Tercera Edad

El deporte no se jubila

La fragilidad afecta aproximadamente al 15% de los mayores de 65 años, pero su aparición disminuye con la práctica deportiva./LP
La fragilidad afecta aproximadamente al 15% de los mayores de 65 años, pero su aparición disminuye con la práctica deportiva. / LP
Los beneficios son amplios y mejoran la memoria, la atención, la capacidad de reacción e incluso ciertas áreas cerebrales
RAFA HONRUBIA.

«El hombre no deja de jugar porque se hace viejo. Se hace viejo porque deja de jugar». Se atribuye esta cita al premio Nobel irlandés George Bernard Shaw. Podríamos cambiar la palabra 'jugar' por 'hacer deporte' y el significado, aunque exagerado, tendría un elevada dosis de veracidad. La cantidad de tiempo dedicado a la actividad física disminuye con la edad por diferentes razones. En Europa, el 50% de la población mayor de 60 años no realiza ninguna actividad deportiva. Sin embargo, está sobradamente demostrado que la actividad física regular reduce el riesgo de muerte prematura. Han pasado bastantes años desde que se llevaron a cabo las primeras investigaciones en este sentido.

El epidemiólogo británico Jerry Morris fue un pionero en este campo. Conocido como 'el hombre que descubrió el ejercicio', Morris estableció la importancia de la actividad física en la prevención de las enfermedades cardiovasculares en el conocido como London Bus Study, que llevó a cabo tras la Segunda Guerra Mundial. Morris estudió la cantidad de ejercicio realizado por los conductores y por los revisores de los autobuses londinenses de doble planta. Los primeros estaban sentados durante su jornada laboral y los segundos en movimiento, subiendo y bajando escaleras continuamente. Los conductores padecían un mayor riesgo relativo a padecer enfermedades cardiovasculares que los cobradores.

Este estudio abrió la puerta a varias líneas de investigación que se han extendido y ampliado en los últimos 60 años. «Actualmente sabemos que los beneficios del ejercicio son muy amplios e incluyen mejoras en la memoria, la atención, la capacidad de reacción e incluso en el tamaño de ciertas áreas cerebrales. Los beneficios de la actividad física son evidentes, no solo en personas sanas sino también en pacientes», destaca Mari Carmen Gómez Cabrera, catedrática del Departamento de Fisiología de la Universitat de València (UV) e investigadora del Grupo de Investigación en Envejecimiento y Ejercicio Físico del Incliva. «La evidencia científica vincula la actividad física con multitud de beneficios, especialmente en las enfermedades asociadas al envejecimiento tales como el cáncer, diabetes, hipertensión o el Alzheimer», destaca.

Dentro de 30 años, las personas de más de 60 años multiplicarán por cinco las que había en 1950, según calculan los expertos. El envejecimiento de la población supone un reto para los sistemas de salud actuales ya que las personas mayores contribuyen, en un porcentaje muy significativo, al gasto sanitario. A medida que la expectativa de vida aumenta, también lo hacen las enfermedades asociadas al envejecimiento. «Mientras podamos garantizar un envejecimiento saludable, en el que mantengamos las expectativas de vida actuales acompañadas de una calidad de vida, iremos por buen camino. El ejercicio físico es, sin duda, clave en ese sentido», puntualiza la catedrática.

Programa Mejora

Además de los fisiológicos, también existen beneficios emocionales y sociales derivados de la práctica deportiva. «Las escalas de depresión y de apoyo social percibido mejoran significativamente en adultos mayores cuando realizan ejercicio», explica Gómez, que coordina el Programa Mejora junto al doctor José Viña, director del Grupo de Investigación en Envejecimiento y Ejercicio Físico. El objetivo de este plan es retrasar y prevenir la fragilidad, un síndrome geriátrico que se caracteriza por un aumento de la vulnerabilidad ante situaciones de estrés y que hace que en un sujeto aumente el riesgo de discapacidad, mala calidad de vida, institucionalización o incluso muerte. La fragilidad afecta aproximadamente al 15% de los mayores de 65 años.

