«Si nadie hace caso al transporte habrá que dejar de trabajar para ser tomados en serio»

Carlos Prades, presidente de la patronal del transporte FVET, en representación de los transportistas de contenedores. / jesús signes
Carlos Prades, presidente de la patronal del transporte FVET, en representación de los transportistas de contenedores. / jesús signes

El dirigente reclama voluntad política para resolver los problemas de un sector con costes al alza y tarifas inferiores a las de hace una década Carlos Prades Presidente de la Federación Valenciana de Empresarios del Transporte (FVET)

INÉS HERREROVALENCIA.

Carlos Prades (Valencia, 1966) hace balance de su primer año al frente de la patronal del transporte FVET, como un período «muy crítico y de mucha tensión» por la subida del combustible y la escasa implicación de los gobernantes para resolver problemas que llevan más de dos décadas encima de la mesa.

-¿Qué situación atraviesa el transporte, ha dejado atrás la crisis?

-El golpe fuerte de la crisis lo hemos pasado y se recuperan tráficos, pero el marco tarifario es inferior al de hace diez años y ningún otro concepto está por debajo, el precio del combustible ha subido mucho, los convenios empiezan a repuntar tímidamente... nada que afecte a los costes va a la baja, sólo los precios.

-¿Desaparecen muchas empresas o se crean grupos más grandes?

-Está produciéndose una desaparición, de más débil a menos. Donde más se nota es en los conductores autónomos y empresas de hasta tres vehículos. Uno de los grandes problemas es que no hay un sistema de agrupación de empresas, y las más grandes han crecido en detrimento de autónomos o pequeñas empresas. Además, en los cargadores, las plataformas cada vez son más grandes, en el puerto cada vez hay menos navieras y eso da opción a menos proveedores de servicios.

-¿Cómo afrontan el futuro, les preocupa ese nulo interés por el sector que detectaron en los programas de los partidos políticos?

-El principal problema es la falta de unidad. Problemas estructurales como la situación de precios y costes o la incapacidad de negociar con los cargadores hacen pensar que hace falta una posición de fuerza para demostrar la capacidad estratégica del sector pero no somos capaces.

-¿Esa fuerza se demuestra con paros, está pensando en huelgas?

-En el ADN del empresario no están los paros, las huelgas ni dejar la actividad, pero si nadie nos hace caso habrá que dejar de trabajar para ser tomados en serio y que se den cuenta de la capacidad de paralizar ciertas cosas. Dada la situación, hacerlo mañana por la mañana sería tarde pero somos muy de quejarnos en el bar y llegado el momento clave anteponer temas puntuales a cuestiones que nos afectan a todos. Cualquier fleco nos vale para desmontar una unidad que es necesaria para que nos tomen en serio.

-¿Cuál es su valoración del nuevo Consell y qué deberes le pondría?

-Desde una visión empresarial, la división de las consellerias por colores me parece muy poco eficaz. Aunque tengas necesidades de pactos, en el día a día hay que seguir un formato de negocio y en la política, que padecemos en vez de que ayude, si encima le metes colores a las consellerias todo se complica y no se sabe con quién hay que hablar. En transporte poco se les puede pedir más allá de reforzar sus servicios y agilizar infraestructuras.

-Hablando de infraestructuras y de su ámbito de actividad, ¿qué opina del acceso norte al puerto, cuestionado por el alcalde Ribó?

-El modelo de túnel subterráneo puede que sea el óptimo porque hay que atravesar zonas de playa y una parte del núcleo urbano, es un proyecto muy viable. No entiendo a los políticos, hay cosas como el Puerto de Valencia que no deberían tener color porque es imprescindible para la economía. La nueva terminal va a duplicar la capacidad y resulta que los mismos políticos que promovieron la ampliación norte, hoy critican que se haga un acceso, ¿alguien dudaba que se necesitaría? Ya no por el sobrecoste de circular por todo el by-pass desde el norte para acceder al puerto y la congestión de la V-23, sino por el problema que supone un puerto como el de Valencia con una única puerta. Es fundamental, llega a tal volumen de actividad que hemos inventado las colas para adentro, la salida no da abasto.

-¿Cómo viven la formación de Gobierno, con temas pendientes como la pérdida de la honorabilidad en el nuevo reglamento (ROTT)?

-Llevamos seis años sin el reglamento que desarrolla la ley principal del sector y cuando sale, sale sin consensuarlo con el sector y con temas como esa pérdida de honorabilidad por la acción de terceros, por ejemplo, si conductores se confabulan para que sancionen a la empresa por los tiempos de descanso. Eso no puede ser, se echa en falta diálogo y voluntad para resolver temas que llevan encima de la mesa veinte años. Con lo que supone el transporte, no tiene ni ministerio propio.

-También criticó el desvío obligatorio de camiones a autopistas...

-No pueden desviar obligatoriamente y sin ningún incentivo, además sin tener motivos reales porque el sector ha mejorado inmensamente en materia de siniestralidad. Si son obligatorios, tienen que ser gratuitos, y si no son gratis habrá que incentivar la utilización de autopistas de peaje hasta que estén liberalizadas. En 2015 se hizo un proyecto piloto y, en cinco meses, se desviaron 220.000 vehículos en la AP-7.

-¿Es el transporte por carretera un sector de futuro, en un contexto de demonización del diésel?

-Tiene futuro, es estratégico, el último kilómetro siempre lo hará un camión. Es necesario que respalden la reconversión a modos de combustión más sostenibles, con inversiones altísimas que un sector en clara crisis no puede afrontar sin ayuda. No pido que nos den dinero, hay vías fiscales para poder hacerlo.