Las empresas valencianas no crean empleo

Los puestos de trabajo caen en el sector privado mientras se disparan en el público | La Administración genera 43.600 puestos en 21 meses, mientras las firmas privadas pierden 4.200 trabajadores

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

La recuperación del empleo en la Comunitat Valenciana refleja una imagen distorsionada de la realidad económica. El número de trabajadores públicos se ha disparado desde julio de 2017 un 17,09%, con 43.600 contrataciones, frente al descenso del 0,2% del privado, con 4.200 puestos de trabajo menos, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Aunque los empleados públicos son el 18% de los valencianos que trabajan, lo cierto es que desde julio de 2017 hasta marzo de 2019, en la Comunitat la ocupación ha aumentado por ellos en 39.400 personas, lo que se traduce en un alza del 1,95%.

La causa de esta situación es la combinación de dos factores: los poderes públicos intentan recuperar la fuerza laboral que no pudieron renovar con la crisis y la economía privada siente ya los efectos de la desaceleración que se ha venido encima. «El aumento del empleo público es una reacción lógica tras el periodo de crisis», señala Lorenzo Serrano, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico e investigador del Instituto Valenciano de Inversiones Económicas (IVIE).

«Al relajarse las restricciones, se empiezan a cubrir las necesidades que se tuvieron que posponer en los peores años, como sustituir a personal que se jubilaba o la recuperación de servicios que tuvieron que recortarse», apunta el experto. Sin embargo, en la parte privada, a partir del segundo trimestre de 2018 «estamos entrando en un periodo de desaceleración», añade el director de Economía y Análisis de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), Ricardo Miralles.

Fuentes empresariales añaden que ya en el periodo de bonanza abierto en 2012 la Administración ha demostrado ser intensiva en mano de obra en lugar de desarrollar otras herramientas que le permitiera ganar en eficiencia y no tener que aumentar proporcionalmente su número de efectivos. De hecho, se pone como ejemplo el aumento de personal del Ayuntamiento de Valencia, que no ha ido acompañado de una mayor celeridad en los trámites de licencias de todo tipo, con el consiguiente perjuicio para la actividad económica.

La economía española sigue creciendo pero a un paso más moderado y el entorno tampoco es el más favorable para mantener el ritmo del pasado. La situación internacional viene caracterizada por la incertidumbre desde hace más de un año y la prudencia se impone, teniendo como efecto la contención de las contrataciones y la optimización de recursos, que se suele traducir en la reducción de plantilla.

La guerra comercial entre China y EE UU, el 'Brexit' o los problemas de la economía alemana afectan a los exportadores, pero también a sus proveedores y al resto del tejido productivo. Aunque todavía se registran subidas del empleo desde una perspectiva interanual, «no vamos a poder mantener los niveles del pasado, el empleo público dejará de crecer por cumplirse la reposición y, si se van a dar contrataciones, serán dentro de los parámetros convencionales», señala Serrano.

Reequilibrar la balanza

En todo caso, desde la CEV tampoco se quiere caer en el alarmismo, porque está creciendo el PIB más de un 2% (la línea clásica a partir de la cual se crea empleo en España), aunque no se genera en cualquier campo. «Las empresas que han quedado tras la crisis son más potentes, productivas y eficientes, mientras que el sector público no ha seguido la misma transformación», advierte Miralles.

En ese sentido, la patronal cerámica Ascer ya lamentaba a principios de semana que no encontraba determinados perfiles profesionales, lo mismo que los constructores, con serios problemas para encontrar personal cualificado que les permita mantener el paso de la recuperación de su actividad.

Sobre el futuro del crecimiento del sector público, Miralles advierte de que no se debe perder la perspectiva a largo plazo. En ese sentido apunta que, antes de la crisis, el empleo público era un 11% del total y el resto, privado. Con la crisis, esta situación cambió hasta casi duplicarse el personal en nómina de las administraciones frente la que estaba en la economía privada, mucho más afectada por ajustes laborales. Lo normal ahora sería reequilibrarse.

La paradoja de la demanda insatisfecha

La transformación llevada a cabo en muchas empresas por la crisis o la reconversión de los trabajadores cuyo sector prácticamente desapareció en 2007, como fue el caso de la construcción, hace que determinados sectores pujantes tengan limitada su capacidad de crecimiento porque les faltan manos. Desde la Federación Valenciana de la Construcción (FEVEC) se apunta que sólo en Valencia provincia se han iniciado 1.500 viviendas y hay otras 1.000 pendientes de licitar. A día de hoy es complicado cubrir todas las vacantes para encofradores, alicatadores y albañiles experimentados, lo que está llevando a un aumento de las retribuciones, demoras y el encarecimiento del producto final.

Distinto es el caso de las empresas que necesitan profesionales capaces de asumir la transformación digital. No se trata tanto de personal de oficina, sino puestos intermedios a los que hoy se les exige unas competencias tecnológicas que no se planteaban antes de la crisis y están dificultando la reincorporación a empleos similares a los que tenía buena parte del personal del sector servicios y en el industrial. Las patronales demandan fondos públicos que permitan resolver este escenario, reorientando la formación ocupacional valenciana.