Fallan los motores del empleo

Unas trabajadoras en una fábrica de refrigerados. / LP
Unas trabajadoras en una fábrica de refrigerados. / LP

Los dos principales sectores productivos valencianos han destruido 42.000 puestos desde el verano de 2017 | La caída en la industria y los servicios hunde el trabajo privado en la Comunitat

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

El empleo en los dos principales sectores productos de la Comunitat Valenciana no levanta cabeza. Los servicios, que incluyen una pieza clave de la economía valenciana como el turismo, y la industria han perdido 41.900 puestos de trabajo desde el verano de 2017. El primero registra el mayor porcentaje en este periodo con un descenso del 7,14% y 17.700 asalariados menos y el segundo, un porcentaje menor, un 1,8% a la baja, con un mayor volumen de gente: 24.200.

El director de Economía y Análisis de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), Ricardo Miralles, achaca la culpa del retroceso industrial al contexto mundial. «Uno de los pocos inconvenientes que tienen la apertura de una economía hacia el exterior, así como el hecho de presentar cierta especialización en sectores manufactureros, es que existe una mayor dependencia de la coyuntura internacional», apunta

Gran parte de la caída en la actividad manufacturera en la Comunitat Valenciana tiene que ver, precisamente, con los acontecimientos que se están sucediendo en la industria de la automoción en el mundo, así como con la ralentización de la actividad internacional, los efectos del neoproteccionismo y el 'brexit', indica Miralles.

Por su parte, el catedrático de Fundamentos del Análisis Económico e investigador del Instituto Valenciano de Inversiones Económicas (IVIE), Lorenzo Serrano, reconoce que se está produciendo «una cierta desaceleración», pero resulta significativo que se esté produciendo cuando todavía no se han recuperado los niveles de empleo anteriores al estallido de la crisis.

Aunque comparte análisis sobre el efecto de las medidas proteccionistas respecto a la industria y la contención del gasto por parte de los turistas, también aprecia una situación que afecta al fondo de industrias claves para el Producto Interior Bruto valenciano. Ese es el caso de la cerámica y de la automoción, especialmente. «Las empresas relacionadas con la automoción están sufriendo la incertidumbre internacional, pero también una específica respecto a qué tipo de restricciones pueden encontrarse los vehículos en el futuro (gasolina y diésel) o qué modelo de coche va a triunfar (eléctrico, híbrido enchufable o no enchufable)». Serrano destaca cómo esto demora la decisión de compra por parte del consumidor, pero también contiene la inversión por parte de las empresas, que no se quieren arriesgar en crecer en una dirección equivocada. «Muchas han decidido que es el momento de esperar y ver cómo evoluciona el entorno», destaca.

Además, ni la agricultura ni la construcción son actualmente actividades que puedan compensar la evolución. El campo es el que menos asalariados tiene, llegando a significar a penas un 5% de lo que generan los servicios. El propio repunte de la construcción le ha llevado a situarse en 102.600 puestos de trabajo, una cantidad que no llega ni a la mitad de lo que fue en 2008, cuando daba trabajo a 256.000 personas en la Comunitat.

Sin embargo, desde la CEV, Ricardo Miralles ve motivos para la esperanza. «La buena noticia es que el descenso del empleo, en consonancia con la actividad manufacturera, se está ralentizando desde el pico del tercer trimestre de 2018, según la EPA. Aunque mejor noticia es la que nos aporta el Índice de Producción Industrial (IPI). El índice manufacturero muestra una tendencia muy favorable en los cuatro primeros meses del año (el último disponibles), que incluso son más dinámicos que la media nacional».