Ribó entorpece la construcción de la nueva terminal de cruceros en su pulso con el Puerto de Valencia

Antiguas naves de Unión Naval que acogerán la futura estación marítima. /LP
Antiguas naves de Unión Naval que acogerán la futura estación marítima. / LP

La entidad no puede avanzar en el proyecto si el Ayuntamiento no define por dónde accederá el tráfico de vehículos y peatones

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

Las tensas relaciones del Ayuntamiento de Valencia con los proyectos impulsados desde el Puerto no se limitan a su resistencia a la ampliación norte o el túnel submarino desde Alboraya. Incluso en asuntos en los que hay acuerdo y no se ha alegado motivos técnicos contra su puesta en marcha también están saltando chispas.

Ese el caso de la futura terminal para cruceros, el edificio que ha de servir a los pasajeros de este tipo de buques para tramitar su embarque y esperar el momento de subir a bordo o coger la lanzadera que les lleve a su buque. A pesar de que el consistorio aceptó en mayo de 2018 que el lugar elegido para este centro fueran las naves de la antigua Unión Naval, y respaldara el rescate de la concesión que tenía sobre los terrenos Boluda Corporación Marítima en diciembre, todavía no se ha recibido en la Autoridad Portuaria de Valencia (APV) el informe que permita establecer dónde poner los accesos y trazar los viales para la entrada y salida de pasajeros, autobuses, taxis y vehículos particulares.

De hecho, ni siquiera se han celebrado las reuniones necesarias para que este documento pueda terminar en manos del equipo que está desarrollando el proyecto. Fuentes conocedoras de la situación explica de forma gráfica el alcance del problema: «No puedes ponerte a levantar una casa si no te dicen dónde puedes poner la puerta».

Una nueva puerta a Valencia

El resto de participantes en el diseño y construcción de la terminal ya han hecho su parte. Se sabe cómo va a ser la terminal, con la restauración de los edificios de principios del siglo XX de los antiguos astilleros, qué utilidades tendrán los espacios que la integren o el modo de separar a los cruceristas del resto de pasajeros de transporte convencional, entre otros aspectos.

La idea es que la infraestructura tenga carácter integral e incluirá ferris nacionales e internacionales, convirtiéndose en una auténtica nueva puerta de Valencia. Sin embargo, como ya ha ocurrido en otras iniciativas para el impulso del Puerto, desde la ZAL hasta la ampliación norte o el túnel de acceso, la actitud inicial del Joan Ribó y su partido, Compromís, ha sido de reserva, cuando no de abierta oposición.

Mireia Mollà insiste en que se revise el efecto de la ampliación

La consellera de Agricultura, Mireia Mollà, instó ayer a la ministra de Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera, a que revise y realice una nueva declaración de impacto ambiental sobre la ampliación del Puerto de Valencia. A pesar de que Puertos del Estado, dependiente del Ministerio de Fomento, avaló el lunes la vigencia del certificado que se elaboró en 2007, Mollà reivindicó que «en más de doce años han cambiado mucho las circunstancias, y también en Valencia».

Por su parte, el alcalde de la ciudad, Joan Ribó, sacó a colación su desacuerdo sobre el acceso norte a la instalación con un nuevo túnel submarino y su rechazo a que por él circulen camiones. «Pensamos en el tren, porque es el vehículo de futuro, porque es el que se está implantando en Europa, y pensamos que esto lo tenemos que vincular al corredor mediterráneo». En su opinión, hay que pensar en los límites de contaminación, en referencia a las denuncias de Bruselas contra Madrid y Barcelona. «No es una confrontación, tenemos que sentarnos y hablar», añadió.

La terminal de cruceros no ha sido una excepción y, aunque hace 15 meses dio su brazo a torcer, no evitado deslizar cada cierto tiempo la pervivencia de sus reservas por el efecto que puede llegar a tener en la ciudad. De hecho, su actitud cuando la aprobación ya seguía prácticamente el mismo tono de su actual demanda de una nueva Declaración de Impacto Ambiental para la ampliación norte.

Resistencia al proyecto

«Nosotros no es que nos opongamos», sino que «queremos estudiar qué consecuencias y si hay algún elemento (negativo), cómo discutirlo, cómo poderlo paliar... Ese es el objetivo», aseguró en su momento. Entre las cuestiones que destacó para tomar postura contra la nueva infraestructura estuvo la proximidad al barrio de Nazaret, «porque tener los cruceros ahí o a un kilómetro no es lo mismo», señaló.

Sin embargo, cuando el grupo municipal de Podemos en el consistorio planteó a principios de año una moción contra la ampliación, la terminal de cruceros y la ZAL, Compromís y PSPV frenaron que llegara al pleno antes de elecciones.