«Un aspecto importante que tenemos en cuenta en nuestros programas de entrenamiento es el componente social. Nosotros planteamos los entrenamientos en grupos de siete a nueve personas. Esto favorece la socialización, sabemos que el aislamiento en un factor de riesgo para el desarrollo de demencia en las personas de edad avanzada. Se considera que el 35% de los casos de demencia podrían ser prevenidos si se actúa sobre nueve factores de riesgo modificables. Entre ellos se encuentran la inactividad física y el aislamiento social», resalta Gómez.

Tradicionalmente no se ha tenido en cuenta la heterogeneidad de las personas de la tercera edad a la hora de prescribir programas de ejercicio. Se las metía a todas en el mismo saco. Sin embargo, el estado de cada sujeto puede ser radicalmente diferente. «Nuestro grupo lleva años trabajando en la aplicación de entrenamientos personalizados para maximizar sus efectos beneficiosos», apunta. Es la propia sociedad la que convierte en mayores a personas que todavía están en un momento físico muy bueno. Pero la percepción hacia las personas mayores y sus capacidades está cambiando. «Hace unos años se consideraba que el adulto mayor sólo podía hacer ejercicio aeróbico y de muy baja intensidad. Actualmente nosotros estamos utilizando programas de ejercicio de mayor intensidad y en los que se trabaja no solo la resistencia aeróbica sino también la fuerza muscular», concreta. El paseo diario o el baile, dos actividades que se recomiendan con mucha frecuencia, ya no son suficientes.

Jugadores de rugby

Recientemente, José Viña y Mari Carmen Gómez han publicado un nuevo estudio que demuestra cómo el ejercicio físico puede mitigar algunas de las pérdidas cerebrales asociadas a la edad y al envejecimiento. El objetivo de la investigación era determinar si el entrenamiento deportivo a largo plazo, con una media de 35 años de práctica, podría retrasar el inicio de la pérdida fisiológica de memoria. Para realizar el estudio se reclutaron 86 varones sanos de edades comprendidas entre los 17 y los 68 años. Entre ellos, se incluyó a un grupo de mediana edad, en torno a los 55 años, de jugadores de rugby con una media de 15 a 35 años de práctica deportiva pertenecientes al club de rugby XV Matusalem Sant Cugat y otros jugadores de los Kings Pebrots y del Club de Rugbi de Barcelona.

En los jugadores de rugby más experimentados se encontraron mejoras significativas en las pruebas de recuerdo selectivo libre y facilitado -conocidas como FCSRT, por sus siglas en inglés y que sirven para medir el aprendizaje verbal y la memoria- cuando se compararon con sujetos de la misma edad, pero sedentarios. También se detectó una disminución significativa en el malondialdehído en plasma, un índice de peroxidación lipídica, en sujetos entrenados de mediana edad y jóvenes.

Nunca es tarde

«Sabemos es que si se practica ejercicio a lo largo de toda la vida de forma regular los beneficios se maximizan», afirma Gómez, aunque matiza: «El primer mensaje que se debe hacer llegar a la población es que nunca es tarde para empezar». «Esto implica que cuanto antes empecemos muchísimo mejor. Si consiguiésemos incorporarlo como un hábito, de forma temprana, en nuestra vida diaria, las tasas de inactividad se reducirían significativamente en nuestra población. Los hábitos se educan. En mi opinión, fomentar la práctica de ejercicio físico en la infancia es clave para garantizar una continuidad a lo largo de la vida», destaca.

Los estudios, hasta ahora, habían demostrado los efectos positivos del ejercicio físico en la memoria en adultos mayores con deterioro cognitivo o con Alzheimer. En el caso de esta reciente investigación la cosa va más allá. «Hemos demostrado que también tiene beneficios en el envejecimiento cerebral normal, en las pérdidas de memoria fisiológicas asociadas a la edad», asegura la profesora de la Universitat de València.

Preguntada por los deportes más recomendados para las personas mayores, Gómez añade que no se puede generalizar. «Deportes como la natación se pueden practicar a lo largo de toda la vida porque son muy poco lesivos. Sin embargo, hay varios factores que hay que tener en cuenta a la hora de hacer recomendaciones de deportes concretos. Si hablamos de una persona que lleva toda la vida corriendo, perfectamente puede continuar con la práctica de ese deporte a partir de los 50-55 años. Si hablamos de alguien que no ha hecho ejercicio de forma habitual, su estado funcional nos va a marcar la mejor recomendación», concluye.