El expresidente de BBVA afirma que el Gobierno y el Banco de España presionaron para la salida a Bolsa de Bankia

Francisco González, antes de prestar testimonio en el juicio de Bankia. / EP

«Estaba claro que no valía nada», afirma Francisco González, especialmente crítico con el supervisor porque «no quiso afrontar el problema» aunque no aprecia «engaño ni dolo»

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

«Fuimos implacables». Estas dos palabras, repetidas este miércoles varias veces por el expresidente de BBVA, Francisco González, bien podrían definir su esperada declaración como testigo en el juicio por la polémica salida a Bolsa de Bankia, en la que repartió culpas a diestro y siniestro ante «una mala decisión que hizo mucho daño a nuestro país». Quiso matizar, no obstante, en aparente deferencia hacia los acusados que «no fue culpa sólo de los gestores, sino también de las instituciones y otras entidades».

Así, el exbanquero se unió a la tesis defendida hasta ahora por Rodrigo Rato y la antigua cúpula de Bankia respecto a que su alumbramiento y posterior estreno en el mercado fue impulsado «directamente» por el supervisor bancario y el propio Ejecutivo. «Hubo presiones de todo tipo: políticas, de instituciones y de nuestros competidores». Incluso, añadió, «hubo llamadas de todas las instituciones públicas y privadas, en este caso dirigidas a lograr que BBVA participara en la salida a bolsa». «Era una operación muy propiciada por el poder político», insistió González, quien llegó a afirmar incluso que «la OPS (oferta pública de suscripción) estaba impulsada por el Gobierno».

Del gabinete presidido por José Luis Rodríguez Zapatero también recibió llamadas, asintió a preguntas de las acusaciones, aunque dijo que él no llegó a hablar con la entonces vicepresidenta económica, Elena Salgado. Tampoco lo hizo con el exsubgobernador del Banco de España, Javier Aríztegui, quien dialogó directamente con el consejero delegado de BBVA, Ángel Cano, además de existir otras conversaciones de responsables del supervisor con «gente nuestra muy importante» donde «se insistió mucho» en que comprásemos una participación de Bankia.

«La salida a Bolsa fue una mala decisión -afirmó- y no sólo de los administradores sino de un conjunto de instituciones, incluido el poder político, que con presiones se volcaron a hacer algo que no se debió haber hecho. Pensaban que si fracasaba la operación, España iba a colapsar y eso fue un gran error porque se hizo justamente lo contrario de lo que había que hacer». «Se obcecaron en hacer algo que no era creíble», se quejó, y añadió que en aquella época ya trasladó su «preocupación» a las autoridades nacionales.

Los servicios internos de BBVA revisaron entonces la valoración de las acciones de Bankia, relató González, y buscaron «un hecho objetivo». «Vimos que las órdenes de compra de inversores internacionales eran cero y entonces fuimos implacables; repito, implacables». «No podíamos -añadió- entrar» en una operación donde agentes «independientes» y que actúan «de forma objetiva» no están, «algo inédito», destacó. Y dado que los bancos colocadores de la OPS eran también extranjeros y «muy importantes», para él «estaba claro que eso (la salida a Bolsa) no valía nada» y «podía ser un desastre».

«Cajas malas y peores»

Por eso, el expresidente de BBVA dijo que se negaron a participar -fue de los pocos inversores institucionales españoles que no compró títulos- pese a que su posición era «muy delicada», porque «iba en contra de los intereses de grupos políticos, económicos e institucionales muy relevantes». «Pensábamos que podíamos parar esa salida a Bolsa si no participábamos, pero desgraciadamente no nos hicieron caso», se lamentó. Según él, los problemas venían de inicio, de la fusión 'fría' que creó Bankia a finales de 2010. «Se sumaron cajas buenas y malas para obtener cajas peores», señaló en tono muy critico, sobre todo con Bancaja porque puso al banco «en una situación súper complicada».

Una vez vez conformada Bankia, González explicó que «daba la sensación de que sus números estaban bastante alejados de la realidad. Eran muy altos comparados con otras entidades como Santander y BBVA». Se pensaba entonces, apuntó, que «sus beneficios eran poco creíbles, por decir algo». Por eso fue especialmente severo con el Banco de España, porque «no quiso afrontar el problema» y no participó en las reuniones para hablar de las necesidades de capital del banco, que para ellos estaban en una franja de 15.000 a 20.000 millones de euros frente a los 7.000 millones que proponía el equipo de Rato en su plan. «No es normal que no estuvieran», criticó de nuevo al supervisor, del que dijo que «su posición era ganar tiempo para que no entrara capital público».

Pero él si lo veía claro pese a las «dudas» de otros banqueros que participaron en las reuniones, como los entonces presidentes de La Caixa y Santander, Isidro Fainé y Emilio Botín, respectivamente. González reconoció que le dijo a Rato que «lo mejor era que dimitiera porque no iba a poder conseguir ese dinero» pese a ser «una personalidad super relevante y con prestigio», pues si iba a haber un rescate del Estado «lo mejor» era que se abriera una etapa nueva. No obstante, no cree que todo este proceso haya sido delictivo. «Yo no puedo decir que haya habido engaño porque creo que no hubo dolo, sino un conjunto de circunstancias y errores propiciadas, sobre todo, por el poder político», concluyó.