Libros, mentiras, programas

Sánchez, aconsejado por sus asesores, cambió la brújula que el día anterior apuntaba al líder del PP y se dedicó a fajarse con Rivera

Libros, mentiras, programas
JUAN CARLOS VILORIA

Ayer, 23 de abril, era el día de San Jordi. El del libro y la rosa. Los regalos que intercambian enamorados, amigos, conocidos o amantes. Aprovechando la oportunidad Rivera y Sánchez pensaron en hacerse un obsequio envenenado y al poco de dar comienzo el segundo debate se cruzaron el regalito. Rivera le regaló a Sánchez un ejemplar con su controvertida tesis doctoral («para que se la lea») y Sánchez le obsequió a Rivera el libro de entrevistas de Santiago Abascal firmado por Sánchez Dragó para que se vaya familiarizando. El golpe de efecto parecía presagiar una batalla campal entre los dos gallitos del cuadrilátero.

Pero con el paso del tiempo se fueron colando en el primer plano los dos candidatos menos esperados que habían salido más tocados del plató de la televisión pública: Casado e Iglesias. Pero Sánchez probablemente, aconsejado por sus asesores, tenía la consigna de centrar sus ataques contra el líder de Ciudadanos a quien la mayoría de los medios habían situado como ganador del primer debate. El presidente cambió la brújula que el día anterior apuntaba al líder del PP y se dedicó a fajarse con Albert Rivera cortando insistentemente sus intervenciones, tachando de falsedad, susurrando entre dientes para descolocar al adversario.

Lo que ayer quedó claro es que a Sánchez no le gustan los debates. No soporta la crítica y le falta solidez a la hora de defender sus medidas programáticas. Obligado a leerlas ofrece una imagen artificiosa y poco creíble. Al contrario que Pablo Casado, que ayer hizo un alarde de memoria y argumentación poderosa superando claramente su actuación del primer debate. Pero junto a los libros envenenados volvieron a relucir las acusaciones de falsear datos, tunear actuaciones de pasado o llanamente de mentir a los votantes.

En esa maraña de contradicciones el indeciso votante, que se ha llegado a evaluar en ocho millones de ciudadanos, tuvo que entrar como en una jungla para intentar discernir la realidad de los brindis al sol: blindaje constitucional de las pensiones, 1.200 euros por barba, pisos regalados, empleo fijo y bien pagado, ayudas a todas las minorías, creación de empleo por millones. ¡Y los autónomos¡ Serán la nueva clase privilegiada de creer a los aspirantes a la Moncloa.

Al final quedó bastante claro que el 28 de abril el votante se enfrenta a la disyuntiva de decidir entre dos ofertas políticas diametralmente distintas. El bloque de izquierda PSOE y Podemos propone un viraje a la izquierda fiscal, estatal, intervencionistas puro y duro. Y el bloque liberal conservador ofrece una política de bajada de impuestos, libre mercado y apoyo a la competitividad y a los emprendedores. Las espadas quedaron en alto en una noche en que claramente Pablo Casado fue el más inspirado en la exposición y en la dialéctica y Pablo Iglesias recuperó el perfil extraviado.