalidad azul. De hecho, Daniela Gómez, fallera mayor infantil de 2018, utilizó un azul turquí. Dos años antes, Alicia Moreno, fallera mayor de Valencia, apostó por un azul imperio, aunque en este caso era más claro. En 2012, la fallera mayor infantil, Rocío Pascual, lució un azul cobalto intenso y en 2010, Piti Giménez estrenó en su exaltación un azul zafiro que tenía cierto parecido a la tonalidad elegida por Marina Civera.

La fallera mayor infantil, Sara Larrazábal, también fue de estreno. Llevó una seda natural estrecha de Vives y Marí de nombre Lamballe con fondo borgoña y con 16 colores de trama y color oro. Como adelantó LAS PROVINCIAS, la corte de honor infantil y la propia Sara combinaron un traje del siglo XVIII con un único moño.

Una de las anécdotas de la noche fue que no se dispararon tró d'avís, como marcaba hasta ahora la tradición para recibir a las cortes de honor y a las falleras mayores. En este caso, no fue un olvido ni un fallo de protocolo, sino que se había dado la instrucción desde el Consistorio de evitar hacer ruidos por la noche. De hecho, el castillo que cerró el acto también fue algo más corto de lo habitual. Del mismo modo, el Ayuntamiento había solicitado que fuera lo menos molesto posible, una medida que se anticipa a la prohibición de no tirar petardos en Fallas más allá de las dos de madrugada, un horario que se limitará a medianoche el resto de los días de fiesta.

Antes de que empezara la exaltación, llamó la atención el lleno de políticos, una presencia masiva de todas las formaciones. No faltó María José Catalá ni Eusebio Monzó por el PP, así como Fernando Giner y Amparo Picó por Ciudadanos. Por parte del PSPV acudió Sandra Gómez y Ramón Vilar, entre otros. El hemiciclo acudió en pleno prácticamente, con todos los ediles.

El espectáculo de la exaltación fue un acierto. La apuesta por la Banda Municipal de Valencia era ganadora y eso unido al sonido de la dolçaina, las voces de cantaors y el baile de un grupo de danza, hizo que el resultado fuera excepcional. No en vano, llevaba por nombre 'Arrels', demostrando las raíces valencianas. El inicio de la actuación estuvo enmarcado en sabor popular con canciones populares muy conocidas.

También hubo sonido de Moros y Cristianos, con uno de los momentos más emotivos con el solo de una dolçaina y luego, los músicos de la banda municipal combinaron esas notas con aplausos que formaban parte del ritmo de la canción, a lo que el público se sumó enseguida, con ganas de fiesta.

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Otro de los guiños interesantes del espectáculo fue cuando uno de los músicos empleó un guitarró, un instrumento que a Marina Civera le recordó al ukelele que ella tocó en la boda de su hermana Paula. Muy emocionadas también siguieron el acto Rocío Gil, fallera mayor de 2018 y Daniela Gómez, fallera mayor infantil. La primera escogió un traje de José Polit en tono marrón habane. Casualmente, era la misma gama que en su exaltación el año pasado para su espolín. Daniela apostó por un traje que estrenó el día de su despedida de reinado, creado por Marta Ródenas y que combinaba el tono azul y el negro.

Cantó el himno de Valencia Aisha Bordás, corte de 2013 y se estrenó la canción homenaje a Ofrenda.

La velada resultó redonda. Ni llovió como el año pasado ni hubo fallos en la llegada de la fallera mayor, al contrario de lo que ocurrió en 2018, cuando Rocío Gil tuvo que hacer el tramo final del recorrido a pie por la avería del coche de época que la traía desde la plaza del Ayuntamiento.

Marina Civera vive justo al otro lado del viejo cauce, aunque tuvo que seguir el protocolo de acudir a la sede Consistorial para el inicio oficial del acto. De hecho, a las ocho de la tarde, cuando las compañeras de la corte de honor y la directiva de la Junta Central Fallera fueron a esperarla en la puerta de su casa, los aplausos se oyeron desde la misma puerta del Palau, donde el grupo de tabal y dolçaina de la Junta Central Fallera estaban interpretando piezas para ambientar la espera.

El resto de la gala transcurrió con escaso retraso. El público mostró su afecto en la recepción de cada una de las canastillas de flores que llegaron al escenario, como la del Valencia C.F. en el año de su centenario, la del Levante U.D. o la aplaudida Senyera que entrega cada año Lo Rat Penat. El alcalde Ribó, en el último año del mandato, cumplió con el requisito de imponer la banda a Marina Civera para proclamarla como fallera mayor de Valencia.

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