Tradición

El Progreso de Bicorp, la entidad que vertebra a toda una población

Vista general de Bicorp, con un campo de olivos en primer término. /LP
Vista general de Bicorp, con un campo de olivos en primer término. / LP
Con la almazara como eje principal de la producción, la cooperativa busca fórmulas para evitar el abandono de campos
J. FALOMIR. Valencia

Enclavada entre el río Escalona y el macizo de Caroche se extiende la localidad de Bicorp, en la comarca valenciana de la Canal de Navarrés. Emplazada sobre una pequeña colina, se encuentra rodeada por un meandro que forma el Barranco Moreno.

Si por algo es sobradamente conocida Bicorp es por la existencia de la Cueva de la Araña, cuyas pinturas rupestres muestran una escena única en el mundo y nombrada patrimonio de la humanidad, la de la recolección de la miel, lo que demuestra claramente que se trata de un asentamiento habitado desde tiempos prehistóricos por diferentes grupos de pobladores.

En este entorno tan especial, se fundó en 1934 el sindicato agrario de Bicorp que cinco décadas más tarde se convertiría en la Cooperativa El Progreso, con el objetivo prioritario de construir una almazara que diera servicio a los agricultores de una comarca en la que los olivos son la base de su economía agroalimentaria.

«También cultivamos algo de frutos secos, principalmente almendras y algarrobas, pero prácticamente el 90% de la producción actual de la cooperativa es el aceite y la aceituna», comenta Alfredo Martínez, gerente de la cooperativa El Progreso de Bicorp.

De lo que no cabe duda es del gran arraigo que tiene la cooperativa en el municipio, puesto que con una población de algo más de 560 habitantes, hay más de 500 socios. «Aquí todos son socios, abuelos, padres e hijos, es casi una tradición familiar, puesto que la cooperativa forma parte de un pueblo en el que no hay otra industria y se vive de la agricultura y la ganadería como principal recurso económico», precisa Martínez.

Planta de biomasa

Hace tres años se puso en marcha un proyecto para la construcción de una planta de biomasa, impulsado por el Ayuntamiento en colaboración con la empresa Ingelia, que era la encargada de realizar el diseño y de asumir la dirección de ingeniería de la planta que fabricaría pellet negro para alimentar estufas domésticas y calderas industriales. Un combustible más limpio y económico que el carbón, obtenido a partir de los recursos forestales de la zona. La cooperativa mostró su interés por participar en esta iniciativa que hubiera supuesto una importante fuente de ingresos directa o indirecta para todos los habitantes. «Sin embago el proyecto al final no cuajó y todo se quedó en una serie de reuniones y estudios que finalmente se desestimaron», añade el gerente de El Progreso.

En cuanto a la elaboración de aceite en Bicorp, el gerente señala que la producción no ha crecido en número de hectáreas cultivadas, pero en los últimos años sí que se ha incrementado el volumen de aceitunas «gracias al regadío de apoyo». «Nosotros tenemos nuestra propia almazara, la que fue el origen de la cooperativa y que se ha ido modernizando, pero de momento no formamos parte de ningún grupo oleico junto a otras localidades próximas. De lo que sí nos encargamos desde hace un par de años es de molturar las olivas de la vecina cooperativa de Quesa».

El aceite de oliva virgen extra de Bicorp, de gran calidad, se elabora a partir de las variedades de aceituna blanqueta y manzanilla. Es un aceite de oliva de color amarillo verdoso con aroma y sabor afrutado de una intensidad media. «Antes también se cultivaban cítricos en esta zona, pero hace más o menos una década se abandonó a causa de la gran caída de los precios de la naranja. Los pocos árboles que quedan sirven para el autoconsumo de sus propietarios», asegura Alfredo Martínez.

En cuanto al relevo generacional en la agricultura, en Bicorp «es mínimo» puesto que es un pueblo que ha ido perdiendo población en los últimos años. «Está claro que si a alguien le sale un trabajo abandona las tareas del campo, pero aún así hay jóvenes que dedican parte de de su tiempo a los cultivos, sin que sea su principal actividad. Nosotros siempre estamos buscando fórmulas para evitar el abandono de las tierras», concluye Alfredo Martínez.

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