Agricultura exprimida

Agricultura exprimida

El sector lamenta que la Unión Europea haya abierto las puertas a la competencia desleal de países como Sudáfrica y exige medidas | El campo valenciano agoniza: «Los políticos saben lo que hay que hacer: más controles y un canon a la naranja que llega de fuera»

HÉCTOR ESTEBAN VALENCIA.

Los tractores forman parte del paisaje urbano de Cheste, uno de los muchos municipios de la Comunitat Valencia donde la agricultura relata una vida. Al volante, con cabina o sin ella, van muchos jóvenes. Gente que trabaja los campos de naranjos y viñas. En las afueras del casco urbano las cooperativas lucen y en la plaza, a dos pasos del ayuntamiento, está el casino La Agrícola, punto de reunión de generaciones. Allí se habla de campo. Del de antes y del de ahora. Los tiempos pasados siempre fueron mejores. Llama la atención que en el organigrama del Ayuntamiento de Cheste no exista una delegación exclusiva de agricultura. Tampoco la hay en la Generalitat, donde el campo ya forma parte de un totum revolutum en el que cabe el Medio Ambiente, el Cambio Climático y el Desarrollo Rural. El campo valenciano atraviesa una de sus peores crisis. Los agricultores han salido a la calle, Europa se ha echado en brazos de otros países con peores controles de calidad y el futuro es el abandono y las malas hierbas. Ahora mismo no renta. Más de uno ha arrancado sus árboles por la impotencia. Algo increíble en otra época. La competencia desleal, las puertas abiertas de la UE al descontrol y la falta de calidad en productores de otros países afectan a la fruta española. La barra libre europea es una condena.

«Claudio, ¿cómo estás?», pregunto. «Bien, aquí, esperando a ver si llueve o no llueve», contesta. «¿Y tú que quieres?», apunto. «Si quiere que llueva pero que no caiga piedra», suplica. La conversación es durante la víspera de Jueves Santo pero sirve para cualquier día del año. Los agricultores siempre amanecen mirando al cielo y pocas veces están del todo contentos.

Claudio es de Godelleta. Sus manos abarcan. Trabajadas y duras del pilotari que fue. Vive de la tierra. «¿Cómo está el campo?», pregunto. «Mal no, lo siguiente», lamenta. Culpa a los políticos: «Han permitido la entrada en Europa de cítricos de cualquier sitio sin los mínimos exigibles. Grecia, Turquía, Marruecos, Sudáfrica... Y nosotros no podemos hacer frente ni en mano de obra ni en los productos que utilizan. Allí los salarios están más bajos, aquí tenemos mil trabas en los tratamientos y allí utilizan lo que les da la gana», explota.

Claudio exporta y asegura que sus clientes extranjeros le han dicho que lo que han visto este año no ha pasado nunca: «Hay naranjas de veinte mil orígenes». Este agricultor se ha trabajado el hueco en el mercado internacional. Se ha movido y ha viajado. A buscar su mercado. «Entra naranja de otros países en Europa a un precio con el que no cubro yo ni los gastos», señala.

«Abandonar un campo es muy triste. Si lo haces no te cuesta dinero pero pierdes toda la herencia. Y si lo llevas, no sacas para gastos», ese es el futuro. «Los políticos saben qué hacer. Esto ya no es una cuestión de precios, sobra naranja en Europa», avisa. El mal futuro de los cítricos arrastra una serie de problemas. «No sólo el drama está en el campo, la agricultura mueve mucha industria: transporte, el que hace las cajas, fitosanitarios, cooperativas, el que fabrica las gomas para el riego...».

A los acuerdos agrícolas de la Unión Europea con países terceros, uno de los grandes focos de la ruina, se unen aquellas plantaciones gigantescas «en manos de gente que les da igual ganar que perder, que invierten a saber para qué. Plantan tres mil hectáreas, son muchos kilos y fastidian a los que viven de esto», apunta Marcial, agricultor de La Ribera.

Además, es año de mala suerte: mucha producción y si en Europa no hace frío, la gente no come naranja. «Los agricultores no saben dónde meter su producto», lamenta, al tiempo que apunta a que el veto ruso ha hecho polvo a España: «Entra a competir en Europa naranja de otros países que no pueden llevarla a Rusia». Y como insinuación, acusa a la naranja de Marruecos «de la que nadie habla». Para Marcial el camino está en aumentar los controles y en implantar un canon: «¿Somos los valencianos moneda de cambio de otros sectores como la pesca?» Pide respuestas.

millones de toneladas de cítricos es la producción de esta campaña en la Comunitat, según los datos oficiales dados por la Generalitat, un incremento de más del 28% respecto a la campaña anterior.